Segunda parte de Mi hijo tendrá otro padre.
Tras su partida, Laura construye una vida tranquila junto a Marcos, quien la acompaña con ternura durante los meses de embarazo, dándole la paz que tanto anhelaba. Poco a poco, Xander logra acercarse con respeto y paciencia, formando parte de esa nueva etapa sin exigir nada a cambio, demostrando con hechos que ha aprendido la lección. Sin embargo, con el paso del tiempo, los pequeños detalles que antes hacían especial a Marcos empiezan a desaparecer, hasta que Laura descubre que le ha sido infiel.
A pesar de los intentos de él por recuperarla, la presencia de Yina —una persona que no permitirá que vuelva a lastimarla— lo hace imposible. Ante esta nueva realidad, Xander ve surgir la oportunidad que tanto había esperado: demostrar que su amor es verdadero y constante, y luchar por recuperar el lugar que le corresponde junto a la mujer que ama y a su hijo, sabiendo que esta vez deberá ganárselo día tras día.
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Capitulo 6
Días después, Laura sintió un cansancio inusual y un ligero dolor de espalda que no le dejaba descansar. Marcos había salido temprano y dijo que volvería tarde, así que dudó mucho antes de llamar a Xander, pero al final marcó su número.
—No te quiero molestar —le dijo apenas atendió—, pero no me siento muy bien y no sé a quién más recurrir por ahora.
—No es ninguna molestia —respondió él al instante, con voz tranquila—. Llego en quince minutos. Dime solo qué necesitas.
Cuando llegó, trajo exactamente lo que ella había mencionado meses atrás: una crema suave para la espalda, la infusión relajante que le gustaba y una almohada extra que había dicho que le faltaba. No trajo regalos innecesarios, ni preguntó por qué no estaba Marcos, ni hizo comentarios sobre nada que no fuera su bienestar.
Mientras le ayudaba a acomodarse en el sofá, Laura no pudo evitar mirarlo con extrañeza.
—¿Cómo supiste exactamente qué traer? —le preguntó—. Hace semanas que no hablamos de estas cosas.
—Porque escuché cuando lo dijiste —respondió él con sencillez, sin darle importancia—. Sé que prefieres esto antes que cualquier otra cosa, y que esa crema es la única que no te irrita la piel. No es difícil recordar lo que importa.
Más tarde, cuando se quedó sentado a una distancia prudente esperando que descansara, ella le dijo bajito:
—Antes ni siquiera te fijabas en cosas así. Decías que eran detalles sin importancia.
—Porque entonces solo escuchaba lo que yo quería oír —admitió él sin ofenderse—. Ahora intento escucharte a ti. No espero que confíes en mí de la noche a la mañana, Laura. Solo quiero que sepas que si digo que estaré aquí, estaré. Y que si te digo que te escucho, es verdad.
Laura asintió en silencio. Todavía tenía miedo de volver a equivocarse, todavía quedaban muchas dudas en su corazón, pero por primera vez vio en él algo más que el hombre que la había lastimado: vio a alguien que al fin había aprendido a mirarla de verdad.
Cuando se marchó, dejó todo ordenado y la puerta cerrada con cuidado, sin pedir que lo acompañara hasta la salida ni esperar palabras de agradecimiento. Laura se quedó con la taza de té entre las manos, sintiendo el calor que le subía por los dedos, y comprendió que la diferencia no estaba en quién hacía más o quién daba más, sino en quién ponía el corazón en lo que hacía. Xander no intentaba ganar puntos ni demostrar nada ante nadie; simplemente estaba presente, como si hubiera entendido que el mayor regalo que podía darle era su atención sincera.
—Todavía no te conozco del todo —susurró mirando hacia la puerta—, pero ya no eres el mismo hombre que se fue de mi lado.
Cerró los ojos y dejó que el silencio de la casa la envolviera, pero esta vez no era un silencio vacío ni triste: era la calma que le deja saber que no está sola, que hay alguien dispuesto a cuidarla sin condiciones. Por primera vez en mucho tiempo, no tuvo miedo de equivocarse al dejar entrar a alguien, porque quien llamaba a su puerta ya no venía a imponer nada, sino a ofrecerle lo que siempre le debió: respeto y verdad.