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El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8 Los regalos y el último abrazo

El sábado amaneció fresco y despejado en La Reina, una de esas jornadas de mayo donde el sol lograba abrirse paso entre las nubes, iluminando las calles arboladas y las casas con jardines bien cuidados.

Ese día era especial: el cumpleaños de Anahís, y en la casa de Cristian ya se respiraba alegría desde temprano.

Cuando Eluney y Antonella salieron de su hogar, encontraron a Cristian esperándolas en la puerta, con ropa ordenada y una sonrisa tranquila.

—Buenos días —las saludó—.

Antes de ir directo a la fiesta.

¿te gustaría acompañarme a elegir el regalo para mi hermana?

Quiero que me des tu opinión, me fío más de tu gusto.

Eluney aceptó encantada.

—¡Claro que sí! Con mucho gusto.

—Y tú también vienes, Antonella —agregó él—, así nos ayudas a saber qué es lo que más le puede gustar.

Fueron juntos hasta el centro comercial del barrio.

Allí, entre estantes llenos de juguetes y artículos infantiles, cada uno eligió su detalle:

- Cristian compró un peluche grande y suave de Mickey Mouse, con colores vivos y bien hecho.

- Eluney eligió el compañero perfecto: un peluche de Minnie Mouse, con su moño rojo y vestido a lunares.

- Antonella, con mucha ilusión, escogió una mochila pequeña de Minnie Mouse, resistente y con muchos bolsillos, ideal para que la usara cuando fuera al jardín infantil.

Los envolvieron con papeles de colores y cintas brillantes, y emprendieron el camino hacia la casa.

Al llegar, la sorpresa fue mayor: todo el lugar estaba decorado por completo con el tema de Minnie Mouse.

Había globos rojos y blancos, guirnaldas con lunares, figuras del personaje en el jardín, manteles y servilletas a juego.

El aire olía a torta de vainilla con chocolate y a jugos naturales, y se escuchaba música alegre de fondo.

En cuanto las puertas se abrieron, Anahís salió corriendo hacia ellos vestida con un vestido igual al de su personaje favorito, con el cabello recogido en un moño grande.

—¡Ya llegaron! —gritó llena de emoción.

Al entrar, dejaron los regalos en la mesa principal.

Cuando llegó el momento de abrirlos, la niña miraba todo con los ojos muy abiertos.

Primero tomó el de Cristian, luego el de Eluney, y cuando vio la mochila que le entregaba Antonella, dio un salto de alegría.

—¡Qué bonita!

¡Ahora sí puedo llevar mis cosas cuando salgo!

Pero lo que más llamó la atención de todos fue que, después de ver cada detalle, Anahís no se separaba de Eluney.

Corría a abrazarla cada dos por tres, se colgaba de su cintura y repetía con su vocecita dulce.

—¡Abrazos, nuney ¡Más abrazos!

Pasaron las horas, llegaron más familiares y amigos, cantaron el cumpleaños, comieron torta y jugaron.

Cuando empezó a anochecer, los más pequeños ya mostraban señales de cansancio.

En un momento, mientras todos se despedían poco a poco, Anahís se acercó a Eluney con los ojitos ya pesados, frotándose los ojos y con la voz más suave que nunca.

Se abrazó fuerte a su pierna y le dijo:

—nuney… cuñada… tómame en brazos, por favor.

Eluney se agachó, la levantó con mucho cuidado y la niña se acomodó recostando su cabecita en su hombro, muy cómoda.

Cerró los ojos un instante y volvió a hablar, ya casi entre sueños:

—Tengo sueño… no te vayas hasta que yo me duerma.

¿va?

Eluney le acarició la espalda con ternura y le respondió bajito:

—No me voy a ir, Anaís.

Aquí me quedo contigo hasta que te duermas tranquila.

Cristian las miraba desde unos pasos más allá, con una sonrisa suave, sin interrumpir ese momento.

Se quedaron así unos minutos, mientras la respiración de la niña se hacía más profunda y pausada, hasta que finalmente se quedó profundamente dormida.

Con mucho cuidado, Eluney la entregó a su madre para que la llevara a su cama.

Al volver junto a Cristian, él se acercó y, sin decir una palabra, le tomó la mano con suavidad.

Eluney se sorprendió al principio, sintió el calor de su mano y se le subió un leve rubor a las mejillas…

pero no se la quitó. Se quedó así, entrelazando sus dedos con los de él, sintiendo una calma y una confianza que crecían con cada instante.

—Gracias por todo hoy —le dijo Cristian en voz baja—.

Se nota que le tomaste mucho cariño, y ella a ti también.

—Gracias a ti por invitarme —respondió ella con una sonrisa tranquila—.

Ha sido un día precioso.

Y así, con la mano unida, el recuerdo de los abrazos y la ternura de la niña, se fueron despidiendo para volver a casa, sabiendo que algo especial seguía creciendo entre ellos.

 

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