Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
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Capítulo 17: La Isla de los Sueños Robados
La isla estaba oscura. Pero no de noche.
Era como si alguien le hubiera apagado los colores a los sueños.
"Capitán", dijo Marco bostezando. "Tengo sueño. Pero no sueño nada."
Nicolás asintió. Él también. Desde que llegaron, su cabeza estaba vacía cuando cerraba los ojos.
"La Isla de los Sueños Robados", dijo la voz del Colmillo. Cansada. "Aquí Rojosangre se llevó todas las noches."
"1/10 del Volumen 2", escribió Nico. "Bajemos."
Desembarcaron. La isla era bonita. Pero gris.
La gente caminaba lento. Con ojeras. Con la mirada perdida.
Un hombre regaba plantas. Pero las plantas estaban muertas.
"¿Por qué riega si están muertas?" preguntó el chico de 15 años.
El hombre lo miró. "Porque mañana van a crecer. Siempre digo eso. Pero mañana nunca llega."
"2/10", escribió Héctor. "No tienen esperanza."
De repente todas las personas se tiraron al piso. A dormir.
Al mediodía.
"Duermen 16 horas", dijo una señora. "Para no estar despiertos. Porque despiertos duele."
Nico se acercó. "¿Y cuando sueñan?"
La señora se rió. Amarga. "No soñamos. Él se los llevó todos."
Señaló al cielo. Ahí había una red gigante. Negra. Y atrapados en la red... burbujas. Cientos.
Dentro de cada burbuja había una imagen. Un castillo. Un beso. Un dragón.
"Son sueños", dijo Héctor. "Guardados."
"3/10", dijo Nico. "Hay que bajarlos."
Pero cuando intentó trepar, se cayó. El Colmillo no tenía poder aquí.
"Los sueños no se pelean", dijo la voz. "Se sueñan."
Rojosangre bajó flotando. Hecho de humo negro. Con una almohada en la mano.
"Portador", bostezó. "Qué aburrido. Venir a despertar gente."
"Devuélveles los sueños", dijo Nico.
"¿Para qué?" dijo Rojosangre. "Los sueños mienten. Prometen cosas que no pasan. Mejor dormir sin soñar. Es más tranquilo."
Tiró la almohada. Y 20 personas más se durmieron al instante.
"4/10", escribió Nico. "No. Los sueños duelen. Pero también curan."
Sacó la Pluma. Pero no escribió. Cerró los ojos.
"Capítulo 17: La Isla de los Sueños Robados", pensó. "Había una vez una isla donde la gente dejó de soñar..."
Nada. No pasaba nada.
"5/10", dijo Rojosangre riéndose. "¿Ves? Sin sueños no hay historia."
Nico abrió los ojos. Estaba furioso. "Entonces los inventamos."
Miró a los 50 escritores. "¡Todos! ¡Acuéstense! ¡Y sueñen por ellos!"
"¿Cómo?" preguntó Marco.
"Imaginando", dijo Nico. "Con los ojos cerrados y el corazón abierto."
Los 51 se tiraron en la plaza. Y cerraron los ojos.
Nico empezó.
Imaginó un sueño. El suyo. De cuando era chico.
Soñó con su madre. Cocinandole. Soñó con su padre leyéndole cuentos. Soñó con una casa sin miedo.
Y cuando lo imaginó fuerte... una burbuja en el cielo brilló.
Bajó. Flotando. Y explotó sobre una niña.
La niña sonrió dormida. "Abuela..."
"6/10", gritó el Colmillo. "¡Funciona!"
Los 50 entendieron. Cada uno empezó a soñar un sueño para alguien más.
Héctor soñó con una biblioteca infinita. Y una burbuja bajó sobre un viejo.
Una chica soñó con volar. Y una burbuja bajó sobre el hombre de las plantas.
Marco soñó con reírse. Y una burbuja bajó sobre 3 niños.
"7/10", "8/10"...
Rojosangre se puso nervioso. "¡Paren! ¡Los sueños son míos!"
Cortó la red con la almohada. Y todas las burbujas cayeron.
Miles.
La gente empezó a soñar. Pero sin control. Pesadillas. Miedos.
Gritos.
"¡No!" gritó Nico. "¡Así no!"
Corrió al centro. Se tiró al piso. Y gritó:
"¡Yo sueño con un mundo donde nadie tenga miedo de dormir!"
Su voz fue tan fuerte que todas las burbujas se quedaron quietas.
Luego empezaron a ordenarse. Solas.
Cada burbuja buscó a su persona.
La del castillo fue con el niño.
La del mar fue con el pescador.
La del amor fue con la señora.
"9/10", susurró el Colmillo.
Rojosangre gritó. Y se lanzó contra Nico.
Pero antes de tocarlo, Nico abrió los ojos. Y dijo:
"Yo sueño que tú también puedes soñar."
Y le tiró una burbuja. La última.
Rojosangre la atrapó. Dentro había una imagen. Él. De niño. Leyendo un libro. Sonriendo.
Rojosangre la miró. Y lloró. Humo negro.
"No... no me acuerdo de esto..."
"10/10", dijo Nico. "Por eso te lo robé. Para que recuerdes."
Rojosangre tembló. Y desapareció. Dejando solo la almohada.
Silencio.
Luego... ronquidos. Pero felices.
Toda la isla dormía. Y sonreía.
Al amanecer, la gente se despertó. Diferente.
Con luz en los ojos.
El hombre de las plantas regaba. Y las plantas ya tenían brotes.
"Soñé que crecían", dijo. "Y hoy van a crecer."
La niña corrió a abrazar a Nico. "Soñé con mi abuela. Gracias."
Nico le revolvió el pelo. "Cuida tus sueños. Son tuyos."
"11/10", dijo el Colmillo. "Isla completada."
Antes de irse, toda la isla les dio algo. Almohadas. Para que no olviden dormir.
En el barco, Nico se acostó en la cubierta. Miró las estrellas.
"¿Crees que él volverá?" preguntó Héctor.
"No sé", dijo Nico. "Pero hoy soñó. Y eso ya es algo."
Cerró los ojos.
Y por primera vez en mucho tiempo... soñó.
Soñó con Vallegris. Pero no con el fuego. Soñó con su casa antes. Con risas.
"18/20 del total", dijo el Colmillo en su sueño. "Quedan 2."
Nico sonrió dormido.
Porque había entendido algo:
Los sueños no son para escapar de la realidad.
Son para tener fuerzas de volver a ella.
Y cambiarla.