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Heredero Del Pecado

Heredero Del Pecado

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:656.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

Saga de
_ Mis hijos hackearon al CEO

"Me entregué a un monstruo y me devolvió el desprecio. Ahora, que no se atreva a tocar a mi hijo."
Hace tres años, Damián me juró amor y me dejó hundida en la deshonra, sola y con un hijo en el vientre. Mi familia rica me echó a la calle, pero aprendí a ser una leona para proteger a mi pequeño Eithan. Ya no soy la niña ingenua que él rompió; ahora soy una guerrera que no se deja humillar por nadie.
Pero el pasado ha vuelto. El mafioso que me abandonó aparece reclamando lo que es suyo, sin saber que este Heredero del Pecado solo tiene una dueña.
Él quiere poder. Yo solo quiero que se mantenga lejos de mi sangre. ¿Podrá el deseo ganarle al odio o terminaremos destruyéndolo todo?

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El peso de una mirada

El refugio de Damián en las afueras de la ciudad no era una casa; era una fortaleza de cristal y acero rodeada de un bosque denso que parecía querer tragarse cualquier rastro de civilización. El lujo era insultante. Los suelos de mármol negro brillaban bajo las luces LED, y el silencio era tan profundo que hacía que mis oídos pitaran.

En cuanto cruzamos el umbral, bajé a Eithan al suelo. El niño se quedó parado, diminuto en medio de ese salón inmenso, aferrando su juguete contra el pecho. Damián se quedó a unos metros, observándolo con una mezcla de adoración y una torpeza que me daba un placer amargo.

—Tiene hambre —dijo Damián, más como una pregunta que como una afirmación—. Pedí que trajeran de todo. Frutas, pasta, dulces... lo que quiera.

—No quiere dulces, Damián. Quiere su cama y su rutina —le respondí, cruzándome de brazos—. No podés comprar su tranquilidad con un banquete.

Eithan dio unos pasos, explorando el lugar, y se detuvo frente a una enorme vitrina de cristal que exhibía dagas antiguas. Damián, viendo una oportunidad para acercarse, se arrodilló a su altura, tratando de suavizar sus facciones de piedra.

—¿Te gustan, campeón? —preguntó Damián, estirando una mano para rozar el hombro del niño.

Eithan se encogió, retrocediendo dos pasos de un salto, y me buscó con la mirada, con los labios temblando.

—¡No! ¡Mamá, el señor malo me quiere tocar! —gritó el nene, corriendo hacia mis piernas.

El rostro de Damián se transformó. Fue como si le hubieran dado un latigazo en plena cara. Se quedó ahí, arrodillado en el suelo, con la mano extendida en el vacío y una expresión de dolor tan cruda que incluso Elena, que observaba desde el arco de la cocina, soltó un suspiro de lástima.

—"Señor malo" —repitió Damián en un susurro roto. Se puso de pie lentamente, mirando sus propias manos como si fueran armas cargadas—. Solo quería... quería mostrarle...

—Él no sabe quién sos, Damián —le espeté, sin ninguna compasión—. Para él, sos el tipo que gritó en el café, el que nos metió en un auto por la fuerza y el que asustó a su mamá. ¿Qué esperabas? ¿Que te llamara "papá" y saltara a tus brazos?

Elena se acercó a su hijo y le puso una mano en el brazo, apretándolo con fuerza.

—Tenés que tener paciencia, Damián. El nene tiene memoria emocional. Él siente el miedo de Alessandra como si fuera propio. Además... —Elena me miró y luego volvió a mirar a su hijo con una sonrisa triste—, vos eras exactamente igual.

Damián frunció el ceño. —¿Igual de qué?

—Igual de testarudo. Igual de desconfiado —continuó Elena—. Tu padre estuvo fuera por negocios durante un año cuando vos tenías la edad de Eithan. Cuando volvió, lo mordiste porque no dejabas que se acercara a mi cama. Te tomó meses dejar que te cargara sin llorar. El orgullo de los Smirnov empieza temprano, hijo. Solo que ahora te toca estar del otro lado del muro.

Damián soltó un bufido de frustración y empezó a caminar de un lado a otro del salón, haciendo crujir sus botas contra el mármol.

—No tengo meses, mamá. Tengo enemigos afuera y una mujer que me odia adentro.

—Entonces sufrí —le dije, sentándome en uno de los sillones de cuero blanco y subiendo a Eithan a mi regazo—. Sufrí el rechazo de tu propia sangre, tal como yo sufrí el tuyo hace tres años. Sufrí ver cómo tu hijo te mira con miedo en lugar de amor. Es el precio de tu "protección" y de tu silencio.

Damián se detuvo y me miró. Tenía los ojos rojos, cargados de una fatiga que el dinero no podía curar.

—¿Es eso lo que querés, Alessandra? ¿Verme arrastrarme?

—Quiero que entiendas que no sos el centro del universo. Quiero que sientas lo que es ser invisible para la persona que más te importa. Yo pasé tres años siendo invisible para vos. Ahora te toca a vos ser invisible para Eithan.

El ambiente se volvió gélido. Damián se acercó a una mesa auxiliar y se sirvió un whisky, bebiéndolo de un solo trago. El alcohol no pareció calmarlo.

—Igor dice que los hombres de tu padre se retiraron, pero no me fío. Se van a quedar acá hasta que yo decida que es seguro. No intenten salir.

—¿Ah, sí? ¿Y quién nos va a detener? —lo desafié, levantándome—. ¿Tus guardias? ¿Vos? Intentá cerrarme la puerta y vas a ver cómo este "señor malo" se convierte en algo mucho peor para tu hijo.

Damián cerró los ojos y apretó la mandíbula tanto que creí que se le romperían los dientes. Estaba al límite. Su instinto era mandarnos a encerrar para tenernos bajo control, pero sabía que si lo hacía, perdería a Eithan para siempre.

—No te voy a encerrar —masculló—. Pero por lo menos dejá que le traigan la cena al nene. Por favor.

Ese "por favor" fue casi imperceptible, pero para un hombre como él, valía más que un millón de dólares.

Asentí levemente. —En la cocina. Conmigo presente.

Pasamos la siguiente hora en una cocina que parecía un laboratorio espacial. Eithan comía en silencio, mirando a Damián que estaba apoyado contra la isla de la cocina, observándolo desde lejos como si estuviera viendo un milagro. Cada vez que Damián intentaba decir algo o hacer una mueca para hacerlo reír, el nene se escondía detrás de su vaso de jugo.

Era una tortura lenta. Podía ver cómo la paciencia de Damián se desgastaba, cómo su necesidad de reclamar a su hijo chocaba contra el muro de indiferencia del niño.

—Es rubio —dijo Damián de repente, rompiendo el silencio—. Yo era más oscuro a su edad.

—Sacó el color de mi abuela —le respondí sin mirarlo—. Y la sonrisa también. Gracias a Dios no se parece a mi padre.

—¿Y a mí? ¿Qué sacó de mí? —preguntó con una voz cargada de una esperanza patética.

—Los ojos —admití, sintiendo una punzada de dolor—. Y esa forma de fruncir el ceño cuando no consigue lo que quiere. Pero no te emociones, Damián. Tener tu genética no lo hace tuyo. Ser padre es estar ahí cuando se raspa las rodillas, no aparecer tres años después con una mansión blindada.

Damián dejó el vaso con fuerza sobre la mesa.

—¡Lo sé! ¡Maldita sea, Alessandra, lo sé! Pero no puedo cambiar el pasado. Solo puedo darles un futuro donde nadie los vuelva a tocar.

—El futuro empieza por ganarte su confianza, no por darnos órdenes —me levanté y alcé a Eithan—. Vamos a dormir. ¿Dónde es nuestra habitación?

—La principal —dijo él, señalando las escaleras—. La suite del ala este. Es la más segura.

—¿Y vos? —pregunté con sospecha.

—Yo me quedo en el despacho. O en el sofá. Donde vos quieras, con tal de que no te vayas —respondió, y por primera vez vi la derrota total en su mirada.

Subí las escaleras sintiendo su peso sobre mi espalda. Al llegar a la suite, me encontré con una cama inmensa, sábanas de seda y un ventanal que mostraba la luna reflejada en el bosque. Era una jaula hermosa, pero seguía siendo una jaula.

Acosté a Eithan y me senté a su lado, acariciándole el cabello. El niño se durmió enseguida, agotado por el día. Yo me quedé despierta, escuchando los pasos de Damián en el pasillo. Se detenía frente a la puerta, suspiraba, y seguía caminando. Una y otra vez.

Él estaba sufriendo. Estaba ardiendo en el infierno que él mismo había ayudado a construir. Y mientras escuchaba su respiración agitada del otro lado de la madera, me di cuenta de que el castigo apenas estaba comenzando. Yo no era la mala de esta historia, pero iba a asegurarme de que Damián Smirnov pagara cada lágrima de estos tres años con el rechazo del único ser humano que compartía su sangre.

No sabía que, mientras nosotros jugábamos al gato y al ratón dentro de la mansión, afuera, las sombras de los Valente se estaban reagrupando para un último golpe, un golpe que nos obligaría a todos a decidir si el odio era más fuerte que la supervivencia.

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Cliente anónimo
Pero ella llama monstruo a Damián. ! Y el papá 😱
Cliente anónimo
Ella fue la q se volvió loca por el 🙄 ella sabía quien era 🙄
Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades me encantó 💕 y claro vamos por la siguiente
Cecy Castorena Castorena
es inaudito escuchar a esta pendeja le dicen que su padre quiere matar a su hijo y todavía súplica por nel
Ignacia Ramirez
Muy buena novela, gracias.
Cliente anónimo
Yo no entiendo qué tiene ella en la cabeza porque lo que es su relación personal porque tiene que afectar la salud mental del niño, ella no está pensando como mamá porque ahora mismo el niño tiene dos años y ella planea contarle todo lo que pasó los primeros tres años de la vida del niño y me pregunto yo porque ella tiene que cuando el niño crezca llenando de frustraciones, eso no es normal. Ella se está comportando como una despechada y no está pensando en el nene. Ella quiere usar a su hijo para castigar a Damián, pero no se da cuenta que ella está usando al niño y ella es la que más daño le está haciendo porque él tiene sólo dos años y cuando tenga 10 ya borrado sus dos añitos, él no se va a acordar de esos dos años que vivió solo con su mamá. Después de los pies va a recordar lo que ha vivido hasta que crezca y ella se le ocurra dañar emocionalmente a su hijo es que ella no quiera estar con él, no signifique que tiene que pasarle su rencor a su propio hijo por Dios.
Cecy Castorena Castorena: está pensando en ella no en su hijo es cruel al decir si el niño decide perdonarlo eso padre por dios si ,cometió un error al escribir eso pero tampoco ella se quedó ahí para saber el motivo no lo enfrentó culpa Abel de su cobardía
total 1 replies
Cliente anónimo
Cuándo un perro se para frente a una puerta o frente a un espacio significa que le está cuidando esa área, yo tengo perro y cuando mi nieta bueno en mí inmediatamente se acuesta frente a la puerta a cuidar su sueño
Cliente anónimo
Éste mensaje va para el escritor yo quisiera saber de dónde eres que pones a un niño de dos años con tan excelente vocabulario. Habla más que mi bisnieta que tiene tres años y medio imposible pequeño error
Cliente anónimo
Esta historia es interesante, pero es una pena que ella haya sobrevivido en la ciudad de Nueva York, zona con el niño sin ayuda de nadie que eso es casi imposible, pero lo único que hace es castigar a su hijo porque a ella le tocó cuidarlo sola o sea ella es la única mujer madre es soltera que no piensa en el bienestar de su hijo, porque si bien es cierto que una herida del pasado. También es cierto que una mujer por el bienestar de su hijo. Lima asperezas y está ya cansa de cada acción. Un recordatorio de eso no cambia los tres años de esos tres años de tres en tres yo creo que ella lleva como 20 años no se puede estar repitiendo lo mismo, eso hace que uno se canse y uno se aburra.
Cliente anónimo
Pero ven acá, el papá le dicen a la hija que espera que se sucio haya valido la pena, pero si la princesita de la Casa se quería casar con él, entonces para la princesita de sucio lo bañan y lo dejan limpio que pulmón
Elena Garcia
Hermosa historia. Gracias por compartir. Felicidades, Éxitos y Adelante. 🌹🌹🌹
Elena Garcia
No sé dónde me perdí, pero que pasó con los "padres" de ella?
Elena Garcia
Damián escribió ese mensaje? Verdaderamente me crea duda e inquietud.
Mila
no le encuentro sentido a este capítulo, esta como en el aire fuera de la trama, blanca aparece de repente otra vez en Rusia,
Mila
Ella habla por su herida, el niño desconoce que es su padre y lo que le hizo, así que de que perdón habla
Ino
También me está fastidiando la actitud tan fea está pasando a hacer fastidiosa 🙄
Executors 99
!!!
Stella Maris Yedro
qué resentida me canso está nocela
Maria Gudiño
muy buena está segunda parte, felicitaciones para la escritora 👍👌👏👏👏🤗 y
Elvira Fretes
Me encantó, la historia, felicitaciones Yamila, excelente que sigan los éxitos! 👏👏👏♥️
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