Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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16
La captura del espía dio un pequeño respiro al palacio.
Por primera vez en varios días no hubo ataques.
Sin embargo, la calma no tranquilizó a Astaroth.
Lo preocupó aún más.
—Cuando un enemigo deja de atacar... es porque está preparando algo peor —murmuró mientras observaba el jardín desde un balcón.
Esa tarde, el emperador del Imperio Solar tomó una decisión.
—Hasta encontrar al líder de la Orden de la Luna Carmesí, la princesa Selene no se moverá sin escolta.
Selene frunció el ceño.
—Padre, puedo protegerme sola.
—No esta vez.
Cedric apoyó la decisión.
—Después de todo lo que ha ocurrido, no pienso dejar que vuelvas a caminar sola.
El emperador demonio añadió con una sonrisa.
—Y ya sabemos quién será tu escolta.
Todos giraron hacia Astaroth.
Él levantó ambas manos.
—¿Yo? Pensé que por fin tendría vacaciones.
Selene respondió con frialdad.
—No te emociones. Es una orden, no un premio.
—Qué cruel eres, princesa.
Desde ese día...
Astaroth acompañaba a Selene a todas partes.
A la biblioteca.
A los jardines.
A las reuniones.
Al campo de entrenamiento.
Y, como era de esperarse...
No dejaba de hablar.
—¿Siempre entrenas tanto?
—Sí.
—¿Nunca descansas?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Cuando duermo.
Astaroth soltó una carcajada.
—Cada día mejoras respondiéndome.
Selene giró sobre sí misma y lanzó un rápido golpe con la espada.
Él lo esquivó inclinando apenas la cabeza.
—Eso estuvo cerca.
—No.
Respondió ella con total calma.
—Si hubiera querido darte, ya estarías en el suelo.
Astaroth sonrió.
—Empiezo a creerlo.
Más tarde...
Mientras atravesaban un antiguo puente de piedra sobre el lago del palacio, una fuerte ráfaga de viento sorprendió a Selene.
El tablón de madera bajo sus pies se rompió.
—¡Selene!
Ella perdió el equilibrio.
Instintivamente cerró los ojos.
Pero nunca cayó.
Un brazo rodeaba firmemente su cintura.
Al abrir los ojos...
Encontró el rostro de Astaroth a escasos centímetros del suyo.
Sus narices casi se rozaban.
Él la sostenía con una facilidad sorprendente.
—¿Ves? —dijo con una sonrisa suave—. Te dije que no dejaría que te pasara nada.
Por primera vez...
Selene fue incapaz de responder.
Podía sentir el calor de su respiración.
El latido acelerado de su propio corazón.
Y aquellos ojos dorados que la observaban con una intensidad desconocida.
Astaroth también dejó de sonreír por un instante.
Nunca la había visto tan de cerca.
Sus ojos azules parecían un cielo después de la lluvia.
—Creo que... —murmuró él.
—¿Qué...?
—Tus ojos son aún más bonitos cuando dejas de querer matarme.
Selene sintió que el rostro le ardía.
Empujó suavemente el pecho de Astaroth y se apartó de inmediato.
—Baja... la voz.
—¿Te sonrojaste?
—¡No!
—Sí lo hiciste.
—Fue por el esfuerzo.
—Claro...
Astaroth comenzó a reír.
Selene giró el rostro para ocultar el rubor que no podía controlar.
Y, desde una ventana del palacio, varias doncellas observaban la escena.
—¿Lo viste?
—¡La princesa se sonrojó!
—¡Es la primera vez!
Las jóvenes comenzaron a reír emocionadas.
Aquella noche...
Selene no podía dormir.
No dejaba de recordar el momento en el puente.
—¿Qué me está pasando...? —susurró mientras apoyaba una mano sobre su pecho.
Cada vez que cerraba los ojos...
Veía la sonrisa de Astaroth.
Su forma de protegerla.
La manera en que siempre encontraba una razón para hacerla reír, incluso en medio del peligro.
Un suave golpe en la ventana la sacó de sus pensamientos.
Toc... toc...
Frunció el ceño.
Abrió la ventana.
Y allí estaba Astaroth, sentado sobre la cornisa como si fuera la cosa más normal del mundo.
—Buenas noches.
Selene abrió mucho los ojos.
—¿¡Qué haces aquí!?
—No podía dormir.
—¿Y eso te pareció una buena idea?
—Sí.
Ella suspiró con resignación.
—Algún día me matarás de un susto.
Astaroth la observó con una expresión inusualmente sincera.
—Jamás permitiría que murieras antes que yo.
Aquellas palabras hicieron que el ambiente cambiara por completo.
Ya no había bromas.
Solo silencio.
Y dos corazones latiendo demasiado rápido.
Entonces...
Sin apartar la mirada de Selene, Astaroth dijo en voz baja:
—Empiezo a olvidar que todo esto comenzó por una alianza.
Selene sintió un vuelco en el pecho.
Antes de que pudiera responder...
Un grito desgarrador resonó por todo el palacio.
—¡¡FUEGO!!
Ambos corrieron hacia la ventana.
Una de las torres imperiales estaba envuelta en llamas.
Y, sobre el techo, una figura con una máscara plateada los observaba antes de desaparecer entre el humo.
El enemigo había vuelto.
Y esta vez...
Había elegido convertir el palacio en un infierno.
muchas gracias, bendiciones...