Clara es una joven valiente que, tras la muerte de su padre y frente a las dificultades económicas de su familia, ve en un trabajo como niñera la oportunidad de cambiar la vida de todos. Es contratada para cuidar de Pedro, un niño pequeño y frágil, en la lujosa e imponente mansión de Enrico, un hombre rico, autoritario y enigmático.
Al principio, Enrico impresiona a Clara con su mirada intensa, sus reglas estrictas y su actitud distante, transmitiendo poder y control en cada gesto. Pero, a medida que Clara se acerca a Pedro, ganándose su confianza y demostrando dedicación y cariño, surge una tensión silenciosa entre ella y Enrico. Entre enfrentamientos y momentos de vulnerabilidad, nace la semilla de un sentimiento inesperado, delicado y peligroso, pues Enrico es tan intenso como misterioso.
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Capítulo 10
Pedro se despertó y era la hora de la merienda, y yo había invertido algunos horarios en la rutina, porque él no tenía sueño.
Mientras lo llevaba al baño, el Sr. Enrico entró en la habitación.
- ¿Srta.?
- Sí.
- Hoy me he tomado la tarde libre para estar con mi hijo.
- ¡Por fin! Susurré poniendo los ojos en blanco, en un pensamiento en voz alta.
- ¿Cómo?
- ¡Qué bueno, Sr.! Digo sonriendo.
- Pedrinho te echa de menos. Completé.
- Pedro. Pedro, Srta. Me corrige.
Lo ignoro.
- Esto es bueno para él.
- ¿Ya ha tomado la merienda?
- No, ahora lo hará.
- ¿Y por qué ha estado durmiendo hasta ahora?
- Simplemente he adaptado la rutina para el día de hoy.
- Srta., pero ya le he di...
- ¿Nos acompañará? Digo interrumpiendo el mismo sermón repetitivo... donde ya sé lo que va a decir.
- Sí. En realidad, quiero pasar este tiempo a solas con él. Entonces... te estoy dando la tarde libre.
Arqueé la ceja, como quien está incrédula.
- Está bien.
- Esta noche dormirá conmigo. Así que puedes dormir en tu habitación. Regresa mañana a las 7hs.
- Perfecto.
- Hasta mañana entonces. Digo sonriendo. Le doy un besito en la cara a Pedro y salgo.
Es la primera vez que tendré un descanso... bueno, un mini descanso, pero ya es un comienzo. Voy a mi habitación, me tiro sobre el colchón enorme y suave.
Será mi primera noche en esta cama.
Decido tomar un baño caliente para relajarme.
Entro en el baño, que por cierto es solo mío... dentro de mi habitación. Con tantos hermanos apenas podía usar el baño con tranquilidad.
Elijo un pijama cómodo, lo desdoblo y lo coloco sobre la cama. Son solo las 15hs, pero quiero darme el lujo de vestir algo que no sea un uniforme. Entro en el baño, enciendo la ducha y pongo una lista de reproducción en el celular para que suene.
Mientras me lavo el pelo canto y bailo en la ducha. Después de finalizar el baño me envuelvo en la toalla y salgo.
Justo en el estribillo de mi canción favorita subo el volumen y canto alto.
"This girl is on fire.
This girl is on fire.
She's walking on fire.
This girl is on fire.
Looks like a girl, but she's a flame
So bright, she can burn your eyes
Better look the other way."
(Girl On Fire - Alicia Keys)
"Esta chica está en llamas
Esta chica está en llamas
Ella está caminando sobre las llamas.
Esta chica está en llamas.
Parece una chica, pero es una llamarada
Tan brillante, que puede quemar tus ojos.
Mejor mirar hacia otro lado."
Cierro mis ojos sintiendo la melodía invadir mi alma. Mientras mi pecho se calienta con la música que sale de dentro de mi ser.
Cuando abro mis ojos... Enrico está parado hipnotizado mirándome.
- ¡AAAAAAAAAA!!!! Grito con el susto de su presencia. Con el salto que doy, la toalla enrollada sobre mi cuerpo cae a mis pies.
Automáticamente Enrico se da la vuelta.
Me agacho, cojo la toalla y me envuelvo de nuevo.
- Disculpe, Srta. Dice aún de espaldas.
- Yo... yo voy a vestirme... ya vuelvo.
Cojo el pijama y corro al baño. Me miro en el espejo, estoy sonrojada de vergüenza... Dios mío, me he quedado desnuda delante del jefe.
Él fue un caballero respetuoso al darse la vuelta... pero sé que él vio.
"Y ahora ¿qué hago?, pienso"
Me visto y decido salir.
Él está parado en el mismo lugar, aún de espaldas.
Apago el sonido del celular.
- ¿Sr. Enrico?
- ¿Puedo darme la vuelta?
- Sí, puede. Digo avergonzada.
- Sr. Enrico, discul...
- Srta., perdóneme. No debería haber entrado en su habitación. Y... en mi defensa toqué la puerta, llamé, pero por causa de la música no me oyó. Fue cuando decidí abrir la puerta y entrar. Perdóneme... esto no se va a repetir. Dice interrumpiéndome.
- ¡Está bien! Es que como estaba de descanso pensé en...
- Vine por causa de Pedro. Me interrumpe de nuevo.
- ¿Está bien? ¿Ha pasado algo? Pregunto preocupada.
- Sí, está todo bien. Srta., él no ha comido nada en la merienda y Rosa me ha dicho que él ha rechazado la mayoría de los alimentos.
- Sí. Verdad.
- ¿Y usted no insiste? Necesita insistir, con el tiempo se acostumbra.
- Sr., con todo respeto, ¿el Sr. ya ha probado lo que él come?
- ¡No!
- Pues debería, la comida es pésima, horrible, sin color, olor o sabor. Digo con cara de asco.
- Srta., esas comidas fueron creadas por los mayores...
- Bla bla bla. Digo pensando en voz alta.
- ¿Cómo? Pregunta con seriedad.
- Sr. Enrico, yo comprendo su preocupación... pero honestamente esos profesionales le están robando. Pedro necesita comida de verdad, frutas, legumbres, carne, arroz, frijoles, yogur.
- La leche y sus derivados son inflamatorios.
- ¿Es intolerante?
- No, pero...
- Sr., la leche es fuente de calcio. Deje al niño ser feliz y comer cosas ricas. No quiere dar alimentos industrializados, yo le apoyo. Pero deje al chico ser normal.
Él pone los ojos en blanco.
- Él tiene comida de verdad.
- Es batida, como sopa o puré. En serio, ¿quién vive así? Ni siquiera el Sr. come de esa forma.
- Usted es... es... respira hondo. E interrumpe la frase que él intentaba formar.
- ¡Ok! Vamos a intentarlo. Pero si él no come volvemos al menú listo. Voy a avisar a Rosa sobre la alteración. Buen descanso. Dice y sale golpeando la puerta.
Respiro aliviada. Cada vez que estamos cerca saltan chispas. Definitivamente somos como agua y aceite. Me tiro en la cama riendo de la situación.