Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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Mucho más que un beso
La llamada de Marcos Salles había marcado el final técnico de la tregua, pero el destino —o las burocracias del hospital central— le otorgaron a Clara y a Matías dos días más de absoluto aislamiento antes de que el médico pudiera poner un pie nuevamente en la mansión. Horas donde también la ausencia de Julián y Lucía se volvió un vacío fértil, un espacio suspendido en el tiempo que Clara decidió explotar sin piedad.
La rutina de la suite había mutado de una coexistencia armada a una intimidad doméstica y silenciosa. Compartir la misma cama ya no requería la rigidez de las primeras semanas. Matías, desarmado tras la visita al estudio de pintura de Clara, había bajado la guardia de una manera que delataba la profundidad de su lucha interna.
La tarde del viernes, la lluvia constante del otoño fue la excusa qué obligó a Matías a trasladar su espacio de trabajo a la alcoba. Sentado con las piernas cruzadas en su lado de la cama, rodeado de planos de alzado, secciones arquitectónicas y muestras de texturas de madera para la restauración del teatro, trabajaba en silencio. Clara, recostada contra los almohadones a escasos centímetros de él, simulaba leer una novela, pero sus ojos escaneaban cada movimiento del arquitecto.
—Este encaje de molduras no va a soportar el peso de la cornisa original si no reforzamos el trasdós —murmuró Matías para sí mismo, frotándose las sienes con evidente cansancio.
Clara dejó el libro a un lado. Con un movimiento pausado, se deslizó por el colchón hasta quedar sentada justo al lado de él, rompiendo la distancia de seguridad que él tanto se esmeraba en proteger durante el día.
—Déjame ver —dijo ella, con una voz suave que rozó el hombro de Matías.
Él se tensó por el contacto repentino, pero no se alejó. Al contrario, carraspeó levemente y extendió el plano hacia ella, señalando una sección con el lápiz.
—Aquí. El plano original de 1910 muestra un anclaje de hierro, pero el óxido lo destruyó todo. Si reconstruimos la fachada, tenemos que ser fieles al diseño, pero también debemos asegurar la estructura.
Clara se inclinó sobre el papel, dejando que las puntas de su cabello rozaran el brazo de Matías. Miró las líneas trazadas a mano, la precisión de los números y la obsesión por el detalle que definía el trabajo de él.
—Tú no destruyes las cosas para construir algo nuevo, Matías —comentó Clara, levantando los ojos hacia él, sosteniendo su mirada a una distancia peligrosamente corta—. Tú salvas lo que los demás dan por perdido. Eso es lo que te hace diferente de Julián. Él solo ve el valor de algo por lo que puede extraer de ello. Tú ves su alma.
La mención de Julián operó como un detonante silencioso en la habitación, pero esta vez no invocó la culpa habitual. La crudeza de la verdad de Clara —y la fijeza de sus ojos oscuros— actuó como un imán. Matías dejó caer el lápiz sobre los planos. La miró con una intensidad descarnada, una mezcla de adoración y una fatiga emocional que ya no podía sostener la mentira de su papel de "cuñado guardián". El afecto que había nacido de la piedad durante esa semana a solas se había convertido en un incendio absoluto.
Clara leyó el quiebre en la mandíbula de Matías, en la forma en que sus ojos descendieron sutilmente hacia sus labios. Era el momento. Si el acta de matrimonio dictaba que eran esposos, ella iba a sellar ese papel en la mente de él de manera indeleble.
Se inclinó un milímetro más y, con una lentitud que rozaba la tortura, Clara lo besó.
A diferencia de la noche de la boda de Julián, este no fue un asalto desesperado producto del alcohol. Fue un beso suave, deliberado, cargado de una intimidad casi dolorosa. Las manos de Clara subieron por el cuello de Matías, enredando los dedos en su cabello, atrayéndolo hacia sí.
Y esta vez, Matías no se resistió.
El dique de contención que había construido con tanta culpa se rompió por completo. Dejó escapar un suspiro ahogado contra los labios de Clara y la rodeó con sus brazos, atrayéndola contra su cuerpo con una fuerza que delataba cuántos días había pasado deseando ese instante. El beso se profundizó, volviéndose denso, eléctrico, impregnado del aroma a papel viejo de los planos y de la calidez de la cama que compartían. Matías la besó con la devoción de quien se sabe condenado, respondiendo a cada caricia de Clara con una urgencia contenida que le hizo temblar las manos sobre la espalda de ella.
Por unos minutos, el mundo exterior desapareció. Las mentiras de Julián, la farsa de la amnesia, la luna de miel en Grecia y los secretos del accidente quedaron sepultados bajo la marea de sus cuerpos conectados en el centro del colchón.
Fue el propio Matías quien, reuniendo las últimas briznas de su fuerza de voluntad, detuvo el movimiento. Rompió el beso de manera sutil, apoyando su frente contra la de Clara mientras ambos respiraban con dificultad. Sus manos seguían firmes en la cintura de ella, pero no avanzaron más allá de la seda de su ropa. No pasaron de ahí. El respeto ciego que sentía por ella y el temor de que la "confusión" de su memoria la hiciera tomar una decisión de la que pudiera arrepentirse actuaron como la frontera final.
—Clara... —susurró Matías, con los ojos cerrados, tratando de estabilizar los latidos de su corazón—. Debemos parar. No quiero... no puedo hacerte esto. No en este estado.
Clara no insistió. Abrió los ojos, observando el rostro atormentado del hombre que la sostenía. En su fuero interno, una satisfacción gélida y triunfal sustituyó la agitación del beso. Matías estaba completamente ganado. Había caído en la red de manera definitiva; ya no era solo su cuidador, ahora estaba en camino de ser su cómplice emocional, un hombre dispuesto a traicionar el apellido Salvatierra por proteger lo que creía tener con ella.
Tras un breve suspiro se recostó sobre la almohada, dejando que Matías recogiera los planos dispersos con manos aún temblorosas. Mientras él se acomodaba a su lado en el silencio de la noche, dándole la cara esta vez en lugar de la espalda, Clara sonrió para sus adentros en la oscuridad. El terreno estaba listo. Cuando Marcos regresara, teniendo ya a Matías de su bando, la cacería contra Julián y Lucía finalmente tendría las garras necesarias.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.