Alexa solo recuerda tres cosas de aquella noche de verano: el calor sobre su piel, una voz grave susurrándole al oído y un tatuaje que nunca pudo olvidar.
Meses después, al comenzar la universidad, cree que está dejando atrás aquella noche… hasta que conoce a Clara y al hombre que la acompaña.
El padre de su nueva amiga tiene el mismo tatuaje.
Adrián es reservado, poderoso y demasiado peligroso para acercarse. También es el único que parece conocer la verdad sobre lo ocurrido aquel verano. Aunque intenta mantener las distancias, la tensión entre ambos se vuelve imposible de ignorar.
Mientras Alexa intenta reconstruir sus recuerdos, descubre que aquella noche no fue un encuentro sin consecuencias. Adrián la recuerda. La ha reconocido desde el primer momento. Y hay secretos que podrían destruir su amistad con Clara, separar a una familia y convertir el deseo en una condena.
Porque algunas historias de amor comienzan con un beso.
La de Alexa comenzó con algo que no puede recordar
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Tu padre es atractivo
La tarde había comenzado tranquila.
Emma había conseguido convencer a todos de reunirse en la habitación con una montaña de comida, películas y cero intenciones de estudiar.
Sofía estaba sentada en el suelo buscando qué película poner.
Lucas discutía con Mateo sobre cuál era la mejor opción.
Y Alexa estaba recostada contra el respaldo de la cama, comiendo palomitas mientras miraba el caos con una sonrisa.
—Si ponen otra película de terror, me voy —advirtió.
—Mentira —respondió Emma—. La última vez dijiste lo mismo y terminaste escondiéndote detrás de mí.
—Porque ustedes gritan demasiado.
—Tú gritaste primero —se burló Lucas.
Alexa le lanzó una almohada.
—Cállate.
Las risas llenaron la habitación.
Hasta que Emma, buscando algo en una caja que tenía guardada debajo de la cama, encontró un pequeño álbum de fotografías.
—Oh.
Se sentó inmediatamente.
—¿Qué encontraste? —preguntó Sofía.
Emma sonrió.
—Fotos de mi papá cuando era joven.
—No puede ser —dijo Lucas—. Muéstralas.
—No.
—¡Emma!
—Son privadas.
—Eso significa que son interesantes —comentó Mateo.
Alexa se rio.
—Ahora quiero verlas.
Emma terminó cediendo.
Abrió el álbum sobre sus piernas y comenzó a pasar las fotografías.
Había algunas de su infancia.
Emma de pequeña en brazos de su padre.
Emma con su madre.
Fotos familiares.
Hasta que apareció una que hizo que Sofía levantara las cejas.
—Espera.
Emma miró la fotografía.
Su padre aparecía mucho más joven, con el cabello ligeramente más largo, una camiseta oscura y una expresión bastante menos seria que la que tenía actualmente.
—No puede ser —murmuró Sofía.
Lucas se inclinó para mirar mejor.
—Tu papá estaba guapo.
—¿Estaba? —preguntó Mateo.
Sofía lo golpeó con el hombro.
—Sabes a qué me refiero.
Emma soltó una carcajada.
—Mi papá siempre fue guapo.
Alexa miró la fotografía con curiosidad.
No era la primera vez que veía a Adrián.
Ya lo había visto durante aquella videollamada con Emma.
También había visto alguna fotografía suya anteriormente.
Por eso no sintió aquella sorpresa de los demás.
Simplemente observó la imagen unos segundos.
—Se parecen muchísimo —comentó.
Emma sonrió.
—Todos dicen eso.
—No, en serio. Son iguales.
—Especialmente los ojos —añadió Sofía.
Alexa asintió distraídamente.
—Sí.
Lucas tomó otra fotografía.
—Definitivamente tu padre tenía fans.
—¿Quieres que te lo presente? —bromeó Emma.
—¡No!
Todos comenzaron a reír.
Alexa también.
Aunque unos segundos después, Sofía volvió a mirar la fotografía.
—Bueno… hay que admitir que tu papá es atractivo.
Emma puso los ojos en blanco.
—Es mi papá.
—Eso no cambia el hecho.
Alexa sonrió.
—Sí, es atractivo.
Emma la miró.
—¿Tú también?
—¿Qué? —Alexa levantó las manos—. Solo estoy diciendo la verdad.
—Traidoras.
Las risas continuaron.
Pero Alexa dejó de participar en la conversación cuando su teléfono vibró sobre la cama.
Una notificación.
Su sonrisa apareció casi sin que pudiera evitarlo.
Lo tomó discretamente.
El Desconocido:
¿Así que estás ocupada?
Alexa miró alrededor.
Nadie estaba pendiente de ella.
Escribió.
Alexa:
Un poco.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
El Desconocido:
¿Y qué haces?
Alexa miró nuevamente al grupo.
Emma seguía enseñando fotografías.
Sofía y Lucas discutían sobre una de ellas.
Entonces decidió molestarlo.
Alexa:
Están hablando de mi amiga.
El Desconocido:
¿Y eso debería preocuparme?
Alexa:
No.
El Desconocido:
Entonces ¿por qué me lo cuentas?
Alexa sonrió.
Alexa:
Porque están hablando de su papá.
Hubo unos segundos de silencio.
El Desconocido:
Interesante.
Alexa:
Están diciendo que es atractivo.
Esta vez tardó un poco más en responder.
El Desconocido:
¿Y tú qué opinas?
Alexa levantó una ceja.
No sabía por qué aquella pregunta le había causado gracia.
Alexa:
Que tienen razón.
La respuesta apareció después de unos segundos.
El Desconocido:
Vaya.
Alexa:
¿Qué?
El Desconocido:
Nada.
Alexa:
No, ahora quiero saber.
El Desconocido:
Solo estoy pensando.
Alexa:
¿En qué?
El Desconocido:
En que eres bastante sincera cuando quieres.
Alexa sonrió.
Alexa:
¿Eso es malo?
El Desconocido:
No.
Alexa:
Entonces…
El Desconocido:
Me gusta.
Alexa se quedó mirando aquella última frase.
No sabía por qué una palabra tan sencilla conseguía ponerle una pequeña sonrisa en los labios.
Alexa:
¿Te gusta que piense que alguien es atractivo?
El Desconocido:
Me gusta que seas sincera conmigo.
Alexa apoyó la cabeza contra la pared.
Alexa:
Aunque no sepa quién eres.
El Desconocido:
Eso todavía no ha cambiado.
Alexa:
Ya me di cuenta.
El Desconocido:
Pero cada vez sabes un poco más de mí.
Alexa miró la pantalla.
Eso era cierto.
No sabía su nombre.
No sabía dónde vivía.
No sabía qué hacía.
Pero conocía pequeñas cosas.
Su forma de escribir.
Su humor.
La manera en que recordaba aquella noche.
Y, sobre todo, la forma en que conseguía hacerla sonreír desde una pantalla.
Alexa:
Y tú sabes demasiado de mí.
El Desconocido:
Quizá.
Alexa:
Eso debería preocuparme.
El Desconocido:
¿Te preocupa?
Alexa dudó.
Miró nuevamente a sus amigas.
Después volvió al teléfono.
Alexa:
Un poco.
La respuesta llegó casi enseguida.
El Desconocido:
Entonces dime que pare.
Alexa se quedó quieta.
Podía hacerlo.
Podía decirle que no quería recibir más mensajes.
Podía pedirle que dejara de mandarle regalos.
Podía cortar aquella extraña relación antes de que se volviera algo más.
Pero sus dedos no escribieron ninguna de esas cosas.
Alexa:
No quiero que pares.
Pasaron varios segundos.
El Desconocido:
Entonces seguiré.
Alexa mordió suavemente su labio inferior.
Alexa:
Pero sigo sin saber quién eres.
El Desconocido:
Todavía.
Ella sonrió.
Alexa:
Siempre dices eso.
El Desconocido:
Porque algún día dejará de ser cierto.
Alexa miró nuevamente la fotografía que Emma había dejado sobre la cama.
La de Adrián joven.
Después volvió a mirar la pantalla.
No había ninguna conexión en su cabeza.
Para ella, aquella fotografía solo pertenecía al padre de su mejor amiga.
Y el hombre que estaba escribiéndole era todavía el desconocido de aquella noche.
Dos hombres completamente diferentes.
Al menos, eso era lo que creía.
Alexa:
Tengo que volver con ellos.
El Desconocido:
Está bien.
Alexa:
Buenas noches, desconocido.
El Desconocido:
Buenas noches, chica mala.
Alexa bloqueó el teléfono.
Y aunque intentó concentrarse nuevamente en la película, una pequeña sonrisa permaneció en su rostro.
Sin saber que, en otro lugar, Adrián acababa de dejar el teléfono sobre su escritorio.
Y sonreía exactamente igual.
en mi país un hombre de 39 años con una menor sería pedofilia si hubo sexo