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El Regresó De La Princesa

El Regresó De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Romance
Popularitas:9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Por amor, la Princesa Vivianne lo entregó todo. Se casó con Alexander, el hijo de un barón, creyendo en sus falsas promesas. ¿Su recompensa? Ser humillada, traicionada por su mejor amiga, desterrada por su propio padre y, finalmente, asesinada en un callejón oscuro.
Pero la sangre del Emperador esconde un secreto. En su último aliento, la magia de Vivianne despierta, haciéndola retroceder en el tiempo hasta la noche en que todo comenzó.
De regreso en el palacio, Vivianne ya no es la joven ingenua de antes. Ha jurado proteger a su padre, salvar su imperio y destruir a quienes la pisotearon. Aunque deba ensuciarse las manos y volverse despiadada, esta vez ella ganará la guerra. Pero lo que no sospecha es que un par de intensos ojos rojos vigilan cada uno de sus movimientos desde las sombras... ¿Un nuevo enemigo o el aliado que necesita para su venganza?

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Capítulo 9: El veneno del desprecio

El eco del portazo que dio Lucia al huir del salón todavía resonaba en los oídos de los presentes, pero la orquesta del palacio, entrenada para disimular cualquier rastro de vulgaridad aristocrática, reanudó la música con un vals pausado. Los nobles regresaron a sus conversaciones, aunque el foco de atención ya se había desplazado de manera definitiva. La princesa heredera se había convertido en el eje gravitacional de la noche.

Vivianne permaneció en su lugar, imperturbable. Al notar el quiebre definitivo en la actitud de la princesa, los hombres más poderosos del imperio —aquellos que antes la ignoraban por considerarla una joven manipulable— comenzaron a acercarse. El Duque de Westminster y el Conde de Penbroke se situaron a su derecha, entablando de inmediato una conversación sobre las rutas comerciales del este y la seguridad de las fronteras. Vivianne respondía con frases certeras, una agudeza política que los hombres no esperaban y que aumentaba el respeto en sus rostros con cada palabra compartida.

Desde la periferia de aquel círculo de alta alcurnia, Alexander observaba la escena con una desesperación que empezaba a rasgar su máscara de galán. Su plan maestro se había desmoronado en un segundo. Lucia estaba fuera de juego, el vestido de la princesa seguía impecable y la oportunidad de forzar el matrimonio se le escapaba entre los dedos. Peor aún: el prestigio que planeaba construir esa noche se estaba hundiendo.

Apretando los puños con fuerza, Alexander decidió jugar su última carta. Con una sonrisa forzada y ensayando su paso más sumiso, cruzó el salón y se abrió camino entre los condes, intentando irrumpir en el círculo de la princesa.

—Su Alteza Real —intervino Alexander, inclinando la cabeza con una cortesía exagerada que buscaba llamar la atención—. Lamento profundamente el terrible desplante que acaba de sufrir por parte de la señorita Lucia. Como caballero de la corte, me siento en la obligación de disculpar el desorden y ofrecer mi compañía para borrar este amargo momento...

Vivianne escuchó la voz, pero sus ojos de obsidiana no se desviaron ni un milímetro de los mapas que el Duque de Westminster gesticulaba en el aire. Continuó su conversación con el duque como si el sonido que acababa de romper el aire no fuera más que el zumbido de un insecto molesto.

—Entonces, duque, ¿considera que las bajas temperaturas del norte afectarán el suministro de carbón este invierno? —preguntó Vivianne, manteniendo la modulación perfecta de su voz.

—Es muy probable, princesa, si las caravanas no toman la ruta del valle —respondió el duque, mirando de reojo al hijo del barón con una mezcla de fastidio y desdén por su interrupción.

Alexander sintió un golpe seco en su orgullo. Dio un paso más, quedando casi frente al hombro de la princesa.

—Princesa Vivianne... —insistió, subiendo un tono el volumen, la voz un tanto más tensa—. Quizás no me escuchó. Me ofrecía a...

Vivianne tomó un sorbo pausado de su copa, ignorando la presencia física del hombre que la obstruía. Para ella, Alexander se había vuelto transparente. No le dedicó una mirada, no le concedió el estatus de un interlocutor, ni siquiera frunció el ceño en señal de molestia. Lo trató con el castigo más absoluto que un noble puede recibir de la realeza: el aislamiento total. Lo convirtió en un sirviente invisible, una sombra inexistente en medio de los hombres más poderosos de la corona.

El Conde de Penbroke carraspeó, clavando una mirada severa en el joven.

—Joven barón —sentenció el conde con frialdad—. La princesa heredera está atendiendo asuntos de Estado con el consejo. Regrese a sus aposentos o busque una compañía adecuada a su rango. Aquí está de más.

La humillación de Alexander fue completa. El rostro se le encendió bajo la máscara dorada y una gota de sudor frío le resbaló por la nuca. Al verse rechazado de manera tan absoluta y frente a los líderes del consejo imperial, dio tres pasos hacia atrás, tragándose una bilis amarga que le quemaba la garganta. La rabia y la impotencia lo consumían; la paloma asustada que creía conocer lo estaba aplastando sin siquiera mirarlo.

Sin embargo, el verdadero terror de Alexander comenzó cuando un guardia de la corte imperial, vestido con la pesada armadura de la guardia negra, se plantó a su espalda.

—Hijo del barón Alexander —pronunció el soldado con una voz de piedra—. El Emperador solicita su presencia inmediata en el ala privada del trono. Sígame. Sin hacer ruido.

El corazón de Alexander dio un vuelco violento. Miró hacia el estrado principal. El trono de oro estaba vacío, pero la mirada severa del Emperador se había fijado en él desde la galería superior antes de desaparecer tras las cortinas de la zona restringida.

Con las piernas temblorosas, Alexander siguió al guardia por los pasillos desiertos del palacio, lejos de la música y el calor del baile. El aire aquí era frío, pesado, impregnado del aroma a incienso y de la historia militar de la dinastía. Las puertas del salón privado se abrieron y el guardia lo empujó sutilmente hacia el interior antes de cerrar el cerrojo a sus espaldas.

En el centro de la habitación, de espaldas y contemplando el mapa del imperio colgado en la pared, se encontraba el Emperador. Su porte era gigantesco, una mole de músculos y experiencia que infundía un pavor reverencial. El soberano no se giró de inmediato, dejando que el silencio y los segundos devoraran los nervios del joven barón.

—Alexander de la casa de los barones de la frontera —habló finalmente el Emperador. Su voz no fue un grito, sino un trueno bajo que retumbó en las vigas de madera—. He observado con detenimiento tus movimientos durante toda la velada. He visto tu audacia en las escalinatas, tu insistencia hacia mi hija y el extraño incidente con el vino que involucró a tu conocida.

—Majestad... yo solo... intentaba ofrecer mis servicios a la princesa... —balbuceó Alexander, cayendo de rodillas sobre la alfombra, incapaz de sostener la presión del ambiente.

El Emperador se dio la vuelta despacio. Su rostro carecía de cualquier rastro de piedad. Sus ojos fijos evaluaron al joven con el mismo desprecio con el que un cazador mira a una alimaña que ha caído en su trampa. Dio un paso al frente, y la sola cercanía de sus botas hizo que Alexander bajara la cabeza hasta el suelo.

—Escúchame con atención, muchacho —sentenció el Emperador, y el frío de sus palabras caló hondo en los huesos del traidor—. Mi hija Vivianne ha demostrado esta noche tener los ojos más limpios y la mente más afilada que cualquier consejero de esta corte. Ella ha decidido ignorar tu existencia, y yo voy a respaldar su voluntad. Si vuelves a cruzar una sola palabra con ella, si intentas abordar su sombra en los pasillos, o si descubro que tú o esa víbora de la baja nobleza que traes como sombra planean el más mínimo agravio contra su nombre... la casa del barón perderá sus tierras, sus títulos y sus cabezas antes del próximo amanecer.

Alexander contuvo el aliento, sintiendo el filo invisible de la ejecución sobre su cuello.

—¿Ha quedado claro? —rugió el Emperador, dando un golpe con el pomo de su espada en el suelo.

—Sí... Sí, Su Majestad Imperial. Quedó... perfectamente claro —consiguió articular Alexander, con la voz rota por el pánico.

—Fuera de mi vista.

Alexander se levantó como pudo, con las rodillas flojas y el pulso desbocado. Salió del salón privado casi tropezando con sus propios pies, temblando de una mezcla espantosa de furia impotente y un miedo cerval que nunca antes había experimentado. Había entrado al palacio creyendo que saldría convertido en el futuro consorte del imperio, y ahora regresaba a la oscuridad del salón con la certeza de que su cabeza pendía de un hilo finísimo. El veneno del desprecio de Vivianne lo había aislado, y la advertencia del Emperador lo había sentenciado a las sombras.

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Rita García Zagada
la de arriba me gusta
Lorena Itriago
no me gustaría que muriera el Padre, espero que lo salven y se vengan los tres contra sus enemigos
Rita García Zagada
noc se lo merecía por tener esas intensiones torsidas
Rita García Zagada
jajajaja la quiso dejar en ridículo y fue al revés
Rosario Castro
Por supuesto el primero por dios
Topy71 🇦🇷
Sigue asi aitora! 👏👏👏 La novela esta super y los comentarios mal intenxionados, hazlos resbalar... De seguro son gente que no tiene nada que hacer y por aburrimiento escriben tonterias, o simplemenre son malas personas, capaz ni entienden el trabajo que hay detras de todo, despues de una intensa jornada de trabajo, familia, y empeños varios, ni siquiera saben que uno escribe aunque ya este tirado en la cama para deacansar, o simplemente sentados y que se te cierran los ojos del cansancio que apenas sostienes el telefono en la mano....
mar
muy buena novela
Topy71 🇦🇷
El primero está buenisimo para ser el duque sel norte 🤭👏👏👏
jaime pinto ramirez
mi sospechas eran ciertas, el igual regreso de la muerte 👏
Cliente anónimo
querida escritora, solo déjate admirar porque aquellos que piensan que es Ai quién te ayudan solo te dicen que tienes una familias literaria tan grande que es difícil de creer lo cual termina siendo el mayor cumplido.
felicidades por tus novelas.
Marisel Rio
💕💕💕No hagas caso a palabras absurdas y segui adelante con tu escritura que lo haces re bien 💕💕💕👍👍👍👏👏👏👏
Edna Miranda
la primera me gusta ☺️
Edna Miranda
el primero ☺️☺️ seve más real más hombre 😈😈😈
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
No hagas caso a comentarios mal intencionados están todas tus obras hermosa seguí adelante mis respetos
YUSMARI HURTADO
ay dios ahora si valió madre
Noelia DiazPanal
💞💞💖💖🔥🔥🔥🤭🤭
Noelia DiazPanal
Todas son preciosas imágenes cada una con su estilo🤭🤭🤭
Noelia DiazPanal
👏👏👏👏👏🤭🤭
Noelia DiazPanal
💞💞💖💖
Nubia Jaramillo
buena historia felicitaciones
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