Callahan era el médico frío, el dios del sexo que no sentía amor... hasta que su cuerpo dejó de funcionar de repente. Una noche al llegar a casa escuchó una voz en la televisión que fue capaz de despertarlo. Esa voz era de un ¡HOMBRE!...
Sabastian es un actor famoso, joven e ingenuo. Espera encontrar el amor a primera vista.
El destino los reunió en el hospital.
Callahan al escuchar que alguien gritaba de dolor, volvió a reaccionar. Sebastián al verlo se enamoro a primera vista y lo persiguió.
Callahan juró que solo sería sexo, una cura, un experimento. Pero Sebastián llegó con la intención de conquistarlo y lo logró. Pasó de ser el dominante... al perrito faldero que suplica atención, que se pone celoso y que quiere gritarle al mundo entero que es suyo. De rompecorazones a esclavo de un solo hombre.
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Cp. 4-Accidente en el set de filmacion.
Sebastián tiene 22 años, es la estrella más importante de la empresa de entretenimiento de su tío, Steven Hunter.
El nombre de la empresa es: Representación del Sol y las Estrellas. (RSE)
Esa tarde, Sebastián estaba en otra ciudad y ensayaba una acrobacia complicada para el próximo show, cuando perdió el equilibrio y cayó pesadamente sobre su mano derecha. Se escuchó un golpe seco y un grito de dolor.
—¡¡Ahhh!! —gritó, arrodillándose en el suelo y apretándose la muñeca.
Su manager, Javier que estaba observando, corrió hacia él de inmediato. Javier esta casado con Steven su tío, por lo que era también su pariente.
—¡Sebastián! —se agachó a su lado, pálido—. ¡Dios mío, tu mano!.
—Me duele muchísimo, tío Javier… siento que se me rompió todo — Sebastián susurró mientras sollozaba, con lágrimas en los ojos. La mano estaba hinchada y la piel ya empezaba a salir moretones.
—No muevas nada, quédate quieto —ordenó Javier, con voz tensa pero firme. Sacó el teléfono y marcó con dedos nerviosos—. Vamos al hospital ya. Esto no es un golpe cualquiera.
Los del set de filmación le pusieron una almohadilla en la mano lastimada.
...★★★★★★★...
Llegada al hospital...
Llegaron a la sala de urgencias en menos de quince minutos. Javier ayudó a entrar a Sebastián, quien caminaba encorvado, sosteniendo su brazo adolorido contra el pecho como si fuera un cristal frágil. Al llegar a recepción, Javier habló con urgencia.
—Buenas tardes, soy Javier Bates. Traigo a mi sobrino, Sebastián Hunter, tuvo un grave accidente en su mano. Necesita ver a un ortopedista ya.
La recepcionista miró la mano y luego a Sebastián y sus ojos se abrieron de par en par.
—Enseguida, por favor siéntense. Le avisaré al doctor inmediatamente.
Mientras esperaban sentados en la sala, el dolor de Sebastián iba en aumento.
—Javier… —murmuró Sebastián con voz quebrada—. ¿Crees que… que me dañe la mano? ¿Y el trabajo? El espectáculo es en un mes…
Javier le puso una mano en el hombro, con expresión seria y preocupada.
—Escúchame bien, Sebas. Lo que importa ahora es tu mano, no el show. Tu tío Steven me mataría si te pasa algo grave bajo mi cuidado —suspiró con pesadez—. Él confió en mí para cuidarte, y fallé al dejar que hicieras esa maniobra tan peligrosa.
—No fue tu culpa… yo quise intentarlo —respondió Sebastián.
—Eso no importa. Eres mi sobrino y eres la cara de la empresa. Si tu mano se rompe, perdemos mucho más que un espectáculo.
Pasaron diez minutos interminables hasta que apareció el doctor, un hombre de mediana edad con una carpeta en la mano.
—Señor, soy el doctor Antonio Mendoza —se presentó, acercándose con cuidado a la mano herida—. Cuénteme, ¿cómo ocurrió todo?
—Estaba haciendo una acrobacia… caí de pie, pero todo el peso fue a parar aquí —explicó Sebastián, con la voz entrecortada por el dolor.
El doctor tocó suavemente alrededor de la zona afectada y Sebastián dio un respingo, mordiéndose el labio para no gritar de nuevo.
—Entiendo… —el médico frunció el ceño y miró a Javier — Los huesos de la muñeca están desplazados y no hay fracturas. Por el aspecto, estuvo a punto de romperse.
—¿A punto de romperse? ¿Significa que… podrá volver a usarla normalmente?.
—Eso depende de cómo se cuide —respondió el doctor con seriedad—. Si hubiera caído con un poco más de fuerza, la mano se habría fracturado en pedazos y habría perdido movilidad para siempre, tiene suerte de que no haya sido peor.
Sebastián cerró los ojos, sintiendo alivio y miedo al mismo tiempo. Javier se pasó una mano por el cabello, visiblemente afectado.
—Gracias, doctor. Haga todo lo necesario. La empresa cubrirá todos los gastos, no escatime en nada. Es nuestra prioridad absoluta.
—Por supuesto. Preparen una habitación para el paciente, enseguida le daremos tratamiento —ordenó el doctor a las enfermeras.
Mientras llevaban a Sebastián hacia una habitación, Javier sacó su teléfono otra vez. Tenía que llamar a Steven. Sabía que no le iba a gustar nada la noticia, pero tenía que decirle que su estrella, su sobrino, había estado a punto de perder la capacidad de trabajar, y quizás mucho más, camino hacia la caja de pago mientras lo llamaba.
Cuando empezó la llamada, se escuchó un grito de dolor aterrado que retumbó en todo el pasillo del hospital. Javier sabía que Sebastián estaba gritando por miedo a las agujas.
Colgó el teléfono y fue a pagar las facturas médicas. Llamaría más tarde a Steven, si escuchaba como Sebastián gritaba de seguro que era un hombre muerto.