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El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Habían transcurrido tres semanas desde que Astrid comenzó a trabajar con Mateo. En ese lapso, muchas cosas en su vida habían cambiado poco a poco.

Los cambios no eran aún muy evidentes para los demás. Su peso no había bajado drásticamente. Su cuerpo seguía lejos de ser esbelto. Pero Astrid sentía la diferencia con claridad. Por ahora, eso era más que suficiente.

Esa mañana, el sol aún no terminaba de salir cuando Astrid ya estaba en el patio trasero de la casa. El aire se sentía frío y fresco. El rocío todavía se aferraba a las puntas de las hojas que se mecían suavemente con la brisa matutina.

Sobre una alfombrita tendida en la terraza trasera, Ariana estaba sentada abrazando a su conejo de peluche. La pequeña masticaba trozos de plátano que su madre le había preparado mientras observaba a Astrid, que acababa de terminar su sesión de trote ligero.

—¿Mami code ota vez? —preguntó Ariana con su vocecita arrastrada.

Astrid, que aún controlaba la respiración, volteó con una sonrisa.

—Sí, cariño.

—¿Cansada? —Ariana la miró con sus ojitos redondos y brillantes.

—Un poquito.

Ariana pareció pensarlo durante unos segundos. Luego, con expresión muy seria, levantó un pedazo de plátano hacia su madre.

—Aaaa.

Astrid se rio.

—¿Es para mamá?

Ariana asintió con convicción.

—Pa que mami sea fuete.

El corazón de Astrid se derritió al instante. Aceptó el trozo de plátano y luego besó la mejilla de su hija con ternura.

—Gracias, cariño.

Ariana soltó una risita mientras apretaba más fuerte a su peluche. Estaba contenta de haberle dado de comer a su mamá.

En las últimas semanas, una nueva rutina había empezado a tomar forma en la vida de Astrid. Había reducido el arroz y las comidas dulces. También dejó la vieja costumbre de usar la comida como refugio cuando se sentía triste o agobiada.

Cada mañana, caminaba alrededor de la urbanización. Cuando su cuerpo se fue acostumbrando, pasó al trote ligero. Después agregó algunos ejercicios sencillos para mejorar el equilibrio, la flexibilidad y la agilidad.

Al principio no fue fácil. Le dolían los músculos y las piernas. Le faltaba el aire con rapidez. Hubo veces en que casi se rendía y volvía a los viejos hábitos.

Pero cada vez que sentía ganas de abandonar, Astrid recordaba algo. No hacía todo esto por Lucas. Tampoco intentaba verse bonita para que su esposo se arrepintiera. Lo hacía por ella misma.

Porque Astrid quería recuperar su vida. Quería volver a ser la Astrid de antes. Ese pensamiento era lo que la mantenía en pie, paso a paso. Y los cambios comenzaron a notarse.

El rostro de Astrid lucía ahora más fresco que semanas atrás. Su piel se veía más sana y cuidada. El cabello, que antes recogía de cualquier manera, ahora estaba siempre bien arreglado. Hasta su forma de caminar había cambiado: más erguida, más segura de sí misma.

Ahora Astrid usaba ropa más elegante y con estilo, como correspondía a una mujer profesional. No eran prendas caras ni llamativas, sino ropa que la hacía verse pulcra, profesional y cómoda consigo misma.

Aunque su cuerpo seguía siendo voluminoso, el aura que irradiaba era completamente distinta a la de antes. Y ese cambio no pasó desapercibido para Marta.

Esa tarde, como siempre, Marta llegó sin avisar. La mujer venía de un evento social con una de sus amigas y pasó directamente por la casa de su hijo.

Al entrar a la sala, su mirada se clavó de inmediato en Astrid, que estaba sentada en el suelo acompañando a Ariana a jugar con los muñecos. Astrid llevaba una blusa color crema combinada con un pantalón negro. El cabello arreglado con esmero y el rostro fresco a pesar de usar apenas un toque de maquillaje.

Marta frunció el ceño.

—¿Vienes del salón de belleza?

Astrid levantó la cabeza y sonrió con cortesía.

—No, señora.

—Entonces, ¿por qué traes el pelo así?

Astrid se tocó la punta del cabello brevemente.

—Solo me lo arreglé un poco.

Marta resopló. La mujer se recostó en el sofá y continuó en tono despectivo.

—Es inútil. Mientras sigas con ese cuerpo, da igual lo bonito que te arregles el pelo.

Astrid mantuvo su sonrisa. Aunque la insultaran, su corazón ya se había curtido. Unos años atrás, una frase así la habría destruido. Probablemente habría esbozado una sonrisa forzada y luego llorado a escondidas en el baño cuando Marta se fuera.

Ahora, Astrid solo miró a su suegra con serenidad. Sin enojo ni resentimiento. Y respondió con voz suave.

—No importa, señora.

Marta frunció el ceño.

—¿No importa?

—No —Astrid sonrió levemente—. Lo importante es que estoy sana y feliz.

Marta se quedó callada unos instantes. Esa respuesta claramente no era la reacción que esperaba. Normalmente, Astrid habría guardado silencio sin defenderse, o se habría visto abatida. Pero ahora la mujer lucía tranquila, relajada.

Astrid volvió a prestarle atención a Ariana, que intentaba con mucha concentración engancharle un broche diminuto a la oreja de su conejo de peluche.

Marta solo pudo quedarse sentada en silencio, con una irritación que iba creciendo dentro de ella. Porque la nuera que siempre había logrado herir estaba cambiando poco a poco. Y lo que más la incomodaba era que Astrid ya no parecía necesitar la aprobación de nadie para sentirse valiosa.

Esa noche, después de que Ariana se durmió, Astrid se sentó a solas en la sala, revisando algunas correcciones de diseño que tenía que terminar. La casa estaba en silencio, solo se oía de vez en cuando el tictac del reloj de pared.

De pronto, su teléfono vibró sobre la mesa. Astrid miró la pantalla: el nombre de Julio. Su corazón se aceleró al instante.

Durante las últimas semanas, Julio había seguido investigando a Lucas. Pero los resultados hasta ese momento se limitaban a los encuentros sospechosos entre Lucas y Stella.

Aún no había pruebas verdaderamente contundentes. Pruebas capaces de borrar toda la duda que todavía quedaba en el corazón de Astrid.

Con un nudo en el estómago, Astrid abrió el mensaje. El aire se le atoró en la garganta al instante. Solo había una frase breve.

[Mañana por la mañana nos vemos. Encontré algo.]

Astrid contempló la pantalla de su teléfono durante un largo rato. Poco a poco, los dedos se le fueron enfriando. Desde que esta investigación había comenzado, no se quitaba de encima la sensación de que su vida podría cambiar para siempre después de la reunión de mañana.

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