Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4: La Isla de los Libros Quemados
La isla humeaba.
Desde lejos "La Gaviota Muerta" parecía una mancha negra en el mar. Cuando se acercaron, Marco vomitó.
"Capitán... ¿qué es ese olor?"
Nicolás apretó el timón. Ya lo conocía. Olía a ceniza. A papel quemado. A historias muertas.
"Libros", dijo. El Colmillo Carmesí le quemaba en el pecho. "3/10. Necesito uno más."
"¿Y por qué hay tanto humo?" preguntó Marco.
"Porque Rojosangre estuvo aquí."
Desembarcaron en una playa de arena gris. Todo estaba negro. Árboles calcinados. Casas destruidas. Y en el centro... los restos de una biblioteca gigante.
Montañas de libros quemados. Del tamaño de un edificio.
"Esto era Puerto Sabio", dijo una voz en la cabeza de Nico. La voz vieja. "La biblioteca más grande del mundo. 1 millón de libros."
Nico caminó entre las cenizas. Cada paso levantaba polvo negro.
"¿Por qué lo hizo?" susurró.
"Porque le tiene miedo", dijeron las voces. "Le tiene miedo a lo que no puede controlar. A los recuerdos."
Nico se arrodilló. Agarró un libro quemado. La tapa decía: "Cuentos para niños". Estaba todo carbonizado.
"Escribe", dijo la voz ronca. "Aquí hay miles de historias atrapadas. Libéralas."
Nico abrió el Colmillo Carmesí. Página en blanco.
"¿Por dónde empiezo?"
"Por la bibliotecaria", dijo una voz de mujer. Joven. "Me llamaba Elena. Tenía 30 años. Murió protegiendo estos libros."
Nico cerró los ojos. Y vio.
Vio a una mujer parada frente a la puerta. Con un bebé en brazos. Rojosangre entrando con antorchas.
"¡Quema!" gritó él.
"¡No!" gritó ella. "¡Los niños necesitan historias!"
Le prendieron fuego.
Nico escribió. Le temblaba la mano.
"Capítulo 4: La Isla de los Libros Quemados. Elena no soltó al bebé. Lo tapó con su cuerpo. Cuando el fuego la alcanzó, lo último que dijo fue: 'Lee'."
Cuando terminó, la ceniza a su alrededor brilló. Débil.
Y escuchó: "Gracias, Portador."
4/10.
El Colmillo vibró más fuerte. En la portada apareció la marca roja.
"¿Sientes eso?" dijo la voz vieja. "El segundo poder está cerca. Solo faltan 6 historias."
Marco tocó el hombro de Nico. "Capitán... hay alguien ahí."
Entre las ruinas, un niño. 8 años. Sucio. Con un libro chamuscado abrazado al pecho.
"¿Eres... eres real?" preguntó el niño.
Nico se acercó lento. "¿Cómo te llamas?"
"Lucas", dijo. "Me escondí. Vi como quemaban todo. Se llevaron a mi mamá."
Nico se arrodilló frente a él. Le dolía la cicatriz.
"Lucas, ¿quieres que escriba la historia de tu mamá?"
El niño asintió. Llorando.
Nico escribió otra vez. La historia de una madre costurera. Que le contaba cuentos a Lucas todas las noches. Que lo escondió en un barril antes de que llegara Rojosangre.
5/10.
Lucas abrazó a Nico. "¿Ella está en el libro ahora?"
"Sí", dijo Nico. "Y nadie la va a olvidar."
De repente el Colmillo explotó en luz.
Nico gritó. Dolía. Pero era un dolor bueno.
En la portada apareció tinta nueva:
"5/10. Segundo poder desbloqueado: Llamado de Recuerdos."
"¿Qué hace?" preguntó Marco.
Nico levantó la mano. Cerró los ojos.
"Vengan", susurró.
Del humo salieron figuras. Transparentes. Elena con el bebé. La mamá de Lucas. Tomas el pescador. Ana con su muñeco.
10 fantasmas. Mirando a Nico.
"Podemos pelear por ti", dijo Elena. "Somos recuerdos. Y los recuerdos son más fuertes que el fuego."
Nico abrió los ojos. Estaba llorando.
"Gracias", dijo. "Pero todavía no. Guárdense. Los voy a necesitar contra Rojosangre."
Los fantasmas asintieron y desaparecieron.
Lucas miraba todo con la boca abierta. "¿Eres un mago?"
"Soy un escritor", dijo Nico. "Y voy a escribir el final de ese tipo."
Guardó el libro. Miró la biblioteca quemada.
"Marco, vamos a llevarnos lo que quede. Papel. Tinta. Lo que sirva."
"¿Para qué?"
"Para escribir", dijo Nico. "Tengo 5 historias más. Y después... después voy a quemar al que quema libros."
Subieron todo a "La Gaviota Muerta". Al irse, Nico prendió una antorcha.
La tiró sobre la montaña de cenizas.
No para quemar. Para dar luz.
"Por Elena", dijo. "Por Lucas. Por todos."
El fuego iluminó la noche. Pero este fuego no destruía. Este fuego recordaba.
En el mar, a lo lejos, un barco con velas rojas los estaba viendo.
Rojosangre sonrió. "Que escriba. Cada palabra lo acerca más a mí."
Nico no lo vio. Estaba escribiendo.
"Capítulo 4 terminado", murmuró. "5 más."
El Colmillo Carmesí pesaba menos. Porque ahora cargaba menos dolor.
Y más esperanza.