NovelToon NovelToon
Annia

Annia

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Posesivo
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lanita17

Annia es una joven que pasó toda su vida atrapada entre el dolor, el abandono y el maltrato de la persona que debía protegerla: su propia madre.

Todo cambia poco antes de cumplir dieciocho años, cuando, al borde de la muerte, descubre una verdad capaz de transformar por completo su destino. No solo pertenece a una de las familias más poderosas e influyentes de Rusia, sino que también está destinada a formar parte de un mundo mucho más grande, oscuro y peligroso de lo que jamás imaginó.

Ahora deberá enfrentarse a secretos, traiciones y enemigos ocultos, mientras descubre quién es realmente y cuál es el precio de llevar el apellido que corre por sus venas.

NovelToon tiene autorización de Lanita17 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XXII

Olena

Lo preparé todo para esa noche. Era el día en que se llevaban a las “mejores chicas” para la fiesta que organizaban una vez al mes. Tenía que ser hoy cuando escaparíamos. Ese día no habría mucha vigilancia y, a lo sumo, una patrulla de cuatro hombres, quienes siempre terminaban bebiendo hasta perder la atención.

Llegó la hora y, como siempre, se llevaron a diez chicas. También apareció el cerdo que me había traído hasta allí. Siempre buscaba la manera de molestarme. Sabía que, de no ser porque estaba embarazada del jefe, aquel desgraciado ya me habría puesto las manos encima.

Bajé con sumo cuidado. Dos guardias custodiaban la habitación donde tenían a Sab, como se llamaba la chica americana. Tenía veintiún años, según me había contado. Los hombres me miraron con recelo, vieron las botellas de cerveza que llevaba y me las arrebataron. Sin pensarlo dos veces comenzaron a beber. Yo sabía que eso harían, por eso había mezclado un somnífero en las botellas. En pocos minutos estarían dormidos y podríamos escapar.

Entré a la habitación con la comida. Sab ya me esperaba. Durante los días anteriores le había llevado algo de ropa y unas zapatillas para que pudiera moverse mejor, porque con el vestido ajustado y los tacones de diez centímetros con los que había llegado, pasar desapercibida habría sido imposible.

Esperamos unos minutos. Luego me asomé por la puerta y comprobé que ambos guardias roncaban profundamente. Entré de nuevo, tomé a Sab del brazo y le susurré:

—Es hora. Vamos.

Ella asintió y salimos con cuidado. La guié por los pasillos. Teníamos que llegar a la habitación del jefe. Era el único lugar desde donde podíamos huir.

Lo sabía porque, durante mis “encuentros” con él, cuando creía que yo dormía, lo vi desaparecer dentro de uno de los armarios de la habitación. Después de largo rato regresaba por el mismo lugar. Una noche, cuando entró allí, decidí seguirlo a escondidas y descubrí que aquel armario tenía una pared falsa que conducía a un pasadizo secreto con salida al exterior.

¿Por qué no escapé antes? Porque no tenía adónde ir. Si lo intentaba sola, él me encontraría, me mataría o me devolvería a ese infierno.

Pero ahora, con Sab, tenía una oportunidad. Ella tenía familia. Ella tenía un destino. Y quizá yo también.

De pronto me detuvo. Yo estaba demasiado nerviosa, temiendo que nos descubrieran.

—Espera… ¿a dónde vamos? —susurró—. ¿Por qué nos internamos más en la casa en vez de buscar la salida?

No tenía tiempo para explicaciones, y con los nervios apenas podía pensar. Ella siguió reteniéndome y, en ese instante, escuché la voz de ese cerdo. Había regresado.

—Ve a buscar a la Barbie. El jefe quiere verla. Parece que su familia está en Rusia… al fin están dispuestos a negociar.

El terror me atravesó como un cuchillo. Entonces sentí una punzada brutal en el vientre.

No. No podía estar pasando eso ahora.

Contuve el grito como pude, jalé a Sabrina y la metí en una habitación vacía. Le indiqué que guardara silencio. Por suerte obedeció. Escuché al cerdo pasar dando órdenes y supe que debíamos salir cuanto antes. En cuanto bajaran al sótano y vieran a los guardias dormidos, descubrirían la fuga y darían la alarma.

Respiré hondo mientras el dolor se repetía, cada vez más fuerte, más cercano.

—Escúchame, Sab… tu familia está en Rusia. Han venido por ti.

Ella abrió los ojos de par en par.

—Necesito un teléfono. Debo enviarles mi ubicación. Nos encontrarán enseguida.

Metí la mano bajo mi vestido y saqué una pequeña bolsa atada a mi pierna. Dentro estaba el móvil que le había quitado a uno de los guardias mientras dormía. Pensé que podría servirnos y había llegado el momento de usarlo.

Se lo entregué. Lo tomó de inmediato y marcó. Alguien respondió del otro lado. Habló tan rápido en inglés que apenas entendí nada. El dolor me nublaba la mente. Una nueva contracción me atravesó y esta vez no pude contener el grito.

Ella me miró hacia abajo y sus ojos se agrandaron. Antes de cortar la llamada dijo con urgencia:

—Date prisa y encuéntranos.

Luego se volvió hacia mí.

—Dios… vas a dar a luz ahora mismo.

Negué con la cabeza. No quería que naciera allí. No había tiempo. No podíamos detenernos.

Pero mi cuerpo ya había decidido.

Sab encontró una manta, la extendió en el suelo y me ayudó a recostarme.

—Vamos, amiga. Es hora. No puedes detenerlo más. Si lo haces, ambos podrían morir.

El miedo me paralizó aún más.

—No sé cómo hacerlo… ¿qué debo hacer?

Ella me sonrió con serenidad inesperada.

—Yo te ayudaré. Soy residente de Medicina. Confía en mí.

Otra contracción llegó.

—Cuando venga el dolor, puja.

Lo hice. Gemí, lloré, empujé con todas mis fuerzas.

—Muy bien… una vez más… ya casi está… vamos… la última.

Reuní todo lo que me quedaba y pujé con desesperación. Entonces la escuché exclamar:

—¡Es un niño! ¡Es un niño!

Se quitó la sudadera y envolvió en ella a mi pequeño. Luego me lo acercó.

Era hermoso. Perfecto. Tenía los ojos azules de su padre. Me observaba en silencio, sin llorar, sin hacer ruido… como si comprendiera que cualquier sonido podía condenarnos.

Besé su frente temblando.

Aquel instante sagrado se rompió con voces y pasos en el pasillo.

—¡Busquen por todos lados! ¡No pueden haber ido lejos! ¡La puerta principal está custodiada!

—¡Revisen todas las habitaciones! ¡Si no la encontramos, el jefe nos cortará la cabeza!

No había tiempo.

Saqué de mi bolsa una pequeña cadena de oro con una N grabada. Había pertenecido a mi madre, Nadheza. Era lo único que conservaba de ella. La coloqué junto al bebé y se los entregué a Sab.

Ella me miró horrorizada.

—No…

—Tienes que irte. Llévatelo contigo.

Negó con la cabeza, pero la interrumpí.

—Las dos no saldremos de aquí. Yo me quedaré para ganar tiempo. Prométeme que lo cuidarás. Prométeme que jamás dejarás que su padre lo encuentre. Dale la vida que yo nunca podré darle. Por favor.

Las lágrimas rodaron por sus mejillas.

—Lo juro. Lo cuidaré como si fuera mío.

Le expliqué cómo llegar a la habitación del jefe, qué armario abrir y cómo atravesar el túnel secreto.

Antes de irse, me hizo una sola pregunta:

—¿Cómo se llamará?

Apreté los labios y miré a mi hijo por última vez.

—Nicolay.

Luego me obligué a soltarlo.

Salí de la habitación mientras toda la casa era un caos. Hombres corrían de un lado a otro. Las chicas gritaban al ser arrastradas fuera de sus cuartos. Todos buscaban a Sab, así que logré llegar hasta la cocina sin llamar la atención.

Abrí las llaves del gas.

Solo debía esperar un poco… el tiempo suficiente para que Sab y mi hijo llegaran al túnel. Después haría volar aquel lugar maldito.

—Así que aquí estás, putita.

La voz del cerdo resonó desde la puerta.

—A ti te estaba buscando. ¿Dónde te habías metido?

Balbuceé algo sin sentido. Él entonces vio la sangre en mi vestido. Bajó la mirada, levantó la tela y descubrió que mi vientre ya estaba vacío.

Su rostro palideció.

—¿Dónde está el niño?

Me zafé de su agarre y fingí desesperación.

—El parto se adelantó… nació muerto… nadie me ayudó.

El hombre empezó a temblar.

—¡Eso no puede ser verdad! ¡No puede haberle pasado nada al hijo del jefe!

Se jaló el cabello, maldiciendo entre sollozos.

—¡Mierda! ¡El jefe me matará!

Luego me agarró con violencia.

—¿Dónde está el cuerpo?

Pensé rápido.

—Lo puse en una de las bolsas de ropa sucia… la que iban a tirar.

Llamó a uno de sus hombres para que siguiera buscando a Sab y me arrastró hacia afuera para revisar la basura.

Apenas puse un pie fuera de la puerta, una explosión sacudió la noche. El fuego devoró la casa entera. El impacto me lanzó varios metros.

Caí entre piedras y tierra, herida, aturdida… pero viva.

El cerdo no tuvo la misma suerte. Su cuerpo quedó destrozado contra unas rocas.

Me puse en pie como pude, sangrando de la pierna. Cojeando avancé hacia la salida del túnel. Pero al llegar vi solo escombros. Todo había colapsado.

El aire me abandonó.

No… no podían haber muerto.

Entonces vi marcas frescas de neumáticos en la tierra.

Un auto.

Tal vez habían escapado. Tal vez mi hijo seguía vivo.

No tuve tiempo de pensar más. A lo lejos se escuchaban sirenas. La explosión había alertado a todos.

Caminé hasta la carretera perdiendo sangre, cada paso más débil que el anterior. Finalmente caí al suelo. Lo último que vi fueron unas luces acercándose antes de perder el conocimiento.

Cuando desperté estaba en una habitación limpia. Me habían cambiado la ropa y curado las heridas.

Un hombre esperaba junto a la puerta.

—Al fin despertaste.

Sus ojos azules me helaron la sangre por un instante. Se parecía a él… pero no era él. Era más joven. Más sereno.

Me explicó que me había encontrado inconsciente en la carretera y me llevó a su casa para salvarme. Luego preguntó:

—¿Qué te ocurrió? ¿Y qué pasó con el bebé que acababas de tener?

Lo miré alarmada.

—¿Cómo sabes que tuve un bebé?

—Un médico te revisó. Lo supo enseguida.

Guardé silencio.

Él suspiró.

—Quiero ayudarte, pero si no me dices la verdad tendré que entregarte a la policía.

Levanté la mirada suplicante.

—No… por favor. Él me encontrará.

—¿Quién?

—Si te lo digo, también irá por ti. Es muy poderoso.

El hombre sonrió apenas.

—¿Conoces el apellido Volkov?

Lo miré impactada. Claro que lo conocía. Los Volkov eran una de las familias más poderosas de Rusia, tanto en las altas esferas como en los barrios bajos donde yo había crecido.

Asentí.

—Entonces sabrás que nadie se mete con nosotros… y menos con Mijhail Volkov.

Mi respiración se detuvo.

Aquel hombre joven frente a mí era la cabeza de los Volkov. El mismísimo Mijhail Volkov.

Se acercó hasta quedar a centímetros de mi rostro.

—Ahora dime, pequeña… ¿qué te sucedió?

Me temblaron las manos. Me avergonzaba contar mi historia, pero entendí que no tenía alternativa.

Le conté todo. Sin omitir nada.

Vi cómo apretaba los puños y la mandíbula con furia contenida.

—Te ayudaré a encontrarlos. Y si esa mujer y tu hijo siguen vivos… los hallaremos.

Me ofreció quedarme en su casa el tiempo que necesitara.

Y así fue. Permanecí con los Volkov durante veinte años. Mijhail los buscó, pero con los pocos datos que le di nunca fue suficiente.

Jamás encontraron a ninguna americana llamada Sab que hubiera estudiado Medicina… ni a una mujer viajando con un bebé.

Con el paso de los años, mis esperanzas se fueron apagando.

Quizá era lo mejor.

Porque si yo no podía encontrarlos… tampoco lo haría su padre.

Y lo mantendría alejado de este mundo que era parte de mi vida.

1
Sakura La Bruja
Hayyyy es el hijo de Oleana 🥰🥰🥰🥰 solo que Sab no le puso el nombre que ella le dijo sino otro ☺️
Lanita 1706
muy bueno
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Creo que Nolan es Andrey 👀
Lanita 1706: Hola Muchas gracias por leer mi Novela.
te comento que Spencer es el apellido de la Madre de Nolan🥰
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Tontito, es su hermano 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Es tan lindo 🥰
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦 Aplausos para esta chica!!!
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play