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Casada Con Mi Verdugo

Casada Con Mi Verdugo

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hija rica en bancarrota / Venderse para pagar una deuda / Atracción entre enemigos
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Cuando una estafa sacude el imperio de Alfred Lecrec, el implacable magnate Sebastian Spencer está decidido a destruir a los responsables. Sin embargo, todo cambia al conocer a Elena Lecrec: una arquitecta independiente, inteligente y de carácter indomable. Fascinado por ella, Sebastian ofrece un cruel trato: perdonará a su familia si Elena acepta casarse con él durante cinco años y darle un heredero; de lo contrario, su hermano Martín, el verdadero culpable, pasará el resto de su vida en prisión.

Para Elena, Sebastian no es más que su verdugo. Pero mientras el odio se convierte en convivencia, descubrirá que detrás de ese hombre frío y despiadado se esconde un corazón marcado por profundas heridas. Lo que comenzó como un matrimonio por obligación podría convertirse en la única oportunidad para sanar… o destruirlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Sombras en la Mansión Spencer

La mansión Spencer se alzaba imponente en las afueras de Londres, rodeada de extensos jardines y un bosque privado que la aislaba del mundo exterior. Era más un castillo moderno que una simple residencia: paredes de piedra oscura, ventanales altos y un lujo austero que reflejaba perfectamente el carácter de su dueño.

Sebastian llegó poco después de las diez de la noche. Aparcó el Aston Martin con un movimiento preciso y entró por la puerta principal. El olor a leña quemada y a la cena recién servida lo recibió en el gran salón.

Benjamin Spencer, su abuelo de ochenta y tres años, estaba sentado junto a la chimenea en su sillón favorito. A su lado se encontraba Matilda Benson, la mujer que había alimentado a Sebastian cuando era un niño de la calle, y su hija Stephanie, una mujer de veintisiete años de belleza discreta y mirada siempre atenta.

John Anderson estaba de pie, sirviéndose un whisky.

—Llegas tarde, muchacho —gruñó Benjamin con su voz ronca pero aún fuerte—. ¿Ya tienes lo que querías?

Sebastian se quitó la chaqueta negra y la dejó sobre el respaldo de una silla. Se acercó al fuego, dejando que el calor relajara ligeramente sus músculos tensos.

—Les ofrecí el trato —dijo con tono neutro—. Cinco años de control absoluto sobre todo lo que tienen. Y Elena Lecrec se casará conmigo durante ese tiempo… y me dará un heredero.

Un silencio breve llenó la habitación, roto por la risa satisfecha de Benjamin.

—Bien hecho, Sebastian. Muy bien hecho. Cinco años es más que suficiente para recuperar hasta el último centavo y algo más. Y un heredero… —Los ojos del anciano brillaron con emoción—. Ya es hora, hijo. Soy viejo. Quiero ver a un bisnieto antes de irme. Un bebé que llene esta casa de vida. Esa Elena… ¿es fértil? ¿Es fuerte?

Sebastian esbozó una media sonrisa.

—Es joven, saludable y tiene carácter. Servirá.

Matilda, que había permanecido callada mientras tejía, levantó la mirada con aprobación.

—Siempre fuiste práctico, Sebastian. Es lo que te ha mantenido vivo.

Stephanie, en cambio, no pudo contenerse. Dejó su copa de vino sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

—¿Matrimonio por contrato? ¿Un heredero como si fuera un negocio más? —su voz destilaba disgusto—. Esa pobre mujer va a ser miserable. La estás tratando como a una yegua de cría, Sebastian. ¿No te da ni un poco de remordimiento?

Sebastian la miró con indiferencia. No percibía —o no quería percibir— el dolor que se escondía tras los celos de Stephanie. Ella lo había amado en secreto durante años, desde que eran adolescentes y él vivía bajo el mismo techo.

—No es asunto tuyo, Stephanie —respondió con frialdad—. Es un trato. Nada más.

Stephanie apretó los labios, herida.

—Claro. Como siempre. Tú decides y el mundo debe girar a tu alrededor.

Sebastian se levantó del sillón, ignorando el comentario.

—John, acompáñame a mi despacho.

Los dos hombres subieron las escaleras hasta el amplio estudio privado de Sebastian. Una vez dentro, con la puerta cerrada, Sebastian se sirvió dos dedos de whisky y le ofreció otro a su amigo.

—Necesito que Elena acepte como sea —dijo sin rodeos—. Presiónala. Haz que su única opción real sea yo. Quiero que no tenga escapatoria.

John sonrió con esa lealtad peligrosa que solo mostraba ante Sebastian.

—Déjamelo a mí. Aceleraré la orden de detención de Martín. Mañana mismo puede estar en una celda si es necesario. Eso ablandará a la familia.

Sebastian asintió, satisfecho. Pero John levantó una mano, como si recordara algo importante.

—Hay un pequeño obstáculo. Marius Borges. Ha estado presionando fuerte para casarse con Elena. Al parecer, lleva años detrás de ella. Su familia también tiene poder económico. Podría intentar intervenir y pagar parte de la deuda para quedarse con la chica.

Sebastian apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Un músculo latió en su mandíbula.

—Marius Borges… —repitió el nombre con desprecio—. Otro parásito. Un obstáculo que habrá que quitar del camino.

John arqueó una ceja.

—¿Quieres que me encargue discretamente?

—Aún no —respondió Sebastian, caminando hacia el ventanal—. Primero veamos cómo reacciona Elena cuando sienta la presión real. Pero si Borges se interpone… encárgate de que entienda que no debe meterse en mis asuntos.

John bebió un sorbo de whisky y sonrió.

—Como en los viejos tiempos. ¿Algo más?

Sebastian miró la oscuridad del jardín.

—Quiero un informe completo de Elena. Sus gustos, sus debilidades, sus proyectos… Todo. Si voy a tenerla cinco años, quiero conocer a mi futura esposa.

John asintió y se dirigió a la puerta.

—Considéralo hecho. Descansa, Sebastian. Mañana empezamos la cacería.

Cuando John se fue, Sebastian se quedó solo frente al ventanal. Por primera vez en mucho tiempo, la imagen de unos ojos verdes intensos y cabello rubio ondulado regresó a su mente.

—Serás mía, Elena Lecrec —murmuró para sí mismo—. Por las buenas o por las malas.

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Suleima Dominguez Guzman
gracias por cada capítulo queremos maratón pliss
Diva Ramirez
Esta es una copia exacta de una novela turca
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por cada capítulo excelente novela me encanta gracias por actualizar esta súper
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por actualizar cada capítulo es excelente
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
buen inicio
Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por escribir
Darquiz Bonilla
y esa familia no tiene casa para venirse a meter a esta...
Deisy Campos
para que engañan con esas novelas por partes comenzamos bien y nos corta no vale
Yineth Carvajal: para cuándo la segunda parte de la novela Marcada por un Error
total 2 replies
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