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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:444.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 21

Romina

Cuando Geovanny cerró la puerta, cuando el sonido del pestillo me confirmó que por fin estaba sola, me derrumbé.

Las piernas me fallaron y caí al suelo, justo donde estaba, junto a la ventana desde la que lo había visto alejarse. El llanto llegó sin aviso, convulsivo, desgarrador, como un animal herido que no entiende su propio dolor.

Embarazada.

Mentiras.

El hombre sin rostro tenía rostro. Tenía nombre. Tenía una prometida que no era su prometida. Tenía una historia que no sabía que existía. Tenía todo y nada al mismo tiempo.

—¿Romi?

La voz de Laura atravesó la puerta. Debía haber escuchado mis sollozos desde el pasillo. La llave giró en la cerradura y en segundos estaba a mi lado, en el suelo, abrazándome con esa fuerza que solo las amigas de verdad tienen.

—Ya llegué, ya estoy aquí

susurró, acunándome contra su pecho.

— Llora, mi niña. Llora todo lo que necesites.

Y lloré. Lloré por el miedo, por la confusión, por la rabia. Lloré por la niña que fui, que siempre se sintió poco, que siempre escondió su cuerpo, que nunca creyó merecer ser amada. Lloré por la mujer que era ahora, embarazada de un hombre que me había observado en silencio durante años, que me había salvado de su propio hermano, que me había hecho el amor en la oscuridad como si yo fuera lo más preciado del mundo.

Lloré hasta quedarme sin lágrimas.

Laura me ayudó a levantarme y me llevó al sofá. Me envolvió en una manta, me trajo un té caliente, y se sentó a mi lado sin soltarme la mano.

—Ahora cuéntame

dijo, con esa calma que solo ella tenía.

— Cuéntame todo desde el principio.

Y se lo conté. Todo. La confesión de Geovanny en el hospital, los cuatro años observándome. Todo.

Cuando terminé, Laura se quedó en silencio un largo rato. Procesando. Asimilando.

—Ese hijo de puta

 dijo finalmente.

—nos ha tenido engañadas.

—No es un hijo de puta, Lau

 suspiré.

— Es un cobarde. Un hombre lleno de miedos que no supo cómo enfrentar las cosas.

—Da igual. Te mintió. Te hizo creer que era un sueño. Se escapó dos veces de tu lado sin decirte quién era.

—Lo sé. Y estoy furiosa por eso. Pero también...

dudé.

— También entiendo por qué lo hizo. Su vida es una farsa, Lau. Su padre, su hermano, su prometida... todo es mentira. Y yo soy lo único real que ha tenido en años.

Laura me miró con una mezcla de preocupación y ternura.

—¿Lo defiendes?

—No lo defiendo. Solo trato de entender. Porque si no entiendo, voy a volverme loca.

Ella asintió, comprensiva.

—¿Y el bebé, Qué vas a hacer?

Llevé las manos a mi vientre. Aún plano, aún sin cambios, pero ya habitado. Ya con vida.

—No lo sé

admití.

— Es suyo. Es mío. Es nuestro. Pero no sé qué voy a hacer.

—¿Quieres tenerlo?

La pregunta me golpeó con fuerza. ¿Quería tenerlo? Hasta ese momento, no me había permitido siquiera pensar en eso. Todo había sido tan abrumador, tan repentino...

—No lo sé

repetí.

— Necesito tiempo. Necesito pensar. Necesito...

La voz se me quebró de nuevo.

—Necesitas a tu familia

completó Laura.

La miré, sorprendida por su claridad.

—Sí

susurré.

— Necesito a mi mamá. A mi papá. A mis hermanos. Necesito estar en mi pueblo, en mi casa, en el lugar donde siempre fui solo Romina, sin máscaras, sin mentiras, sin hombres complicados.

Laura me apretó la mano.

—Mañana es viernes. Toma el bus y vete. Pasa el fin de semana allá. Yo le diré a Ernesto que no te sientes bien, que necesitas unos días. Nadie va a cuestionarlo después de lo que pasó hoy con León.

—¿Y si Geovanny quiere verme?

—Que espere. Que aprenda lo que es esperar, ya que tú has esperado cuatro años sin saberlo.

Sonreí débilmente. Laura siempre tenía una respuesta para todo.

––––

Esa noche no pude dormir. Di vueltas en la cama, con las manos en el vientre, preguntándole al universo qué había hecho para merecer todo esto. El amor de un hombre que no supo decírmelo. Un hijo que no había planeado. Una vida que se desmoronaba y reconstruía al mismo tiempo.

Cuando el sol comenzó a asomarse, me levanté y comencé a hacer la maleta. Poca cosa, ropa cómoda, el cargador del teléfono, un libro. Nada más.

Laura apareció en la puerta de mi habitación con el pelo revuelto y ojos de sueño.

—¿Ya te vas?

—El bus sale en dos horas. Quiero llegar temprano.

—¿Segura que no quieres que te acompañe?

—Segura. Tú tienes que trabajar. Y alguien tiene que cubrirme.

Me abrazó fuerte.

—Cuídate, Romi. Y llámame cuando llegues. Pase lo que pase, estoy aquí.

—Lo sé

susurré.

— Gracias por todo, Lau.

Y sin más me fui, el viaje en bus fue un bálsamo. Ver el paisaje cambiar, los edificios dando paso a campos verdes, a montañas, a pueblos pequeños. Cada kilómetro que me alejaba de la ciudad, sentía que podía respirar un poco mejor.

Cinco horas después, el bus se detuvo en la estación de mi pueblo. El mismo pueblo del que me fui con dieciséis años, con una maleta y un montón de sueños. El mismo pueblo al que no volvía desde hacía más de tres año, porque el trabajo, los estudios, la vida, siempre encontraban una excusa.

Caminé por las calles empedradas, respirando el aire limpio, escuchando el canto de los pájaros, sintiendo cómo la tensión se desprendía de mis hombros. Llegué a la puerta de mi casa, esa casa pequeña de fachada amarilla, con macetas en las ventanas y un gato durmiendo en el escalón.

Toqué la puerta. Escuché pasos adentro. Y entonces, la puerta se abrió.

—¿hija?

Mi madre. Con su delantal floreado, sus manos manchadas de harina, sus ojos llenos de sorpresa y alegría.

—Mamá

alcancé a decir antes de que me envolviera en un abrazo.

Su olor. Ese olor a hogar, a cocina, a infancia. Me sostuvo como cuando era pequeña, como cuando me caía y ella me levantaba, como cuando lloraba y ella secaba mis lágrimas.

—¿Qué haces aquí, Romina, Pasó algo?

preguntó, apartándome para mirarme el rostro.

—Solo los extrañaba

mentí.

— Necesitaba estar en casa.

Mi madre me conocía demasiado bien. Vio en mis ojos que había más, pero no presionó. Ese era su don, saber cuándo hablar y cuándo callar.

—Pasa, pasa. Tu padre está en el taller, pero viene a almorzar. Los gemelos deben estar llegando del colegio.

Entré a mi casa. Todo estaba igual. El sofá desgastado, las fotos en la pared, el olor a café recién hecho. Mi lugar en el mundo.

—¿Romina?

Mi padre apareció en la puerta de la cocina, con el overol manchado de grasa y una sonrisa enorme.

—Papá

corrí a abrazarlo.

Me levantó del suelo como si aún pesara los kilos de cuando era niña, y me sostuvo contra su pecho con esa fuerza protectora que solo los padres tienen.

—Mi niña

murmuró.

— Mi niña hermosa.

—Te quiero, papá

susurré contra su hombro.

—Yo también, hija. Yo también.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe y dos torbellinos entraron a la casa.

—¡Romi!

Los gemelos. Mateo y Tomás, dieciséis años, idénticos, con esa energía desbordante de la adolescencia. Se lanzaron sobre mí, abrazándome al mismo tiempo, hablando sin parar.

—¿Por qué no avisaste que venías?

—¿Cuánto te quedas?

—¿Nos trajiste algo de la capital?

—¿Cómo es trabajar en una empresa de verdad?

Reí, por primera vez en días. Una risa auténtica, liberadora.

—Tranquilos, tranquis

dije, apartándolos para mirarlos.

— Han crecido tanto. Ya me sacan una cabeza.

—Es que somos gigantes

dijo Mateo, flexionando un brazo inexistente.

—Y yo soy el más guapo

completó Tomás, guiñando un ojo.

—Los dos son igual de feos

rió mi madre.

— Vayan a lavarse que ya va a estar la comida.

El almuerzo fue como volver a la infancia. La mesa familiar, los platos de siempre, las bromas de siempre, el amor de siempre. Mis padres me miraban con preocupación, mis hermanos con alegría, y yo, por un momento, pude olvidar.

Pero cuando la tarde cayó, cuando los gemelos se fueron a hacer sus tareas y mi padre volvió al taller, mi madre se sentó a mi lado en el sofá.

—Ahora cuéntame

dijo, con esa voz que no admitía mentiras.

— ¿Qué pasa, Romina?

Y yo, que había pensado guardarlo, que había planeado disfrutar el fin de semana sin problemas, sentí que las lágrimas volvían.

—Mamá...

susurré.

— Estoy embarazada.

El silencio. El mundo detenido.

Mi madre me miró. Solo me miró. Y luego, sin decir nada, me abrazó.

—Cuéntame

dijo.

— Cuéntame todo.

Y se lo conté. Todo. Geovanny, las noches, las mentiras, la verdad. El bebé. El miedo. La confusión.

Cuando terminé, mi madre me sostuvo el rostro entre sus manos.

—hija, la vida es complicada. El amor es complicado. Pero hay algo que nunca miente, el corazón. ¿Tú quieres a ese hombre?

—No lo sé

 admití.

— No sé qué siento.

—¿Y quieres a ese bebé?

Llevé las manos a mi vientre. Y por primera vez, lo supe con claridad.

—Sí

dije.

— Lo quiero. Aunque me dé miedo. Aunque no sepa cómo. Lo quiero.

Mi madre sonrió, con esa sonrisa sabia que solo las madres tienen.

—Entonces ya tienes por dónde empezar. Lo demás se irá acomodando.

Apoyé la cabeza en su hombro, como cuando era niña, y dejé que su calor me envolviera.

Estaba en casa.

Estaba a salvo.

Y aunque el futuro fuera incierto, aunque Geovanny fuera un enigma, aunque el bebé fuera un susto, sabía que no estaba sola.

Nunca lo estaría.

Continuara...

1
Maru
Al contrario 🤔💭el silencio 🤫 te hace cómplice
Maru
Geovanny me parece un hombre apocado a su edad y con su preparación académica debería estar blindado sobre el minúsculo afecto de su padre buscar la aprobación paterna a esas alturas es un absurdo; en otro orden de ideas, nadar entre dos aguas me parece mal si tanto ama y desea a Romina que luche por ella y no le de esperanzas a la otra
Maru
Romina muchacha tienes el suficiente potencial para gustarle a tu jefe a tu suegro y todos los que te conocen pero... debes empezar gustando de ti misma 🤩
Maru
🤔💭Las piezas del rompecabezas 🧩 empiezan a encajar
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí estuvo perfecta su historia, es muy raro que un ceo renuncie a todo lo que tiene, por lo regular siempre tratan de salvar su éxito que han logrado, gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
aquí lo triste es que el padre de Giovanni no lo fue a buscar, prefirió su orgullo
Francisca Letycia MirandaGarcia
y su otro abuelo lo irá a conocer, Giovanni ya no lo hace presente en su vida, será pq en realidad nunca estuvo
Francisca Letycia MirandaGarcia
quer hermoso con los ojos grises
Edith Villamizar
me gustó mucho la historia
El final estuvo bueno, no siempre tiene que ser final de ricos y herederos
fué diferente ellos construyeron una familia humilde pero llena de amor
No me gustó que el papá no se le ocurrió visitar a su hijo y pedir una oportunidad para ser abuelo ya que no fué buen padre
Edith Villamizar
Ni porque se fueron lejos, los dejan ser felices juntos
Son malos, inventan que el papá está grave y llevárselo quien sabe que pensaban hacer con Giovanni
Francisca Letycia MirandaGarcia
hasta que tomó esa determinación, darle una lección a su padre y probar que él no lo necesita para salir adelante
Francisca Letycia MirandaGarcia
no es posible que el padre haya pedido eso, por eso los hijos son asi
Francisca Letycia MirandaGarcia
lo importante que tiene unos padres comprensivos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pues haber si no se la pone difícil Camila
Francisca Letycia MirandaGarcia
debería estar feliz pq la ama y a su bebé también
Maria Gudiño
que paso con el papá de Geovanny,por lo demás una excelente novela, felicitaciones para la escritora 👍👌👏👏
Francisca Letycia MirandaGarcia
por muy dormida que este como no darse cuenta que nos están dando duro contra el colchón jajajaja
Liliana Flores
me gusta la trama, pero la estás haciendo demasiado inocente a está chica no puede pensar que es un sueño 🤭🤭
Liliana Flores
hasta ahora me está pareciendo muy interesante y me intriga lo que seguirá sucediendo
Francisca Letycia MirandaGarcia
el padre no puede quedar sin interarse de la fichita que es su hijo leon
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