La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Capítulo 9: La Octava Carta
Luna no durmió.
Ni siquiera lo intentó.
Permaneció sentada junto a la ventana hasta que amaneció.
Observando la calle.
Esperando volver a ver a la mujer.
Esperando alguna señal.
Pero no apareció.
Como si jamás hubiera estado allí.
Como si todo hubiera sido una ilusión.
Y sin embargo...
La nota seguía sobre la mesa.
La prueba de que aquello había ocurrido.
La prueba de que no estaba perdiendo la razón.
O al menos no completamente.
Las palabras seguían escritas en el papel.
"NO ABRAS LA OCTAVA CARTA."
Luna las leyó una y otra vez.
Intentando encontrar un significado oculto.
Una respuesta.
Una explicación.
Pero solo encontró más preguntas.
Durante el desayuno apenas habló.
Su madre pareció notarlo.
—¿Te ocurre algo?
—No.
—Pareces cansada.
—Dormí poco.
Era mentira.
No había dormido nada.
Pero no podía contarle la verdad.
¿Cómo iba a explicarle que una versión futura de sí misma había aparecido frente a la puerta de la casa?
¿Cómo iba a explicar las cartas?
La caja.
El hombre de negro.
Los recuerdos perdidos.
Era imposible.
Porque ni siquiera ella lo comprendía.
Aquella tarde regresó al altillo.
Sabía que no debía hacerlo.
Sabía que era peligroso.
Pero la curiosidad era más fuerte.
Siempre había sido más fuerte.
La caja continuaba allí.
Esperándola.
Silenciosa.
Inmóvil.
Como un animal paciente.
Luna se acercó lentamente.
Y entonces lo vio.
Un nuevo sobre.
Más oscuro que los demás.
Más antiguo.
Más inquietante.
La Octava Carta.
Su corazón comenzó a acelerarse.
La advertencia volvió a su mente.
No abras la Octava Carta.
Pero otra voz apareció también.
La del hombre de negro.
"Si quieres la verdad, debes recordar."
Las dos advertencias chocaban entre sí.
Como dos caminos opuestos.
Como dos destinos diferentes.
Luna cerró los ojos.
Y tomó una decisión.
Abrió la carta.
El mundo explotó.
No hubo luces.
Ni niebla.
Ni oscuridad.
Solo recuerdos.
Miles de recuerdos.
Millones.
Todos al mismo tiempo.
Luna cayó de rodillas.
Gritando.
Sujetándose la cabeza.
Las imágenes aparecían demasiado rápido.
Demasiado intensas.
Demasiado reales.
Vio ciudades antiguas.
Vio trenes.
Vio guerras.
Vio personas que jamás había conocido.
Y sin embargo...
Las recordaba.
Las recordaba todas.
Porque había estado allí.
Porque había vivido aquellas vidas.
Porque todas eran ella.
Entonces apareció un recuerdo diferente.
Más antiguo.
Más importante.
Una biblioteca infinita.
Estantes interminables.
Libros hasta donde alcanzaba la vista.
Y en el centro...
Una puerta.
Negra.
Completamente negra.
La misma puerta aparecía una y otra vez.
En distintos recuerdos.
En distintas épocas.
Siempre la misma.
Siempre cerrada.
Y frente a ella...
El hombre de negro.
Más joven.
O quizás no.
Era imposible saberlo.
Nunca parecía cambiar.
—No la abras.
La voz resonó dentro del recuerdo.
—¿Por qué?
Preguntó otra Luna.
Una Luna de otra época.
—Porque cuando lo hagas...
Todo terminará.
Las imágenes cambiaron nuevamente.
Y Luna comprendió algo aterrador.
Había abierto la puerta.
No una vez.
Varias.
Muchas veces.
Demasiadas.
Y cada vez ocurría lo mismo.
El mundo se rompía.
La historia comenzaba de nuevo.
Y sus recuerdos desaparecían.
Como si alguien reiniciara una página escrita.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Luna abrió los ojos sobresaltada.
Había regresado al altillo.
La carta descansaba abierta frente a ella.
Pero ahora estaba vacía.
Completamente vacía.
Como si nunca hubiera tenido palabras.
Como si hubiera cumplido su propósito.
La joven respiraba con dificultad.
Las lágrimas corrían por sus mejillas.
Porque por primera vez recordaba algo.
Algo importante.
No todo.
Solo un fragmento.
Pero suficiente.
Suficiente para comprender que el hombre de negro no mentía.
Los ciclos eran reales.
Las otras versiones eran reales.
Y la puerta negra también.
Entonces escuchó aplausos.
Lentos.
Suaves.
Detrás de ella.
Luna se giró inmediatamente.
Y lo vio.
El hombre de negro estaba apoyado contra una de las vigas del altillo.
Observándola.
—Lo hiciste.
—La abrí.
—Sí.
—Me advirtieron que no lo hiciera.
El hombre sonrió con tristeza.
—También te lo advertí yo.
Aquella respuesta la sorprendió.
—¿Qué?
—Nunca quise que llegaras tan lejos.
El silencio llenó la habitación.
—Entonces ¿por qué no me detuviste?
Por primera vez el hombre pareció cansado.
Realmente cansado.
Como alguien que llevaba siglos luchando una batalla imposible.
—Porque siempre eliges abrirla.
Luna sintió un escalofrío.
Porque en el fondo sabía que era verdad.
Entonces el hombre se acercó.
Lentamente.
Y por primera vez le entregó algo.
Una llave.
Pequeña.
Negra.
Antigua.
La misma llave que había visto en algunos recuerdos.
—¿Qué es?
El hombre la observó fijamente.
Y respondió:
—La llave de la puerta.
El corazón de Luna dejó de latir por un instante.
—No.
—Sí.
—Pensé que intentabas evitar que la encontrara.
—Lo intenté.
—Entonces ¿por qué me la das?
La respuesta llegó en forma de susurro.
Una respuesta que hizo que toda la realidad temblara.
—Porque alguien ya abrió la puerta.
El silencio fue absoluto.
Luna sintió que el aire desaparecía.
—¿Qué?
El hombre levantó la vista.
Y por primera vez ella vio miedo en sus ojos.
Miedo verdadero.
—Y esta vez no fui yo.
Continuará...