Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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17
Las llamas consumían una de las torres del Palacio Solar.
Los soldados corrían desesperados para controlar el incendio.
Pero Astaroth no observaba el fuego.
Sus ojos dorados estaban fijos en una única dirección.
El bosque.
—Ya basta... —murmuró.
Selene lo miró.
Nunca lo había visto tan serio.
—¿Qué sucede?
Él respondió sin apartar la vista del horizonte.
—El incendio no es el ataque.
Es una distracción.
Su líder quiere ganar tiempo.
Selene comprendió al instante.
—¿Tiempo para escapar?
Astaroth negó lentamente.
—No...
Tiempo para destruir todas las pruebas.
Sin esperar órdenes, ambos montaron a caballo y cabalgaron hacia el Bosque de las Sombras.
Cedric intentó seguirlos.
Pero su herida aún no estaba completamente curada.
—¡Astaroth!
El demonio giró apenas la cabeza.
—Si no regreso antes del amanecer...
Protege a tu hermana.
Y desapareció entre los árboles.
Después de casi una hora de persecución...
Llegaron a un enorme acantilado.
Frente a ellos había una antigua fortaleza oculta entre las montañas.
Toda la construcción llevaba el mismo símbolo.
Una luna roja atravesada por una espada negra.
Selene apretó el puño.
—La Orden de la Luna Carmesí...
Por fin encontramos su escondite.
Astaroth sonrió.
Pero esta vez...
No era una sonrisa divertida.
Era la sonrisa de un depredador.
—Y ellos acaban de cometer el peor error de sus vidas.
Las enormes puertas fueron derribadas de una sola patada.
Los miembros de la orden desenvainaron sus armas.
Más de cien asesinos rodearon a la pareja.
El líder apareció en el segundo piso.
Aplaudía lentamente.
—Impresionante.
Nadie había encontrado este lugar en treinta años.
Astaroth dio un paso al frente.
—Tu juego terminó.
El hombre soltó una carcajada.
—¿De verdad lo crees?
Todos los asesinos atacaron al mismo tiempo.
La fortaleza se convirtió en un infierno.
Selene luchaba con una elegancia letal.
Cada movimiento de su espada derribaba a un enemigo.
Astaroth era mucho peor.
Parecía una sombra.
Nadie lograba tocarlo.
Los asesinos caían uno tras otro.
El suelo comenzó a cubrirse de armas rotas.
Los sobrevivientes empezaron a retroceder.
El miedo se reflejaba en sus rostros.
—¡Es un monstruo!
—¡No podemos detenerlo!
El líder comprendió que había perdido.
Intentó escapar por un túnel secreto.
Pero al abrir la puerta...
Astaroth ya estaba esperándolo.
—¿Buscabas a alguien?
El hombre retrocedió lentamente.
Por primera vez...
Tenía miedo.
—¿Quién eres? —preguntó Selene mientras llegaba junto a ellos.
El hombre comenzó a reír.
—¿Todavía no lo entienden?
Se quitó lentamente la máscara.
Debajo apareció el rostro de un hombre de unos cincuenta años.
Selene abrió los ojos con sorpresa.
—¿Tú...?
Lo reconoció.
Era Lord Octavius, antiguo consejero de ambos imperios.
Había desaparecido veinte años atrás.
Todos creían que estaba muerto.
Octavius sonrió con odio.
—Fui yo quien negoció la paz entre nuestros imperios hace décadas.
Pero los emperadores me traicionaron.
Eligieron la guerra antes que escucharme.
Perdí a mi esposa...
Perdí a mi hijo...
Por culpa de ellos.
Así que decidí destruir todo aquello que juraron proteger.
La paz.
Selene bajó lentamente su espada.
Por un instante sintió compasión.
Pero Astaroth no.
—Nada de eso justifica convertirte en un asesino.
Octavius sonrió con tristeza.
—Lo sé...
Sacó una pequeña daga.
Selene creyó que iba a atacar.
Pero no.
La clavó en su propio pecho.
—Mi historia... termina aquí.
Astaroth reaccionó de inmediato e intentó detener la hemorragia.
Era demasiado tarde.
Octavius sonrió por última vez.
—Cuida... la paz...
Y murió.
El silencio invadió la fortaleza.
La Orden de la Luna Carmesí había desaparecido para siempre.
Tres días después...
El Palacio Solar volvió a llenarse de vida.
Los nobles respiraban tranquilos.
Los soldados celebraban la victoria.
La boda se celebraría en una semana.
Aquella tarde, Selene caminaba sola por los jardines.
Astaroth apareció detrás de ella, como siempre.
—¿Ya no intentarán matarnos?
Ella sonrió levemente.
—Espero que no.
Él caminó a su lado.
—Entonces...
Supongo que ahora tendré que buscar otra forma de llamar tu atención.
Selene soltó una pequeña risa.
—Créeme...
Nunca has tenido ese problema.
Astaroth se detuvo.
—¿Eso fue un cumplido?
Ella también se detuvo.
Lo miró directamente a los ojos.
—No te acostumbres.
Pero esta vez...
No apartó la mirada.
Tampoco él.
El viento movía suavemente el cabello de ambos.
Por primera vez desde que se conocieron...
No había bromas.
No había enemigos.
No había gritos.
Solo ellos dos.
Astaroth levantó lentamente una mano.
Apartó con delicadeza un mechón de cabello del rostro de Selene.
Ella no retrocedió.
Su corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo.
—Selene...
Ella levantó la vista.
—¿Sí?
Astaroth sonrió con una ternura que ella nunca había visto en él.
—Creo que ya no quiero casarme contigo por una alianza.
Selene sintió que el tiempo se detenía.
Y, por primera vez, fue ella quien dio un pequeño paso para quedar más cerca de él.
—Qué suerte...
—¿Por qué?
Una sonrisa sincera apareció en el rostro de la princesa.
—Porque yo... tampoco.
Y cuando sus rostros quedaron a solo unos centímetros, sin importarles el mundo entero...
Astaroth cerró la distancia y besó suavemente a Selene por primera vez.
No fue un beso impulsivo.
Fue lento.
Tierno.
Y la promesa silenciosa de que, esta vez, su historia ya no estaría unida por un tratado de paz...
Sino por el amor que había nacido entre el agua y el aceite.
muchas gracias, bendiciones...