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La Luna Humana del Alfa

La Luna Humana del Alfa

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Hombre lobo / Embarazo no planeado
Popularitas:18k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Aurora Rivas solo quería sobrevivir aquella noche.
Traicionada por su prometido, drogada por su propia familia y perseguida en un hotel de lujo, terminó en brazos de Damian Montero, el hombre más poderoso de la Ciudad de México… y el Alfa de la manada más antigua.
Para Aurora fue una noche que debía olvidar.
Para Damian, fue el despertar de su lobo.
Ella huyó antes del amanecer sin saber que la mordida que dejó en su hombro no era una simple marca, sino el lugar exacto donde una Luna reclama a su Alfa.
Semanas después, Aurora descubre que está embarazada.
No de un bebé.
De cuatro.
Ahora la familia que quiso destruirla quiere arrebatarle lo único que le queda, mientras la manada Montero empieza a inclinarse ante una humana que jamás pidió ser reina.
Aurora no sabe que nació Luna.
Damian sí.
Y esta vez, el Alfa no va a dejar escapar a su pareja destinada.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

# Capítulo 003: El rastro de una desconocida

Aurora salió del hotel con una bata blanca, los zapatos en la mano y la barbilla levantada.

El empleado de recepción la miró dos veces.

Ella lo miró de vuelta.

El hombre bajó los ojos primero, y Aurora agradeció descubrir que todavía podía dar miedo aunque por dentro estuviera hecha pedazos.

Afuera, la mañana de la Ciudad de México estaba fría para su piel caliente. Los coches avanzaban sobre Campos Elíseos con esa prisa elegante de Polanco, como si nadie tuviera tiempo de mirar a una muchacha saliendo de un hotel de lujo vestida con una bata robada.

Aurora caminó hasta la esquina antes de permitirse respirar. Le dolía todo: los muslos, la espalda, la cabeza y, sobre todo, el orgullo.

Se sentó en una banca junto a una jardinera y metió la mano dentro del tenis derecho. Debajo de la plantilla, envuelta en un pedazo de plástico, seguía la tarjeta vieja donde guardaba dinero de emergencia.

Trescientos veinte pesos.

Mariana podía robarle la bolsa, el celular, la ropa y hasta la dignidad por unas horas.

Pero no le había quitado el camino de regreso.

Aurora se puso los tenis con dificultad, cruzó los brazos para cerrar mejor la bata y caminó hacia la avenida principal. Un taxi se detuvo al verla.

—¿A dónde, señorita?

Aurora vio el taxímetro, luego su tarjeta escondida.

—Gracias. Camino.

El conductor la miró de arriba abajo, abrió la boca para decir algo y decidió quedarse callado. Buena decisión.

Aurora caminó hasta encontrar una estación de Metrobús. Compró una tarjeta nueva con manos temblorosas y subió en cuanto llegó la unidad.

La gente la miró.

Una señora con bolsas del súper.

Un estudiante con audífonos.

Un hombre de traje barato que fingió mirar por la ventana mientras le echaba vistazos a sus piernas.

Aurora se sentó junto a la puerta, apretó la bata contra su cuerpo y miró al frente.

Si alguien decía algo, iba a morder.

No en el sentido bonito.

La unidad avanzó por Reforma y luego se fue hundiendo en la ciudad real, lejos de los hoteles con mármol, lejos de las habitaciones donde un hombre desconocido la había sostenido como si ella importara.

El nombre de Damian le apareció en la cabeza sin pedir permiso.

Aurora cerró los ojos y se obligó a no pensar en él.

Si pensaba en su voz, iba a recordar su boca. Si recordaba su boca, iba a recordar que ella había sido quien lo jaló. Y si recordaba eso, tendría que aceptar que la noche anterior no cabía en una sola palabra.

No cabía en una sola palabra: ni víctima, ni error, ni salvación. Todo junto era demasiado.

Así que pensó en lo único que siempre la mantenía de pie.

Don Augusto Luna.

Su bisabuelo llevaba doce años acostado en una cama, con los ojos cerrados y las manos quietas, pero para Aurora seguía siendo la única persona que nunca la había vendido, ignorado o usado como moneda de cambio.

Cuando era niña, Don Augusto olía a rosas secas, alcohol de laboratorio y café negro. Le enseñaba a distinguir un aceite esencial verdadero de uno rebajado.

—Una fórmula también puede mentir, Aurorita —le decía, poniendo un frasco bajo su nariz—. Por eso debes aprender a oler antes de creer.

Aurora no sabía entonces que las personas también mentían con fórmulas perfectas.

Su padre, por ejemplo.

Ricardo Javier Rivas Mendoza había entrado a la familia Luna con traje prestado, sonrisa humilde y manos vacías. Selene Luna Delacroix, la madre de Aurora, lo había amado contra la opinión de todos. Don Augusto no confiaba en él, pero Selene era terca.

Aurora heredó de ella la terquedad, no el amor ciego.

Selene murió cuando Aurora tenía ocho años.

"Accidente de auto", dijo la policía.

"Una tragedia", dijo Ricardo en el funeral, llorando lo justo frente a las cámaras.

Tres meses después, Patricia Soto ya vivía en la casa.

Seis meses después, Mariana tenía habitación propia.

Un año después, la empresa de cosméticos Luna dejó de llamarse Luna y apareció en el Registro Público como BellaRiva.

Como si Ricardo pudiera ponerle moño al robo.

Aurora abrió los ojos cuando el Metrobús frenó de golpe. Una señora casi cayó sobre ella.

—Perdón, hija.

—No pasa nada.

La señora la miró con más atención. Vio la bata, el cabello enredado, la cara sin maquillaje.

—¿Estás bien?

Aurora sostuvo la mirada por un segundo.

Una parte de ella quiso decir la verdad.

No.

No estoy bien.

Me drogaron.

Me persiguieron.

Me salvó un desconocido con ojos dorados.

Me acosté con él porque no quise que mis enemigos decidieran la historia por mí.

Y ahora no sé quién soy cuando me miro las manos.

Pero la señora era una desconocida en un Metrobús lleno de gente.

Aurora tragó el nudo de la garganta.

—Sí. Gracias.

La señora no insistió. Sacó de su bolsa una bufanda delgada, color gris, y se la ofreció.

—Tápate un poco. Hace aire.

Aurora la miró.

Ese gesto pequeño casi la rompió.

—Se la devuelvo en la próxima estación.

—Quédatela. Tengo otra en casa.

Aurora tomó la bufanda con cuidado.

—Gracias.

La señora sonrió y bajó dos estaciones después.

Aurora no lloró.

Le dolieron los ojos, pero no lloró.

Había aprendido hacía mucho que si empezaba, a veces no podía parar.

Cuando llegó a Xochimilco, el campus de la UAM todavía estaba medio dormido. Era sábado, así que había pocos estudiantes, algunos puestos abriendo cerca de la entrada y olor a tamales mezclado con café de olla.

Aurora caminó hasta la residencia estudiantil pegada a la zona del campus, apretando la bufanda gris contra el pecho.

La señora de vigilancia casi se cae de la silla al verla.

—¡Niña! ¿Qué te pasó?

—Perdí mi bolsa —dijo Aurora.

La frase servía porque tenía un pedazo de verdad, aunque dejaba fuera casi todo lo importante.

—¿Y tu ropa?

Aurora levantó una ceja.

La señora entendió que no iba a obtener respuesta.

—Sube, pues. Tus amigas han estado preguntando por ti.

Aurora se detuvo.

—¿Mis amigas?

—La de lentes casi me interroga como policía. La alta dijo que iba a romperle los dientes a alguien. La tranquila lloró dos veces.

Camila, Valeria y Sofía.

Aurora sintió que las rodillas se le aflojaban otra vez, pero esta vez fue por algo parecido al alivio.

Subió las escaleras despacio. Cada escalón le jalaba los músculos. Cuando llegó al cuarto, se quedó frente a la puerta un minuto completo.

No quería entrar.

Quería entrar y caerse.

Quería que nadie le preguntara nada.

Quería que alguien la abrazara tan fuerte que todos los pedazos volvieran a su lugar.

Al final tocó.

La puerta se abrió de golpe.

Camila Ortega Salas apareció con el cabello recogido en un chongo desastroso, lentes torcidos y un bolígrafo en la mano como si pensara usarlo de arma.

—Aurora.

Detrás de ella, Sofía Delgado Ruiz se llevó las manos a la boca. Valeria Fuentes Morales se levantó de la cama tan rápido que tiró una botella de agua.

Durante dos segundos nadie habló.

Después Valeria dijo:

—¿A quién mato?

Aurora soltó una risa tan fea que terminó pareciendo un sollozo.

Sofía corrió a abrazarla.

Aurora se tensó al principio. Luego se quebró.

No lloró bonito.

Lloró con rabia, con mocos, con la cara enterrada en el hombro de Sofía mientras Camila cerraba la puerta con seguro y Valeria revisaba el pasillo como si Bruno pudiera aparecer entre las máquinas expendedoras.

—Me drogaron —dijo Aurora, cuando pudo respirar.

Las tres se quedaron quietas.

Camila fue la primera en reaccionar.

—Nombres.

—No sé todo.

—Dame los que tengas.

Aurora se sentó en la cama de Sofía porque era la más cercana. Sus amigas la rodearon sin tocarla de más, como si hubieran entendido de inmediato que su piel todavía estaba en guerra.

—Felipe me dio una copa —dijo Aurora—. Mariana estaba ahí. Después desperté... no, no desperté. Me sentí mal. Bruno estaba en la habitación.

Valeria cerró los puños.

—Ese cerdo.

—Escapé al pasillo.

—¿Y luego?

Aurora miró sus manos.

Damian apareció en su cabeza otra vez.

Su boca.

Sus ojos.

La forma en que había dicho "tu cuerpo sigue siendo tuyo".

—Alguien me ayudó —dijo.

Camila no parpadeó.

—¿Quién?

—No lo sé.

Mentira.

Ya sabía su nombre.

Pero el nombre de Damian se le quedó atorado en la garganta.

Decirlo lo volvía parte de su vida, y ella no estaba lista para eso.

Y ella no estaba lista para eso.

Sofía le tomó la mano, suave.

—¿Te lastimó?

Aurora cerró los ojos.

La pregunta era simple.

La respuesta no.

—No como Bruno quería —dijo al fin.

Camila entendió demasiado rápido. Su cara se endureció.

—Vamos al Ministerio Público.

—No.

—Aurora.

—No tengo mi celular, ni pruebas, ni ropa. Y Ricardo controla el dinero del hospital de mi bisabuelo. Si hago una denuncia mal hecha y él se entera antes de que yo tenga algo sólido, le va a quitar el tratamiento.

—Eso es chantaje.

—Bienvenida a mi familia.

Valeria empezó a caminar de un lado a otro.

—Entonces conseguimos pruebas. Camila, tú sabes hackear cosas.

—Sé recuperar contraseñas de amigas tontas, no hackear hoteles de Polanco.

—Pues aprende.

—Valeria.

—¿Qué? ¿Nos vamos a quedar sentadas?

Aurora se cubrió la cara con ambas manos.

—Por favor. Solo... necesito bañarme.

El cuarto se quedó en silencio.

Sofía se levantó primero.

—Te preparo ropa.

Camila fue por una toalla.

Valeria salió al pasillo y regresó con un palo de escoba.

Aurora la miró.

—¿Qué haces?

—Guardia.

—Con un palo de escoba.

—Improviso con presupuesto universitario.

Aurora casi sonrió.

Esa casi sonrisa le dolió menos que la de Damian.

Veinte minutos después, bajo el agua caliente de la regadera común, Aurora se frotó la piel hasta enrojecerla. Se lavó el cabello dos veces. Tres. Se quedó inmóvil cuando el agua le tocó ciertos puntos del cuerpo y el recuerdo llegó como una bofetada.

Damian preguntando.

Damian deteniéndose.

Damian perdiendo el control solo cuando ella lo arrastraba de vuelta.

Aurora apoyó la frente contra el azulejo.

—No pienses en él —murmuró.

Obviamente pensó en él.

En otro punto de la ciudad, Damian Montero no estaba murmurando.

Estaba destruyendo la paciencia de todo el personal del hotel.

Marco Adrián Salazar llegó a la habitación a las seis y doce de la mañana con una tableta, una computadora portátil, dos teléfonos y la cara de un hombre que ya había entendido que ese día iba a ser largo.

Al entrar, vio la mesa rota, la lámpara en el suelo y a Damian parado junto a la ventana con la camisa abierta en el hombro.

Luego vio la mordida.

Marco se detuvo.

—Alfa.

—No preguntes.

—Iba a preguntar si necesitaba café.

Damian lo miró.

Marco bajó la vista.

—También iba a preguntar por eso.

Damian se abrochó la camisa.

—Encuentra a la chica.

—Necesito nombre.

—Aurora.

Marco esperó.

—¿Apellido?

Damian no respondió.

Marco levantó apenas las cejas.

—Encontró a su pareja destinada, pasó la noche con ella, la perdió antes del amanecer y no sabe su apellido.

La temperatura de la habitación bajó.

Marco miró la tableta con interés repentino.

—Trabajo con "Aurora", entonces.

Damian se acercó a la mesa.

—Bruno Zavala la perseguía. Quiero todo sobre él. También sobre la habitación donde empezó esto. Ella dijo que la drogaron.

Marco ya estaba escribiendo.

—¿Autorización para usar seguridad privada del grupo?

—Toda.

—¿Diego?

Damian dudó un segundo.

Diego Lara era FGR. Amigo. Humano. Conocía lo suficiente de la manada para saber cuándo no preguntar.

—Todavía no. Primero quiero saber qué pasó.

Marco conectó la computadora portátil al sistema interno que el gerente del hotel, convenientemente asustado por el apellido Montero, había autorizado sin hacer más preguntas.

Las cámaras del pasillo aparecieron en pantalla.

Aurora corriendo.

Bruno detrás.

Aurora chocando contra Damian.

Damian vio la escena sin mover un músculo.

Marco, en cambio, se quedó mirando el momento en que Bruno salió disparado contra la pared.

—Voy a borrar esa parte antes de que alguien de mantenimiento tenga una crisis religiosa.

—Guárdala.

—Alfa, se ve...

—Dije que la guardes.

Marco obedeció.

Avanzaron hacia atrás.

La cámara del elevador mostró a Aurora entrando al piso con Felipe Herrera y Mariana Rivas.

Damian se inclinó hacia la pantalla.

—Repite.

Marco repitió.

Felipe sonreía, demasiado pendiente de la copa en la mano de Aurora. Mariana caminaba al otro lado, con cara de hermana preocupada. Bruno apareció después, saliendo de una puerta de servicio.

Damian sintió cómo el lobo se levantaba.

—Nombres.

—El sistema del hotel marca la habitación a nombre de Felipe Andrés Herrera Domínguez —dijo Marco—. Invitados registrados: Mariana Rivas Soto y Bruno Zavala Torres. La señorita Aurora no aparece en el registro.

—Claro que no.

Marco siguió tecleando.

—Bruno Zavala. Antecedentes por lesiones, amenazas, dos denuncias retiradas. Trabajos ocasionales de seguridad privada. Relación informal con Mariana Rivas desde hace tres años. Hay fotos en redes.

Damian apoyó una mano en la mesa.

Marco miró la madera partida y decidió no mencionar que era otra mesa.

—Felipe Herrera —continuó—. Familia Herrera, proveedores de BellaRiva. Compromiso no anunciado formalmente con...

Se detuvo.

Damian giró la cabeza.

—Con quién.

Marco tragó saliva.

—Con Aurora Rivas Soleil.

La habitación quedó demasiado quieta.

—¿Compromiso?

—Parece arreglo familiar. No hay publicación reciente, pero hay fotos antiguas. Eventos de BellaRiva, cenas, graduaciones.

Damian miró la pantalla.

Felipe Herrera aparecía en una foto junto a Aurora. Él sonreía con mano posesiva sobre su hombro. Aurora tenía diecisiete o dieciocho, el cabello más corto y una sonrisa educada que no llegaba a los ojos.

Damian sintió náusea.

—Sigue.

Marco abrió otro archivo.

—Aurora Rivas Soleil. Veinte años. Estudiante de la UAM Xochimilco. Química Farmacéutica. Becada. Vive en residencia estudiantil. Padre: Ricardo Javier Rivas Mendoza. Madre registrada en documentos antiguos: Selene Luna Delacroix, fallecida hace doce años en accidente automovilístico.

Damian levantó la mirada.

—Luna.

—Sí.

—Su apellido era Luna.

Marco revisó.

—Acta original con apellido Luna. Rectificación posterior solicitada por el padre cuando era menor. Ahora figura como Rivas Soleil.

Damian pensó en Aurora saliendo de la habitación con la bata puesta antes que quedarse a esperar ayuda.

Pensó en la forma en que había dicho "mi papá vendería mi sombra".

—¿Qué le hizo ese hombre?

Marco no contestó de inmediato.

Eso fue respuesta suficiente.

—Dilo.

—Después de la muerte de Selene Luna, Ricardo Rivas tomó control de la empresa familiar. Luna Cosméticos pasó a llamarse BellaRiva. Don Augusto Luna, bisabuelo de Aurora, quedó en coma meses después tras una disputa legal con Ricardo. Está internado en una clínica de cuidados prolongados. Los pagos salen de cuentas controladas por Rivas.

Damian cerró los ojos.

Esta vez su lobo no rugió.

Se quedó esperando.

Eso era peor.

—Marco.

—Sí, Alfa.

—Dos días.

—¿Para qué?

—Para saberlo todo. Cada cuenta, cada denuncia, cada cámara, cada transferencia, cada persona que haya tocado esa copa. Y quiero a Bruno Zavala lejos de ella antes de que piense en acercarse.

Marco asintió.

—¿Uso a Diego?

Damian miró la foto de Aurora en la UAM, con bata de laboratorio y el cabello recogido.

—Sí. Pero con cuidado. Ella no confía en nadie.

—¿Y en usted?

Damian recordó la puerta de la habitación cerrándose después de ella.

—Menos.

Marco cerró la computadora portátil.

—La encontrará.

Damian tomó la hebra de cabello que había dejado sobre la mesa dentro de una bolsa transparente.

—Ya la encontré.

Marco lo miró.

Damian no apartó la vista de la ciudad.

—Ahora tengo que lograr que no vuelva a correr.

En la residencia de la UAM, Aurora estaba sentada en el suelo con ropa de Sofía, una taza de té en las manos y tres amigas mirándola como si fuera una bomba a punto de explotar.

—No voy a ir al hospital —dijo por quinta vez.

—Necesitas revisión —insistió Camila.

—Ya tomé lo que debía tomar.

Valeria frunció el ceño.

—¿Quién te lo dio?

Aurora sopló el té.

—El hombre que me ayudó.

—El misterioso.

—Sí.

—El que no sabes cómo se llama.

Aurora no levantó la mirada.

Camila dejó la taza sobre el escritorio.

—Mientes horrible cuando estás cansada.

—Entonces no preguntes.

Sofía intervino antes de que Camila siguiera.

—Está bien. Hoy no.

Valeria se sentó a los pies de Aurora.

—Pero si ese tipo aparece y resulta ser un imbécil, lo muerdo.

Aurora casi se atragantó con el té.

—¿Por qué morderías a alguien?

—Porque tú no tienes teléfono para grabar y yo no tengo abogado. Hay que usar lo disponible.

Camila la miró.

—Eres preocupante.

—Gracias.

Aurora abrazó la taza con ambas manos.

Por primera vez desde que había salido del hotel, sintió algo parecido a suelo bajo los pies.

No sabía que, a esa misma hora, Mariana ya había encontrado otra forma de alcanzarla.

1
Josephine 💜
🥰🥰🥰🥰
Primi Mendez
esta por terminar sin pasar casi nada 😕
Eva Domínguez Cobos
estuvo súper espero el final pronto
Primi Mendez
Mariana está pisando arena movedizas. no le conoce al protector de Aurora 🤢
Primi Mendez
esta bueno TÚ novela me encanta está pareja
Primi Mendez
Que hermoso como Damián cuida a su mujer y a su cachorro que viene en camino
Ivana Bollici
m encanta...super atrapante!
JZulay
Aurora no cayó en cuenta , lo de los 400 años 🤔🤭
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/🤭...muy sensibles.
El único de acero es el abuelo Esteban 😜
JZulay
comparsa.../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Joyful//Proud/ mucha gente 🤭
JZulay
comparsa 🤭🥹🥹🥹/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
por Dios......y se pela con las manos 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Doubt/...no solo fisgonear
JZulay
no fue mi lejos , no en distancia no en tiempo 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Emily Morillo ♥️
pero que terca esa pendeja
JZulay
🐺❤️🥰/Kiss//Kiss//Kiss/
JZulay
ay tía Lupe..../Facepalm//Facepalm//Facepalm/
ud es querendona y alborotadora 🤭
JZulay
estás bien ñepra...🤭...hasta el tape /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
yupiiiiiii .....🥳...estamos avanzando 👏🏼👏🏼
JZulay
los golpes enseñan /Sweat/
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