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SUGAR MOMMY

SUGAR MOMMY

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Las clases del primer día terminaron por la tarde.

Alejandro salió del edificio de la Facultad de Derecho con una mezcla de cansancio y emoción.

Había sido un día lleno de nuevas experiencias.

Mientras guardaba unos apuntes en su mochila, escuchó una voz conocida.

—¡Alejandro!

Al voltear, vio a Adán caminando hacia él.

—¿Listo para irnos?

—Sí.

Los dos salieron juntos del campus.

En la entrada principal ya los esperaba el mismo automóvil de lujo de aquella mañana.

El conductor les abrió la puerta.

Al subir, Andrea les sonrió desde el asiento trasero.

—¿Cómo les fue en su primer día?

Adán respondió enseguida.

—Muy bien. Alejandro entendió todo muy rápido.

Alejandro sonrió con modestia.

—Apenas fue el primer día.

—Y ya respondiste varias preguntas que nadie más contestó —dijo Adán con una sonrisa.

Andrea observó a Alejandro con orgullo.

—Sabía que lo harías bien.

Durante el camino de regreso a la Mansión, los tres conversaron sobre la universidad.

Al llegar, Andrea pidió al conductor que esperara unos minutos.

—Alejandro, ¿podrías pasar un momento a mi despacho?

Él asintió.

—Claro.

Adán sonrió.

—Yo estaré en mi habitación.

Andrea y Alejandro entraron al amplio despacho.

Ella tomó asiento detrás de su escritorio e hizo un gesto para que él también se sentara.

Alejandro lo hizo con cierta curiosidad.

—¿Ocurre algo?

Andrea entrelazó las manos.

—Quiero hablar contigo sobre tu trabajo.

Alejandro asintió.

—¿El de repartidor?

—Sí.

—¿Hice algo mal?

Andrea negó de inmediato.

—Al contrario.

Solo me preocupa que estés estudiando una carrera muy exigente y, además, sigas trabajando tantas horas en la calle.

Alejandro sonrió con tranquilidad.

—Estoy acostumbrado.

—Lo sé.

Pero no quiero que ese esfuerzo termine afectando tu salud o tus estudios.

Él permaneció en silencio.

Andrea continuó.

—Por eso quiero hacerte una propuesta.

Alejandro la miró con atención.

—¿Qué propuesta?

Andrea sonrió.

—Necesito un asistente de medio tiempo en la empresa.

Alguien que me ayude a organizar documentos, preparar expedientes y realizar algunas tareas administrativas sencillas.

Alejandro abrió ligeramente los ojos.

—¿Está hablando en serio?

—Completamente.

El horario sería compatible con tus clases y el sueldo sería mayor que el que recibes como repartidor.

Además, trabajarías bajo techo y adquirirías experiencia que podría servirte cuando seas abogado.

Alejandro bajó la mirada.

Era una oferta increíble.

Pero también sentía dudas.

—Nunca he trabajado en una oficina.

Andrea respondió con calma.

—Nadie nace sabiendo.

Te enseñaremos poco a poco.

—¿Y si cometo errores?

Ella sonrió.

—Los errores también forman parte del aprendizaje.

Lo importante es que tengas ganas de aprender.

Alejandro respiró profundamente.

Pensó en las noches bajo la lluvia.

En los largos recorridos en motocicleta.

En el riesgo constante de sufrir un accidente.

También pensó en su abuela y en su hermanita.

Ese nuevo trabajo le permitiría pasar más tiempo con ellas.

Levantó la vista.

—Acepto.

Andrea sonrió con satisfacción.

—Me alegra escuchar eso.

Se puso de pie y le extendió la mano.

—Bienvenido al equipo.

Alejandro estrechó su mano con respeto.

—Haré mi mayor esfuerzo.

—No tengo dudas de eso.

En ese momento llamaron a la puerta.

Adán asomó la cabeza.

—¿Ya terminaron?

Andrea rio.

—Sí.

Adán miró a Alejandro.

—¿Qué pasó?

Alejandro sonrió.

—Tu mamá acaba de contratarme como su asistente de medio tiempo.

Los ojos de Adán brillaron.

—¿¡En serio!?

Sin pensarlo dos veces, le dio una palmada amistosa en el hombro.

—¡Eso significa que te veré más seguido!

Los tres rieron.

Mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los ventanales de la Mansión, Alejandro sintió que, poco a poco, la vida que siempre había soñado empezaba a construirse frente a él.

Y todo había comenzado gracias a una inesperada noche de tormenta.

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