Fabián Black está a seis semanas de perder su herencia, el control del imperio hotelero familiar y cualquier posibilidad de seguir viviendo como siempre. Encontrar una esposa debería ser fácil. Sin embargo, una tras otra, todas las candidatas desaparecen antes de llegar al altar.
Rebeca Martínez tiene problemas mucho más urgentes. Entre dos trabajos agotadores, una sobrina en cuidados neonatales y una economía que se sostiene con pura voluntad, el amor ocupa el último lugar de su lista de prioridades.
Cuando un encuentro inesperado los lleva a aceptar un matrimonio por conveniencia, ambos creen tener las reglas claras.
Hasta que, durante la negociación, Rebeca le advierte:
--Si vamos a dormir juntos, hay algo que debes saber. Yo duermo con Babydoll y eso no es negociable
Durante unos segundos, Fabián creyó que aquel acuerdo sería mucho más interesante... Qué equivocado estaba.
Porque el verdadero desafío no era casarse... era sobrevivir al caos...
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DESTINO DE LUNA DE MIEL
NARRADOR
Margaret buscó a Rebeca y a Fabián para decirles que debían ir hacia el aeropuerto. Viajarían en primera clase hacia su destino de luna de miel.
Ella tenía su propio avión, por lo que el nuevo matrimonio viajaría con las mayores comodidades posibles.
Fabián había tomado varias copas de champaña y aunque no estaba ebrio mostraba signos claros de que el alcohol le había empezado a hacer efecto.
--No empaqué una maleta-- Dijo ella de repente
--Me encargué de eso con ayuda de la señora Black-- Mencionó Arthur dándole tranquilidad
--Eres un ángel. Gracias-- Ella le dio un rápido abrazo que lo sorprendió
--Jamás me abrazaste a mí-- Opinó Fabián con una sonrisa alcoholizada-- Me engañarás con Arthur
--No te ahorco porque es ilegal. Camina o pasaremos la luna de miel en distintos lugares-- Él obedeció
Cuando los dos abordaron el avión, Rebeca se sintió nerviosa. Su mayor aventura había sido ir una larga distancia en el bus de pie por falta de asientos. Nunca había ido fuera de la ciudad, mucho menos había visto un avión ni subido a uno.
Fabián se sentó frente a ella y se puso el cinturón de seguridad. Rebeca lo imitó.
--¿Sabes dónde vamos?-- Le preguntó ella
--Seguramente a una playa. Mi abuela sabe que me encanta nadar-- Él sonrió-- ¿Trajiste bikini?
--Tu si eres tonto. No empaqué ninguna maleta, ni siquiera sabía dónde viajaríamos-- Él la miró y guardó silencio
Cuando el avión despegó, Rebeca respiró agitada y cerró los ojos con fuerza. No le gustaba la sensación que le provocaba volar y tenía miedo. Si algo le ocurriera al avión su familia no tendría a quien llorarle. Un automóvil o un bus eran más seguros.
Fabián se divirtió viéndola sufrir. Era obvio que estaba aterrada, pero después de haber pasado tantos disgustos le resultaba una pequeña victoria personal después de tantas derrotas.
Rebeca abrió sus ojos después y se tranquilizó.
No tenía idea de cuánto duraría el vuelo.
--Serás mi esposa un año. Me lo dijo mi abuela. Si te engaño mi vida será un infierno, también me lo comunicó
--Si me engañas y alguien se entera será un problema-- A ella no le preocupaba si le era infiel, pero ¿Con un hombre? Eso sí sería humillante así estuviera convencida de que era gay
--Tu tampoco deberías engañarme. La condena será para los dos-- Él no toleraría que ella lo traicionara mientras que él no tenía la oportunidad de hacerlo
--Claro porque lo que más me interesa es conocer a un nuevo imbécil. Luego de mí ex ladrón y de conocerte a ti... puedes estar tranquilo de que no pasará
Fabián creyó que ella estaba siendo sincera. Eso le dio tranquilidad. Mucha.
El vuelo se hizo interminable para los dos. No sé conocían y no tenían interés en hacerlo. Cualquier mínima conversación era motivo de discusión, por lo que se mantuvieron en silencio.
Al aterrizar el avión, Fabián sonrió quitándose el cinturón de seguridad. Estaba feliz de haber llegado a un destino tropical y paradisíaco.
La felicidad le duró treinta segundos porque cuando salió del avión notó que estaban a muy bajas temperaturas y lo peor era que estaba todo cubierto de nieve.
--¡Odio la nieve! Mi abuela lo sabe-- Rebeca se acercó viendo la nueva crisis de su esposo y comprendió que esos tres días de luna de miel serían muy difíciles
--Voy a congelarme. No tengo ropa tan abrigada. ¿Por qué yo también fui castigada?-- Preguntó
Fabián sabía que dentro de sus maletas habría ropa necesaria para soportar el frío. Su abuela era cruel, pero no tanto para enviarlo a morir de hipotermia.
--En la maleta seguro tengas lo necesario para no morir aquí. Lo que me molesta es que sabe que odio el frío y aún así nos envió aquí-- Dijo él descendiendo temblando de frío
Una de las azafatas le dio a Rebeca un gran tapado que ella no rechazó. Sus dientes chocaban entre si debido al frío y sabía que su esposo no le daría su chaqueta ni en mil años. Él era todo a excepción de un caballero.
--¿Y para mí?-- Él creyó que también recibiría un abrigo
--Aqui tiene, señor Black-- Le entregó un gorro de lana y una bufanda
--Esto me lo envió Arthur. Lo sé. Es verde insecto-- Aceptó las cosas de mala gana y se las puso más que enfadado
--Pareces un caramelo de manzana-- Le dijo solamente para molestarlo mientras subía al vehículo que los llevaría al hotel
--Muy graciosa-- El la miró con furia
Al llegar al hotel que le pertenecía a Margaret, fueron llevados a una habitación. Sería su primera noche durmiendo juntos.
--Aquí no hace frío. Gracias a Dios-- Dijo ella quitándose el abrigo y abriendo la maleta para encontrar calcetines. Sentía los pies helados
--Ni bikini ni babydoll ni nada. Una bufanda y un gorro-- El arrojó aquello sobre un sofá
--Dormiré con babydoll al regresar. Ya lo sabes y me dijiste que no es un inconveniente. Sobre el bikini no entiendo lo que quieres decir: ¿Te gusta usar ese tipo de prendas?
Él se puso rojo de rabia.
--¿A mí? Estás loca
--Yo no juzgaré. Gustos son gustos y los respeto
Ella seguía pensando que su esposo era gay y que tal vez estaba frustrado por no poder ser él mismo. Imaginaba lo mal que él debía sentirse por no poder salir del clóset y porque además estaba casado con una mujer.
Al momento de dormir, Rebeca se rió al ver un pijama de color verde fluorescente. El color no le importaba, porque era calentito.
--El que compró eso fue Arthur. No tengo pruebas ni tampoco dudas
--Parezco una mantis radioactiva-- Ella giró y él suspiró frustrado. ¿Lo peor? Es que ella parecía feliz y despreocupada
Él jamás había imaginado casarse, pero entre tantas posibilidades nunca hubiese pensado que su matrimonio sería así. Mucho menos que su esposa fuera indiferente a su encanto.
Su ego estaba más que sepultado y todo por la noche de bodas sin saber que al regresar sería la prueba verdadera para su limitada paciencia. El caos acababa de comenzar y él no imaginaba eso.
que harás 🤣🤣🤣
cóbrate todo 😂
Rebeca, Fabian ya dejen el estire y encoge y de una vez consuman el matrimonio. Hay
Fabi si sigues con ese verano vas a caminar por las paredes y tu Rebeca vas saber lo que es un revolcon de élite y no vas a querer parar para recuperar el tiempo perdido🤭🤭🤣🤣🤣