«—¿De verdad crees que un hombre como yo jugaría con su propio apellido por una simple actuación? Esto dejó de ser un contrato hace mucho tiempo, Dayana.»
Traicionada por su prometido y despojada de su herencia por su propia familia, Dayana Logan pensó que lo había perdido todo en la noche más fría de su vida. Pero el destino le tenía preparada una carta salvaje: Nolan Cross, el "Emperador de Hielo", el CEO más despiadado e implacable del mundo de los negocios, le ofrece un trato que no puede rechazar. Un matrimonio falso de conveniencia mutua.
Para el mundo, ella es la reina protegida por el escudo de acero de la dinastía Cross; para él, solo un peón en su tablero corporativo. Sin embargo, cuando los secretos familiares explotan en la prensa y una mentira desesperada los obliga a anunciar un heredero falso, las líneas del contrato comienzan a borrarse bajo el fuego de una posesividad salvaje y peligrosa.
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Capítulo 17: El complot de Vanessa
Mientras las paredes del ala este de la Mansión Cross albergaban un tenso e inesperado secreto médico, a unos pocos kilómetros de allí, el ambiente destilaba una naturaleza mucho más ponzoñosa. En un reservado oscuro de un café exclusivo en las afueras de la ciudad, Vanessa Logan esperaba de pie, cruzada de brazos, disimulando su impaciencia tras unas gafas de sol de diseñador.
La cancelación repentina de la cena familiar por parte de la oficina de Nolan Cross no había hecho más que confirmar sus sospechas: el matrimonio era una farsa. Para Vanessa, el supuesto desmayo de Dayana no era más que una burda excusa para evitar que las máscaras cayeran bajo el escrutinio de su padre. Estaba convencida de que, si lograba demostrar el fraude, no solo recuperaría las acciones de la compañía, sino que arrastraría a su hermanastra de vuelta al fango de donde Nolan la había sacado.
La puerta del reservado se abrió con timidez, interrumpiendo sus pensamientos. Una mujer joven, vistiendo ropa de civil pero con el rostro desencajado por el nerviosismo, entró mirando sobre su hombro. Era Marta, una de las empleadas de limpieza contratadas recientemente para el mantenimiento del ala este de la propiedad de los Cross.
—Llegas tarde —siseó Vanessa, sentándose y arrojando un pesado sobre de manila sobre la mesa de madera— Espero que la espera haya valido la pena. ¿Tienes lo que te pedí?
Marta tragó saliva, sus manos temblorosas aferrándose a su bolso antes de tomar el sobre. Sabía perfectamente que si Nolan Cross descubría su traición, su carrera profesional —y posiblemente su libertad— estarían terminadas. Pero la cifra que Vanessa le había prometido era suficiente para resolver las deudas de su familia de por vida.
—Fue casi imposible —susurró la empleada, bajando la voz— La seguridad en la mansión es asfixiante, el asistente del señor Cross lo vigila todo. Pero esta mañana... el orden habitual de la casa era un caos por el colapso de la señora Dayana. Me ordenaron limpiar el despacho privado del señor Cross en el ala oeste a toda prisa.
Vanessa se inclinó hacia adelante, con los ojos brillando de codicia.
—¿Y bien?
—Encontré esto metido en el cajón doble del escritorio de caoba. Alguien olvidó pasarle llave anoche tras la discusión que tuvieron —Marta abrió su bolso y extrajo un fajo de hojas de papel de alto gramaje, unidas por un clip plateado con el sello grabado de Cross Enterprises— Le tomé fotos con mi teléfono, pero logré deslizar una de las copias físicas del borrador original antes de que el señor Sebastián regresara.
Vanessa le arrebató los papeles de las manos con una voracidad casi animal. Pasó las primeras páginas con rapidez, sus ojos escaneando las líneas con una fijeza obsesiva.
A medida que sus ojos devoraban el texto, la incredulidad en el rostro de Vanessa se transformó en una expresión de puro y sádico regocijo. Las cláusulas estaban redactadas con una claridad demoledora:
Cláusula 3: Traspaso irrevocable de derechos de voto a cambio de protección legal y financiera.
Cláusula 7: Ausencia total de consumación matrimonial y separación estricta de residencias en las alas este y oeste.
Cláusula 9: Vigencia temporal del acuerdo por conveniencia mutua.
Era la prueba reina. El documento oficial, con las firmas manuscritas de Nolan Cross y Dayana Logan, que demostraba ante la ley y los medios que el "matrimonio del año" no era más que una transacción comercial fría, un fraude corporativo diseñado para destruir a Richard y burlar a la junta reguladora.
Vanessa dejó caer un segundo fajo de billetes sobre la mesa, haciendo un gesto despectivo con la mano para que la empleada se marchara. Marta tomó el dinero y huyó del reservado como un fantasma, dejando a la villana a solas con su trofeo.
Vanessa se puso en pie lentamente. El peso del documento en sus manos se sentía como el arma perfecta, una bomba de tiempo que, una vez entregada a las agencias de prensa que ya estaban sedientas de un escándalo de la dinastía Cross, haría que las acciones del magnate se desplomaran y que Dayana perdiera su inmunidad de la noche a la mañana.
Vanessa sostiene el papel del contrato con una sonrisa macabra, sus ojos fijos en las firmas que sellarían el destino de su herencia, mientras sus labios susurran con un hilo de voz cargado de un odio visceral que pareció oscurecer el reservado:
—Te destruiré, Dayana.
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