Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Festival de la cosecha 2
El festival rebosaba de vida.
El aroma del pan recién horneado se mezclaba con el de las flores silvestres.
Los niños corrían entre los puestos riendo.
Los músicos llenaban el aire con melodías alegres.
Y Sarah caminaba al lado del duque Benjamin Laurent, sintiendo que los nervios que la habían acompañado desde la mañana desaparecían poco a poco.
Con él era sorprendentemente fácil conversar.
—No imaginaba que un festival de la cosecha fuera tan animado.
Comentó Benjamin mientras observaba a unos campesinos bailar.
Sarah sonrió.
—Cuando era pequeña quería venir todos los años.
—¿Y no podía?
Ella negó con una pequeña risa.
—Mi padre decía que no era seguro. Pero despues comencé a estudiar y a pedirlo como premio por mis buenas calificaciones.
Benjamin soltó una carcajada.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Como cuáles?
—Que sepa tanto.
Los dos siguieron caminando.
Después de unos segundos, Benjamin la observó discretamente.
El vestido azul que llevaba parecía haber sido hecho para ella.
Resaltaba el color de sus ojos.
Y el viento movía suavemente algunos mechones de su cabello.
Sin darse cuenta...
Las palabras escaparon solas.
—Por cierto...
Sarah lo miró.
—¿Sí?
Benjamin sonrió con sinceridad.
—El azul le queda realmente muy bien.
Sarah sintió que el calor subía inmediatamente hasta sus mejillas.
—¿De verdad?
—Sí.
Respondió él sin apartar la vista.
—Se ve... muy hermosa.
El silencio duró apenas un segundo.
Benjamin volvió la vista hacia el frente.
[Benjamin...]
[¿Qué acabas de decir?]
Carraspeó discretamente.
[Tiene diecisiete años.]
[Controla tus palabras.]
Sarah, por su parte, intentaba mantener una expresión tranquila.
Pero era imposible.
La sonrisa seguía escapándosele.
—Muchas gracias...
Respondió con una voz un poco más baja de lo habitual.
Continuaron caminando.
Ambos ligeramente sonrojados.
Al doblar una esquina...
Una pequeña niña sostenía una cesta llena de flores.
Al verlos se acercó inmediatamente.
—¡Mi señor!
Benjamin sonrió.
—Hola.
La niña levantó un pequeño ramo.
—Cómprele flores a su hermosa novia.
Sarah abrió muchísimo los ojos.
—¡N-no!
Respondió de inmediato.
—No somos...
Pero antes de terminar la frase...
Benjamin ya estaba sacando unas monedas.
La niña sonrió de oreja a oreja.
—¡Muchas gracias!
Le entregó un hermoso ramo de flores silvestres.
Benjamin lo tomó.
Y, con absoluta naturalidad...
Lo acercó hacia Sarah.
—Aunque la pequeña se equivocó...
Sonrió con calidez.
—Las flores sí le pertenecen.
Sarah recibió el ramo con muchísimo cuidado.
Miró las flores.
Después a Benjamin.
Y volvió a sonreír.
—Son preciosas.
Justamente...
Aquella escena fue vista desde el otro extremo de la plaza.
Archibald Smith.
Su expresión cambió por completo.
Un hombre elegantemente vestido.
Entregándole flores a Sarah.
Y ella...
Sonriendo de aquella manera.
Sintió que la sangre le hervía.
—¿Lord Smith?
Preguntó Sienna.
Él ni siquiera respondió.
Comenzó a caminar rápidamente.
—¡Espere!
Intentó detenerlo sujetándole el brazo.
Pero Archibald la apartó de un brusco empujón.
Sienna perdió el equilibrio.
Chocó violentamente contra un puesto de comida.
Algunos recipientes cayeron al suelo.
Ella soltó un pequeño quejido de dolor.
Pero Archibald ni siquiera miró hacia atrás.
Solo tenía los ojos puestos en Sarah.
Benjamin fue el primero en notar que alguien se acercaba.
Un joven.
Con el rostro completamente desencajado.
Los puños cerrados.
Y una expresión llena de rabia.
Instintivamente dio un paso.
Quedando delante de Sarah.
Como si su propio cuerpo se hubiera movido antes de que él pudiera pensarlo.
Archibald llegó frente a ellos.
Miró directamente a Sarah.
—¡Lady Sarah!
Ella suspiró con un cansancio evidente.
—Buenas tardes, lord Smith.
Él señaló al duque.
—¿Quién es este hombre?
Después miró el ramo de flores.
—¿Y por qué acepta flores de él?
Sarah respiró profundamente.
—Lord Smith.
Su voz seguía siendo tranquila.
—No creo tener que darle explicaciones sobre eso.
Después miró a Benjamin.
—¿Continuamos?
Benjamin asintió.
Los dos intentaron seguir caminando.
Pero él seguía atento a Archibald.
Había visto demasiados hombres dominados por los celos como para bajar la guardia.
Mientras avanzaban preguntó en voz baja.
—¿Quién es?
Sarah apenas alcanzó a responder.
—Es el hijo del...
—¡Lady Sarah!
Archibald volvió a acercarse.
La rabia era aún mayor.
—¡A mí nunca me aceptó flores!
Sarah cerró un instante los ojos.
—Lord Smith...
—¡Ni siquiera aceptó acompañarme al festival!
Señaló a Benjamin.
—¡Y a este hombre sí!
Sarah ya comenzaba a perder la paciencia.
—No tengo ninguna obligación de justificar con quién hablo o camino.
Intentó marcharse nuevamente.
Pero entonces...
Archibald sujetó con fuerza su brazo.
—¡Quiero una explicación!
Sarah sintió inmediatamente la presión.
Frunció el ceño.
Antes de que pudiera reaccionar...
Benjamin levantó apenas una mano.
Un pequeño remolino de agua apareció a su alrededor.
Nadie alcanzó siquiera a comprender qué había ocurrido.
El agua se condensó en un instante.
Y...
Una potente bofetada de agua impactó directamente el rostro de Archibald.
El joven salió desequilibrado hacia atrás.
Empapado de pies a cabeza.
Y soltó inmediatamente el brazo de Sarah.
Toda la plaza quedó en silencio.
Archibald, sentado en el suelo, tardó varios segundos en comprender qué había pasado.
En ese momento...
Sienna llegó corriendo.
Tenía el vestido manchado.
El brazo raspado.
Y una pequeña herida en la frente por el golpe contra el puesto.
Pero al ver a Archibald empapado...
Se arrodilló junto a él.
—¡Lord Smith!
Lo ayudó a incorporarse.
—¿Está bien?
Ni siquiera mencionó sus propias heridas.
Después miró indignada a Benjamin.
—¡No puede atacar así a las personas!
Sarah negó lentamente con la cabeza.
No tenía ninguna intención de quedarse discutiendo.
Simplemente...
Tomó la mano de Benjamin.
—Vámonos.
Benjamin bajó la vista.
Observó la pequeña mano sujetando la suya.
Y la siguió sin decir una palabra.
Aquello terminó de romper la poca calma que le quedaba a Archibald.
—¡Sarah!
Intentó correr tras ellos.
Pero apenas dio dos pasos...
Otra enorme cantidad de agua cayó exactamente sobre él.
Esta vez desde arriba.
Volvió a quedar completamente empapado.
Archibald levantó lentamente la cabeza.
Benjamin lo observaba por encima del hombro.
Con una ligera sonrisa ladeada.
Una sonrisa tranquila.
Elegante.
Pero absolutamente provocadora.
Después continuó caminando al lado de Sarah.
Sin volver a mirarlo.
Archibald apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos.
Cuando ya estaban bastante alejados...
Sarah soltó lentamente la mano del duque.
Se veía avergonzada.
—Lo siento muchísimo.
Benjamin la miró sorprendido.
—¿Por qué se disculpa?
—Por haberlo involucrado.
Ella bajó la vista.
—Lord Smith es hijo del barón Smith. Visita con frecuencia nuestra mansión. Últimamente pasa mucho tiempo con mi prima Sienna.
Respiró profundamente.
—Pero yo jamás le he aceptado flores. Ni invitaciones. Ni promesas. Ni absolutamente nada.
Benjamin comprendió la situación casi de inmediato.
No necesitó más explicaciones.
Había visto demasiadas veces aquel tipo de comportamiento.
No era amor.
Era orgullo.
Posesividad.
Y la incapacidad de aceptar un rechazo.
Sarah intentó sonreír.
—Olvidemos el asunto.
Levantó nuevamente el ramo de flores.
—Todavía queda mucho festival por recorrer.
Benjamin le devolvió la sonrisa.
—Claro.
Continuaron caminando.
Hablaron otra vez de los puestos.
De la música.
De las comidas típicas.
Sarah consiguió volver a reír.
Poco a poco.
Como si quisiera dejar atrás el mal momento.
Pero Benjamin...
No podía olvidarlo.
Cada vez que recordaba la mano de Archibald aferrándose con fuerza al brazo de Sarah...
Sentía cómo la ira volvía a recorrerle el pecho.
[Sujetó su brazo como si tuviera derecho sobre ella...]
Respiró lentamente.
Ocultó por completo cualquier emoción en su rostro.
Sarah no debía preocuparse más.
Así que siguió conversando con total tranquilidad.
Sonriendo cuando ella sonreía.
Escuchándola con atención.
Como si nada hubiera ocurrido.
Sin embargo...
En el fondo de su corazón...
Ya había tomado una decisión.
[Ese joven es impulsivo.]
[Y un hombre con el orgullo herido puede volverse realmente peligroso.]
Volvió a mirar discretamente el brazo de Sarah.
Aún podía imaginar la fuerza con que había sido sujetado.
Su expresión permaneció serena.
Pero su determinación era absoluta.
[Mientras yo pueda evitarlo...]
[No permitiré que vuelva a ponerle una mano encima.]
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶