Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lucille 2
La cena fue servida poco después.
Ella había pasado toda la tarde intentando acostumbrarse a la idea de que ahora era Lucille Harrington.
Todavía le parecía completamente absurdo.
Había recorrido la habitación varias veces.
Había mirado su rostro en el espejo.
Había abierto algunos cajones.
Había tocado los vestidos.
Incluso había vuelto a pellizcarse discretamente.
[Definitivamente no estoy soñando.]
Cuando finalmente llegó la hora de la cena, siguió a la doncella por los pasillos de la mansión.
El lugar era enorme.
Los techos eran altos, las paredes estaban decoradas con pinturas y grandes ventanales dejaban entrar la luz de las lámparas del jardín.
Al entrar al comedor, se detuvo unos segundos.
Allí estaban sus padres.
El conde Harrington estaba sentado junto a su esposa.
Era un hombre elegante, de porte serio, pero su expresión cambiaba por completo cuando miraba a la condesa.
Ella lo comprendió inmediatamente.
[Estos dos se aman muchísimo.]
El conde Harrington miraba a su esposa con una ternura que resultaba imposible de ocultar.
La condesa, a pesar de los años, conservaba una elegancia característica. Su cabello estaba perfectamente arreglado y su vestido era sobrio, pero hermoso.
Cuando vio entrar a Lucille, sonrió.
—Mi querida hija.
Lucille caminó hasta su lugar.
—Buenas noches, madre. Padre.
—Buenas noches
respondió el conde.
Ella tomó asiento.
Todavía estaba un poco nerviosa.
[Compórtate como Lucille.]
[Recuerda cómo era ella.]
Los recuerdos comenzaron a aparecer nuevamente.
Lucille era tranquila.
Educada.
No hablaba demasiado durante las comidas.
Y tenía una relación afectuosa con sus padres.
Ella intentó imitar esa forma de comportarse.
Entonces el conde preguntó..
—¿Cómo estuvo tu tarde?
Lucille bajó ligeramente la mirada.
—Tranquila, padre.
El conde sonrió.
—Me alegra.
Durante unos minutos solo se escucharon los cubiertos.
Hasta que la condesa habló.
—Ahora que tu hermano mayor se ha marchado a la academia, la casa se siente bastante silenciosa.
Lucille levantó la mirada.
Su hermano mayor.
Había olvidado momentáneamente que tenía uno.
Los recuerdos aparecieron nuevamente.
Un joven mayor que ella.
Responsable.
Muy querido por la familia.
Había partido recientemente a la academia para continuar sus estudios.
—¿Y tú? ¿Qué te gustaría hacer ahora?
Lucille se quedó quieta.
[¿Qué?]
La pregunta parecía sencilla.
Pero ella no sabía qué responder.
Porque, según los recuerdos de la verdadera Lucille, nunca había pensado demasiado en el futuro.
No tenía una ambición concreta.
No quería convertirse en una gran política.
No soñaba con administrar territorios.
No tenía intención de convertirse en una famosa artista.
Simplemente... quería vivir.
Ella bajó tímidamente la mirada.
—No lo sé, madre.
La condesa no pareció sorprendida.
—¿No tienes algo que te gustaría hacer?
Lucille negó suavemente con la cabeza.
—No realmente.
El conde sonrió con ternura.
No parecía decepcionado.
—No tienes que decidirlo inmediatamente.
Ella asintió.
Entonces la condesa pareció recordar algo.
—Aunque...
Lucille levantó la mirada.
—Hay algo que podrías considerar.
—¿Qué cosa?
—Hay algunas jóvenes, hijas de duques, que han comenzado a ayudar a personas que lo necesitan.
Lucille dejó el tenedor lentamente.
—¿Ayudar?
—Sí.
La condesa comenzó a explicarle que algunas jóvenes nobles estaban organizando actividades para ayudar a familias con pocos recursos, niños sin acceso adecuado a educación y personas que necesitaban apoyo.
—No tienes que hacerlo si no quieres. Pero pensé que quizás podría interesarte.
Lucille permaneció en silencio.
Y entonces... algo dentro de ella cambió.
Los recuerdos de su primera vida regresaron.
Una niña sola.
Sentada en un rincón.
Escuchando risas.
Palabras crueles.
Personas que la señalaban.
Ella intentando fingir que no le importaba.
Una adolescente llorando en silencio.
Una mujer adulta acostumbrada a esconder el dolor.
[¿Cuántas veces deseé que alguien me ayudara?]
Sintió un pequeño nudo en la garganta.
[¿Cuántas veces pensé que nadie entendía lo que estaba viviendo?]
Miró a su madre.
La condesa esperaba tranquilamente su respuesta.
Lucille respiró profundamente.
Tenía que recordar cómo había sido la antigua Lucille.
No podía cambiar de personalidad de un momento a otro.
[Tranquila...]
[Como ella.]
Entonces sonrió tímidamente.
—Creo que... a mí también me gustaría ayudar.
El conde levantó ligeramente las cejas.
La condesa sonrió inmediatamente.
—¿De verdad?
Lucille asintió.
—Sí.
Hizo una pequeña pausa.
—Creo que sería bueno hacer algo por otras personas.
La condesa tomó su mano.
—Entonces no hay ningún problema.
Lucille miró a su madre.
—¿No?
—Por supuesto que no.
El conde también sonrió.
—Si eso es lo que deseas, tu madre y yo te apoyaremos.
Lucille bajó la mirada.
Una extraña sensación cálida apareció en su pecho.
[¿Me apoyarán?]
Aquella frase parecía sencilla.
Pero para ella significaba muchísimo.
En su primera vida, muchas veces había deseado simplemente escuchar eso.
"Te apoyaremos."
"No estás sola."
"Puedes pedir ayuda."
Y ahora... por primera vez, estaba rodeada de personas que realmente parecían quererla.
Continuó comiendo tranquilamente.
Pero su mente estaba muy lejos de aquella mesa.
[Quizás...]
Miró a sus padres.
Después miró su plato.
[Quizás no reencarné aquí solamente para tener una vida cómoda.]
Pensó en el niño que había salvado.
Recordó sus pequeños brazos rodeando su cuello.
Recordó cómo había dicho que tenía miedo.
[En mi primera vida yo también tuve miedo.]
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
[Quizás por eso estoy aquí.]
Miró a través de la ventana.
La noche había cubierto los jardines.
Las luces iluminaban suavemente las flores.
[En todos los mundos debe haber personas que sufran.]
Pensó en todos aquellos que podían sentirse solos.
Niños.
Ancianos.
Personas pobres.
Personas que habían sido rechazadas.
Personas que quizás, como ella, escondían su dolor detrás de una sonrisa.
[Quizás...]
Su corazón se sintió extrañamente tranquilo.
[Quizás este sea mi propósito.]
No sabía por qué había recibido una segunda oportunidad.
No sabía quién había decidido darle aquella nueva vida.
No sabía siquiera si existía realmente un propósito.
Pero podía elegir qué hacer con ella.
Y ella quería ayudar.
No porque quisiera reconocimiento.
No porque quisiera ser famosa.
Sino porque sabía lo que se sentía sufrir en silencio.
[Quizás puedo ayudar a alguien más.]
La cena continuó entre conversaciones tranquilas.
Y aquella fue su primera cena como Lady Lucille Harrington.
Una cena aparentemente sencilla.
Pero, sin que nadie lo supiera... también fue el comienzo de algo que cambiaría por completo la vida de muchas personas.
Porque Lucille había llegado a ese mundo con una sola intención: no permitir que otros sufrieran solos como ella había sufrido.
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
esta noche, yo daria lo que fuera..
Por un beso, de tu boca
esta noche, yo daria lo que fuera..
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