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CONTRATO CON EL CEO: PROHIBIDO ENAMORARSE

CONTRATO CON EL CEO: PROHIBIDO ENAMORARSE

Status: Terminada
Genre:CEO / Novia sustituta / Matrimonio arreglado / Venderse para pagar una deuda / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Completas
Popularitas:1.2M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yazz García

Ella necesita dinero desesperadamente. Él necesita una esposa falsa para cerrar un trato millonario.
El contrato es claro: sin sentimientos, sin preguntas, sin tocarse fuera de cámaras.
Pero cuando las cámaras se apagan, las reglas empiezan a romperse.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre el deber y el deseo

...💎...

...LEONARDO BLAKE...

...----------------...

...CAPÍTULO 14...

El silencio de la habitación me resultó más incómodo que cualquier reunión de la junta directiva.

Había una sola cama.

No dos.

No una suite con ambientes separados, como pedí.

Y amplia, sí, pero eso no cambiaba el hecho de que iba a dormir a escasos centímetros de Emma Ríos.

—Debe ser un error —dije al recepcionista, con ese tono que siempre bastaba para hacer temblar a cualquiera.

—Lo siento mucho, señor Blake —respondió el joven, nervioso—. El hotel está completamente lleno por el evento del fin de semana. Podemos enviar un sofá adicional si lo desea.

Emma cruzó los brazos detrás de mí.

—Relájate, Leonardo. No voy a morderte.

—No dudo que puedas hacerlo —repliqué.

Ella sonrió, divertida.

—Entonces dormiré a la derecha. No hagas ruido, que necesito descansar.

Soltó sus maletas y entró al baño, como si todo fuera completamente normal.

Esto iba a ser una tortura.

Abrí la laptop intentando concentrarme en los correos, pero el sonido del agua en la ducha me traicionaba la atención.

Era absurdo lo que me estaba pasando.

Emma Ríos era impulsiva, caótica, una loca totalmente.

No tenía la elegancia predecible de las mujeres con las que solía salir, ni su manera calculada de moverse en mi mundo.

Pero había algo en ella… algo que no podía ignorar.

El vapor del baño se escapó por la puerta entreabierta, y entonces, por puro accidente, alcé la vista.

Ella salió envuelta en una toalla.

El cabello húmedo, las gotas resbalando por su cuello, y esa piel brillante bajo la luz amarilla de la habitación.

Mi cerebro me gritó que mirara a otro lado.

Mi cuerpo no obedeció.

—¿Pasa algo? —preguntó, arqueando una ceja al notar mi mirada.

—No —dije, apartando los ojos de inmediato.

Maldita sea.

Caminó hacia el clóset, buscando su pijama. La toalla se deslizó apenas un poco, dejando ver demasiado, y tuve que carraspear.

—Podrías… no hacer eso —dije sin pensar.

—¿Hacer qué? —replicó con fingida inocencia, mientras sacaba una camiseta de algodón y unos shorts ridículamente cortos.

—Andar de exhibicionista—murmuré.

—Tranquilo, Blake —contestó, dándome una mirada traviesa—. No estás en peligro. Yo tampoco tengo interés en ti.

¿Y por qué sonó eso como un desafío?

Me levanté antes de hacer o decir algo estúpido.

—Voy a ducharme.

Entré al baño y cerré la puerta con más fuerza de la necesaria.

El espejo estaba empañado, pero aun así me vi reflejado, tenso, alterado.

Era ridículo.

He tenido mujeres más hermosas, más elegantes, más de todo…

Y, sin embargo, ninguna me había hecho perder el control solo con verla caminar en toalla.

Cuando salí, ella ya estaba acostada, mirando su celular.

Mi cabello aún goteaba, y solo llevaba la toalla atada a la cintura.

—¿No piensas vestirte? —preguntó, sin apartar la vista de la pantalla.

—Necesito secarme primero.

—Claro. Muy profesional de tu parte.

Rodé los ojos.

—Tú empezaste.

—Yo me bañé, no hice un desfile de Calvin Klein —replicó, y giró para darle la espalda.

Sonreí. No lo pude evitar.

Era tan fácil hacerla enojar. Tan fácil… y tan divertido.

Me vestí rápido y apagué las luces.

La habitación quedó en penumbra, apenas iluminada por el reflejo del mar a través del ventanal.

—¿Sabes lo que más detesto de todo esto? —dijo de pronto, rompiendo el silencio.

—Supongo que compartir cama conmigo.

—Eso y el contrato. No puedo creer que estés tan acostumbrado a controlar todo que incluso el amor lo pongas por escrito.

Me giré hacia ella.

—No es amor. Esta claro en el contrato. El matrimonio solo es un trato.

—Exacto —dijo, dándose la vuelta también—. Y por eso no tienes idea de lo que es sentir.

Su frase me atravesó.

No respondí.

Tal vez porque tenía razón.

No sé cuánto tiempo pasé mirando el techo después de que ella se quedó dormida.

Las luces de la isla se filtraban por la ventana, proyectando líneas sobre la cama.

No podía dormir.

Quizás porque tenía demasiado ruido en la cabeza.

Quizás porque su respiración tranquila a mi lado me distraía más que cualquier pensamiento.

Me giré.

Y ella estaba despierta.

—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó en voz baja, mirando el techo igual que yo.

—No —respondí—. Tengo demasiadas cosas pendientes.

—Lo imaginé. Eres de esos que trabaja hasta en sueños, ¿verdad?

Sonreí sin querer.

—Más bien, de los que no puede dejar de pensar.

Ella se acomodó de lado, apoyando la cabeza en la mano.

—¿Siempre fuiste así? —preguntó.

—¿Así cómo?

—Controlador. Serio. Imposible de leer.

Solté una leve risa.

—Tal vez sí. O tal vez solo aprendí a serlo.

—¿Y quién te enseñó?

La pregunta me golpeó con más fuerza de la que esperaba.

—La vida. Las personas. La empresa. No sé… —Suspiré—. Cuando tienes que demostrar que mereces estar donde estás, no te queda mucho espacio para cometer errores.

—Debe ser agotador vivir para demostrar algo todo el tiempo.

—Tú hablas como si no tuvieras que hacerlo —repliqué con suavidad.

Ella se encogió de hombros.

—Lo hice. Toda mi vida. Pero a diferencia tuya, yo no tenía nada que perder.

—Tu hermana —dije sin pensar.

Ella me miró.

Y en sus ojos hubo un brillo que no supe descifrar.

—Sí —susurró—. Sofía fue lo único que me obligó a mantenerme en pie. Todo lo que hago… lo hago por ella.

—Lo sé —dije.

Y lo decía en serio.

Por primera vez entendí algo más de Emma Ríos.

Detrás de toda esa rebeldía y sarcasmo, había una mujer cansada de sostener el mundo con una sola mano.

—¿Y tú? —me preguntó de pronto—. Además de tu estatus, ¿qué te mantiene en pie?

No supe qué responder. Había olvidado hace mucho la razón por la que hacía esto.

El silencio se alargó, y ella volvió a hablar antes de que pudiera hacerlo.

—Debe ser triste —susurró—. Tenerlo todo y aun así parecer vacío.

Eso dolió.

Porque era cierto.

Y porque nadie más se había atrevido a decírmelo en la cara.

—No siempre fui así —dije finalmente—. Antes… creía en otras cosas.

—¿Como en el amor? —preguntó con una sonrisa que buscaba provocarme, pero sonaba más curiosa que burlona.

—Como en las personas —corregí.

Ella asintió lentamente, sin apartar los ojos de mí.

—Entonces alguien te decepcionó.

—Varias veces —admití.

—Bianca —dijo sin dudar.

—Entre otras.

—¿Y aún la amas?

Su pregunta fue directa, pero su voz sonó suave, casi temerosa.

—No lo sé —respondí con sinceridad. Y esa fue la primera verdad que le dije desde que empezó todo esto.

Ella asintió, mordiéndose el labio.

—¿Y tú? —pregunté de repente—. ¿Amas a Martín?

—Supongo que si… lo amo—respondió sin titubear—. Pero, siempre me pongo como prioridad len estas cosas.

—¿Segura?

— ¿Segura de que?

— ¿Que lo amas?

—Tan segura como que esto —dijo, señalando el anillo de compromiso— es una farsa.

Su respuesta por alguna razón, me desarmó. No sé qué esperaba como respuesta, pero lo que dijo me removió el pecho.

No sé en qué momento me acerqué más.

Ella estaba a centímetros, la luz nocturna dibujando su rostro.

—A veces olvido que eres real —murmuré.

—¿Y qué crees que soy?

—Una tormenta —dije, casi sin pensarlo—. Una que llegó a destruir mi calma.

Ella sonrió apenas, una sonrisa pequeña, casi triste.

—Y tú eres el peñón contra el que choco todo el tiempo.

No sé si fue el sueño, el cansancio o el alcohol que aún corría por nuestras venas, pero ninguno apartó la mirada.

Solo estábamos ahí.

Mirándonos.

Respirando el mismo aire.

Mi mano se movió por instinto, rozando su mejilla.

Su piel era suave, cálida.

—Leonardo… —susurró, y mi nombre en su voz sonó diferente.

—Deberíamos dormir —dije, rompiendo el hechizo.

—Sí —respondió, apenas audible.

Nos quedamos de espaldas, mirando direcciones opuestas.

Pero el espacio entre nosotros parecía arder.

Yo podía sentirla, respirar su perfume, escuchar el ritmo lento de su respiración.

...----------------...

No sé en qué momento me quedé dormido, pero desperté con algo cálido sobre mi pecho.

Abrí los ojos y era…

Emma.

Dormida, abrazándome. Su cabello revuelto me rozaba la mandíbula, y sus piernas… sus piernas estaban entrelazadas con las mías.

Contuve el aire.

Si me movía, la despertaría.

Si no lo hacía, probablemente perdería las dos cabezas.

Sus labios estaban a centímetros de los míos, y por un instante, imaginé cómo sería cerrar esa distancia.

No.

Error.

Gran error.

Tragué saliva, intentando apartarla sin que lo notara.

Pero justo entonces murmuró algo en sueños, y su mano se deslizó por mi abdomen hasta mi entrepierna.

—Emma… —susurré, con voz tensa.

—¿Mmm? —abrió un ojo apenas, confundida.

Cuando se dio cuenta donde estaba su mano, saltó como si la hubieran electrocutado.

—¡Dios mío! —exclamó, llevándose las manos a la espalda—. ¡No fue a propósito!

—Lo sé. Pero si lo hubiera sido… —dije con una sonrisa contenida.

—No empieces. —Me lanzó una almohada al rostro.

—Relájate, Ríos. Nadie va a enterarse de que dormiste abrazada a tu esposo falso y que además lo intentaste manosear.

—¡No te hagas el gracioso! —gritó, escondiendo el rostro bajo la sábana.

No pude evitar reír.

Y ella, aunque intentó disimularlo, también lo hizo.

Horas después, el amanecer griego se filtraba por la ventana.

Yo ya estaba despierto, observando el mar desde la terraza.

No era un hombre fácil de impresionar, pero esa vista… y ella, dormida sobre las sábanas blancas, con el sol tocando su piel, creaban una imagen que me costaba borrar.

Quizá no estaba enamorado.

Pero sí empezaba a sentir algo que no controlaba.

Algo que no debía sentir.

—¿Por qué me miras así? —preguntó, desperezándose sin pudor alguno.

—Porque roncas —mentí.

—¡No ronco! —replicó indignada.

—Claro que sí. Debería grabarte.

—Hazlo y te ahorco con esa corbata que tanto te gusta.

Sonreí.

Era tan fácil imaginarla en mi mundo…

Y eso era justo lo que la volvía peligrosa.

Me giré, buscando recuperar la compostura.

El deseo era un enemigo, y yo nunca perdía con los enemigos.

Pero mientras la escuchaba reír detrás de mí, supe que, por primera vez, no estaba tan seguro de poder ganar.

1
Nelsy Caamaño
🤣🤣🤣🤣
Carmen Rangel
pues atente a las consecuencias ya hay problema
Ana Maria Paz Ramirez
una historia interesante y ligera gracias escritora por compartir con nosotros Dios te bendiga 🌹🌹🌹🌹🌹
Ana Maria Paz Ramirez
jajajaja jajajaja Gisel eres única muy buena para proteger a tu familia discreta y directa 😃🙃🙃🤭🤭🤭
Ana Maria Paz Ramirez
bueno me parece que de alguna manera los dos tienen que aprender a soltar el pasado y Leo lo está haciendo muy bien claro con la ayuda de Emma que es la intermediaria entre los dos ojalá Martín encuentre pronto a una mujer que lo quiera y le ayude a superar su dolor 🤭🤭🤔🤔
Ana Maria Paz Ramirez
woooow impresionante y lindo que bueno que Emma está dispuesta y con mucha madurez 😃😃😃😃😃😃
Juan diego Clemente
/Gosh/🥰
Carmen Rangel
claro aprovecha compra lo que deses, para eso es el dinero
Ana Maria Paz Ramirez
no entiendo ella dice que el hombre que la quiso destruir como que es un poco drástica en su apreciación porque desde el principio él le dijo que era un trato y ella lo aceptó pues ella lo ayudaba y cambió el le ayudaba para los gastos de la operación de su hermana 🤔🤔🤔🤭🤭
Ana Maria Paz Ramirez
común en los adolescentes de querer hacer lo que quieren sin pedir los peligros ahora ahí están las consecuencias 🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Maria Paz Ramirez
me quedo la duda y Martín desdé cuando conoce a Leonardo pues al pereser tiene sierto resentimiento contra Leo 🤔🤔🤔🤔🤔
Ana Maria Paz Ramirez
bueno por lo visto Leonardo fue un depredador y ahora Martín resultó ser el que rescató a las mujeres que Leo despidió y hoy las va a usar como intercambio de sentimientos y manipulación que mal Martín no te veía como alguien que pudiera ser tan ruin 👿👿👿👿👿👿👿
Ana Maria Paz Ramirez
estoy casi segura que la relación entre Luisa y el sólo fue falsa para provocar los celos de Emma pero yo insisto jeje se comportan peor que si fueran adolescentes 🤭🤭🤭🤭
Ana Maria Paz Ramirez
bueno muy triste su pérdida pero a Leonardo le va ha costar trabajar y tiempo aceptarlo ya que le ha costado trabajo aceptar que está enamorado de Emma y para alguien tan meticuloso y dominante como el aceptar que su esposa le puso los cuernos 👿👿👿 creo que lo siente inaceptable
Ana Maria Paz Ramirez
bueno que te digo escritora ésto es como un remolino de emociones no entiendo porque se comportan como adolescentes y siguen saliendo con sus ex🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Ana Maria Paz Ramirez
bueno que te digo escritora ésto es como un remolino de emociones no entiendo porque se comportan como adolescentes y siguen saliendo con sus ex🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Nelsy Caamaño
🤣🤣🤣🤣🤣
Ana Maria Paz Ramirez
ahhhh Emma y aquí vas de nuevo a regar el tepache por favor no te vayas a acostar con tu ex pues con eso solo té lástimas y donde quedan tus valores y autoestima por favor conserva tú dignidad 🤔🤔🤔🤔
Ana Maria Paz Ramirez
jajajaja jajajaja que atrevido es ése Abel Maxwell pero dé alguna manera le ha echo la vida más llevadera a Emma con sus ocurrencias 🙃🙃🙃🙃
Ana Maria Paz Ramirez
muy bien pequeña Sofi no te dejes fastidiar por gente envidiosa que sí la envidia es tiña el mundo estaría llena de tiñudos jajaja
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