sinopsis de La CEO de Cristal:
La traición: Salma, una CEO exitosa y poderosa, ve su mundo perfecto colapsar cuando descubre un enredo amoroso entre su prometido, Mauricio, y su mejor amiga, Rebeca.
La transformación: Tras este duro golpe, Salma se convierte en una mujer fría, calculadora y distante, levantando una armadura de hielo para protegerse y enfocándose por completo en su imperio corporativo.
El nuevo camino: En su proceso de reinventarse, Salma se cruza con Malik, un hombre reservado y de noble corazón que desafiará su frialdad, mientras enfrenta las intrigas de la prepotente madre de este, Soraya.
El gran secreto: Más allá de las traiciones y el nuevo romance, el verdadero vuelco de la historia ocurrirá cuando salga a la luz el mayor misterio de su vida: Salma no sabe que es adoptada, un secreto que sus tíos Clara y Fernando han guardado por amor.
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Capítulo 15: Fantasmas del pasado y el precio de la verdad
El silencio que siguió a la pregunta de Salma pendía en la entrada de la casa como una hoja a punto de desprenderse. Clara, con el rostro desencajado y los ojos anegados en lágrimas, dio un paso al frente intentando esquivar el momento.
—Hija… no hay nada que saber, son solo cosas nuestras, discusiones tontas —balbuceó Clara con voz temblorosa, intentando tomarla de la mano.
Pero Fernando interrumpió con un tono firme, aunque cargado de un profundo pesar.
—Basta, Clara. Ya no podemos seguir mintiéndole. Es momento de que Salma sepa la verdad de todo.
Clara rompió a llorar sin consuelo, cubriéndose el rostro con las manos mientras Rebeca, todavía al margen y con una sonrisa torcida de satisfacción, observaba la escena antes de perderse calle abajo entre murmullos ininteligibles.
—Pasen adentro, por favor —indicó Fernando con suavidad, guiando a las dos mujeres hacia la sala de estar.
Una vez sentados en los sofás, con la tensión cortando el aire, Fernando respiró hondo, mirando a Salma a los ojos con una mezcla de miedo y amor incondicional.
—Hija, hoy te vamos a contar algo que llevamos muchos años escondiendo porque así nos lo pidieron, y lo único que esperamos es que no nos odies por esto —comenzó diciendo Fernando con la voz rota—. Yo tenía un hermano, mucho menor que yo. Se enamoró de una mujer que andaba en la mala vida, y por necedad o ceguera, él decidió meterse en ese mismo infierno junto a ella. Apenas tenía quince años cuando dio el peor paso. Yo intenté ayudarlo de mil maneras, lo busqué, le ofrecí salidas, pero él no quiso entender nada.
Salma los escuchaba inmóvil, con el pecho oprimido y las palabras de Rebeca rebotando en su mente.
—Al poco tiempo, ella quedó embarazada —continuó Fernando, mientras Clara lloraba desconsolada contra el hombro de su esposo—. Poco después de que él cumpliera dieciséis años, naciste tú. Un día, cuando ella ya estaba en labor de parto, nos buscó y nos dijo con absoluta desesperación que ellos ya no tenían vuelta atrás, que por favor te cuidara como si fueras mía y que jamás revelara quiénes eran tus verdaderos padres. Ese mismo día te dejaron con nosotros. Y esa misma noche, cuando yo te traía a casa de regreso, recibí la llamada más devastadora de mi vida: el hospital donde mi hermano estaba acompañando a su novia había sido incendiado por sus enemigos. Ahí estaban ellos... murieron en el fuego.
Las lágrimas finalmente rompieron la represa en los ojos de Salma. El dolor de saberse huérfana de una forma tan trágica chocó con la realidad de los tíos que la habían criado. Sin embargo, en medio del temblor de su voz, Salma los miró con infinita ternura, se inclinó hacia ellos y los abrazó con fuerza.
—No tengo nada que reprocharles... Me duele que me lo hayan ocultado, sí, me hubiera gustado saber la verdad antes —confesó Salma entre sollozos, separándose para mirarlos a los ojos—, pero no los odio. Jamás podría odiarlos. Déjenme pensar un poco, asimilar todo esto que acaba de explotar en mi vida... pero sepan que los amo sobre todas las cosas del mundo.
El peso de la culpa se desvaneció de los hombros de Clara y Fernando, quienes la abrazaron de vuelta con el alma en paz, sabiendo que el amor que habían construido superaba cualquier lazo de sangre.
Al día siguiente, la atmósfera en el imponente edificio corporativo era completamente distinta. Era el día de la esperada reunión con el inversionista extranjero para cerrar el contrato definitivo de *Corporativos Varela*. Salma llegó impecable, luciendo un traje sastre negro que imponía respeto, con la mente fría y calculadora de siempre, ignorando por completo las turbulencias de su vida personal.
Entró a la sala de juntas principal dispuesta a dar la estocada final, pero cuando las puertas se abrieron y vio al hombre de pie junto a su equipo técnico, se quedó petrificada.
El futuro socio con el que iba a firmar el contrato era Malik... el mismo sujeto con el que había chocado días atrás en el centro comercial y a quien había dejado con la palabra en la boca.
Antes de que Salma pudiera salir de su asombro, la puerta lateral se abrió de nuevo y entró la madre de Malik, una mujer de presencia imponente y mirada afilada, encargada de la auditoría familiar. Al ver a Salma, la señora arqueó una ceja con una sonrisa socarrona, recordando perfectamente los informes de su hijo sobre la terca y hermosa CEO.
La sala de juntas se convirtió instantáneamente en un campo de batalla de palabras sarcásticas, donde la madre de Malik, habiendo notado el innegable interés que su hijo mostraba hacia la ejecutiva, decidió ponerla a prueba desde el primer segundo, mientras Salma intentaba recuperar el aliento tras el asombro de descubrir quién era realmente su nuevo socio
Soraya Volkov (madre de Malik). ñ
Salma
Malik