Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capitulo:1 Dos Mundos Completamente Diferentes
El peso del Imperio (Alessia)
El rascacielos de Romano Technologies dominaba la vanguardia tecnológica de Porta Nuova. En el piso cuarenta, Alessia Romano lideraba la mesa directiva con puño de hierro. A sus 23 años, Alessia era una mujer de una sensualidad exquisita y magnética: blanca, de impactantes ojos color verde esmeralda, una fina cintura y una melena larga color amarillo brillante que caía en ondas perfectas. Su porte elegante y su carácter dominante hacían que nadie se atreviera a cuestionarla; los hombres en el mundo de los negocios la miraban con deseo y respeto, aunque para ella solo fueran pasatiempos de una noche.
—Necesitamos que el software de ciberseguridad esté listo hoy, Alessia. El cliente internacional está esperando para firmar el contrato de tecnología más grande de nuestra historia, pero si los datos de encriptación no están finalizados, el trato se cae —presionó Carlo Bianchi, el inversionista principal.
Carlo era un hombre mayor, manipulador y el líder oculto de la facción que quería quedarse con el imperio de Alessia. Lo que nadie sabía, excepto ella en sus sospechas más oscuras, era que Carlo había provocado la muerte de Vittorio Romano, el padre de Alessia, para sacarlo del camino.
—El contrato se firmará hoy, Carlo. Yo no dejo los negocios a medias —sentenció Alessia con voz firme y fría, clavándole una mirada cargada de desconfianza. Ella lo estaba investigando en secreto, decidida a cazar al asesino de su padre.
Al salir de la sala, su director financiero y mejor amigo, Alessandro, la acompañó por el pasillo. Alessandro era un hombre impecable. Tras haber tenido relaciones sexuales de manera casual con ella en el pasado, él había descubierto que le gustaban tanto los hombres como las mujeres, lo que eliminó cualquier tensión romántica y lo convirtió en su confidente más leal, incluso en su investigación secreta.
—Nuestros ingenieros están estancados en el cierre informático, Alessia —advirtió Alessandro en voz baja—. Si no encontramos la forma de finalizar la estructura lógica de los datos en las próximas horas, perderemos el contrato. Y Bianchi usará eso para debilitar tu posición.
—Busca a los mejores programadores de Italia si es necesario. Ese software se termina hoy y mantendremos a Carlo bajo la mira —ordenó ella, explosiva e impaciente.
El genio de la periferia (Matteo)
A varios kilómetros de allí, en los callejones grises de Quarto Oggiaro, Matteo Sartori corría por su vida. A sus 21 años, Matteo era un genio oculto: blanco, de ojos azul claro, cabello lacio castaño y unos anteojos de marco grueso que se acomodaba constantemente por la timidez. Vestía una sudadera gigante, ancha y pantalones muy desgastados para ocultarse del mundo.
—¡Vuelve aquí, muerto de hambre! —gritaba Pietro, el líder de los universitarios ricos que disfrutaba acosándolo por ser un becado huérfano.
Matteo, extremadamente ingenuo y callado, tropezó y sus cuadernos viejos volaron por el suelo. Con el labio partido y las mejillas encendidas de pura vergüenza por su timidez ante los demás, recogió todo torpemente y huyó hacia el pequeño piso que compartía con Leo, su mejor amigo de la infancia y mecánico del barrio.
Al entrar a su cuarto, Matteo cerró la puerta y encendió su vieja computadora de escritorio, armada con piezas de la basura. Detrás de su fachada asustadiza, Matteo ocultaba un secreto monumental: en esa máquina obsoleta había terminado, por puro pasatiempo, un prototipo con el algoritmo de encriptación hash perfecto. Sin él saberlo, los apuntes de su cuaderno contenían exactamente la finalización de datos que Alessia Romano necesitaba con urgencia para cerrar el contrato de su vida y blindar su empresa contra los ataques de Carlo Bianchi.