Juliet Montgomery siempre supo que amar a Nicholas Sterling era un error.
Él era el hombre que todas querían. El heredero perfecto. El futuro CEO de un imperio. Y también el único hombre incapaz de verla como algo más que una simple conocida.
Durante años guardó sus sentimientos en silencio, conformándose con observarlo desde la distancia mientras él entregaba su corazón a otra mujer.
Entonces, una decisión tomada por sus familias cambió sus vidas para siempre.
Un matrimonio.
Un acuerdo.
Una promesa que ninguno de los dos deseaba cumplir por las mismas razones.
Lo que Juliet no sabía era que el destino tenía planes mucho más crueles para ambos.
Porque algunas personas necesitan perderlo todo para descubrir quién estuvo a su lado desde el principio.
Y cuando Nicholas finalmente aprendiera a verla, tal vez ella ya no estaría esperando.
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Un Corazón Obstinado
Capítulo 8: Un Corazón Obstinado
Nicholas Sterling
Siempre había creído que las emociones eran una distracción.
No algo inútil.
Pero sí algo peligroso.
Las emociones hacían que las personas cometieran errores.
Las hacían actuar sin pensar.
Las hacían perder el control.
Y yo odiaba perder el control.
Quizás por eso me gustaba tanto estar con Vivienne.
Con ella todo parecía sencillo.
Sin complicaciones.
Sin dramas.
Sin preguntas incómodas.
O al menos eso creía.
—Llegas tarde.
Vivienne estaba sentada junto a una ventana del restaurante cuando llegué.
Su expresión dejaba claro que no estaba contenta.
Miré mi reloj.
Siete minutos.
Solo siete minutos.
—La reunión se extendió.
—Tus reuniones siempre se extienden.
Me senté frente a ella.
—Lo siento.
—No lo dices en serio.
Suspiré.
Probablemente tenía razón.
Porque aunque lamentaba haber llegado tarde, también sabía que habría vuelto a hacerlo si era necesario.
Mi trabajo siempre iba primero.
Siempre.
Durante la cena intenté concentrarme en la conversación.
Pero algo no estaba bien.
Vivienne parecía distante.
Más fría de lo habitual.
Y eso comenzaba a irritarme.
—¿Ocurre algo?
Ella dejó la copa sobre la mesa.
—¿Alguna vez piensas en algo que no sea Sterling Group?
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Significa exactamente lo que dije.
Me recosté en la silla.
—No entiendo adónde quieres llegar.
—Lo sé.
Y ahí estaba el problema.
No entendía.
Porque nunca entendía.
Cuando regresé a casa cerca de la medianoche, encontré a mi madre en la biblioteca.
Estaba leyendo uno de sus libros favoritos.
Algo que hacía cada vez que necesitaba despejar la mente.
—¿Mala noche?
preguntó.
—Normal.
Ella cerró el libro.
—Eso significa que fue mala.
Sonreí con cansancio.
—Vivienne está molesta.
—¿Y por qué?
—No lo sé.
Mi madre arqueó una ceja.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—Nicholas.
—¿Qué?
—Las mujeres rara vez se enfadan sin motivo.
Solté una pequeña risa.
—Gracias por el consejo.
—De nada.
A la mañana siguiente llegué temprano a la oficina.
Como siempre.
El trabajo era mucho más sencillo que las relaciones humanas.
Los números tenían lógica.
Las personas no.
Estaba revisando unos contratos cuando alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Era Juliet.
Llevaba varios documentos en las manos.
Por un segundo me sorprendió verla.
No porque fuera extraño.
Nuestros equipos trabajaban juntos con frecuencia.
Simplemente no esperaba encontrarla tan temprano.
—Buenos días.
—Buenos días.
Se acercó al escritorio.
—Mi padre me pidió que te entregara esto.
Tomé la carpeta.
Nuestros dedos se rozaron apenas un instante.
Ella apartó la mano de inmediato.
Como si el contacto la hubiera tomado por sorpresa.
—¿Ya revisaste el informe financiero?
preguntó.
—Todavía no.
—Hay algunos cambios importantes.
Asentí.
—Lo veré.
Juliet dudó unos segundos.
Luego señaló una sección específica.
—Empieza por aquí.
Seguí la dirección de su dedo.
Y descubrí un error que nadie más había notado.
Ni siquiera yo.
Levanté la vista.
—Buen trabajo.
Sus mejillas se sonrojaron ligeramente.
—Gracias.
Era curioso.
Juliet siempre parecía sorprendida cuando alguien la elogiaba.
Como si no fuera consciente de lo capaz que era.
Después de que se marchó, seguí trabajando.
Pero varias veces me encontré pensando en aquella conversación.
Algo poco habitual.
Normalmente olvidaba ese tipo de encuentros apenas terminaban.
Sin embargo, por alguna razón, seguía recordándola.
Esa noche asistimos a otra recepción empresarial.
Otra más.
Comenzaba a pensar que toda mi vida transcurría entre reuniones y eventos.
Mientras hablaba con unos inversores, vi a Juliet al otro lado del salón.
Estaba riendo junto a Amelia.
Parecía feliz.
Despreocupada.
Y por un momento me pregunté si alguna vez se cansaba de sonreír.
Entonces un hombre se acercó a ella.
Joven.
Elegante.
Seguramente hijo de algún empresario.
Comenzaron a conversar.
Y algo extraño ocurrió.
Algo que no esperaba.
Sentí una leve incomodidad.
Nada importante.
Solo una sensación pasajera.
—¿Quién es?
La voz de Oliver apareció a mi lado.
—¿Quién es quién?
Mi hermano siguió mi mirada.
Y sonrió.
—Ah.
—¿Qué?
—Nada.
—Oliver.
—Solo digo que pareces interesado.
—No estoy interesado.
—Claro.
Rodé los ojos.
—Deja de inventar cosas.
—Como quieras.
Pero la sonrisa seguía allí.
Y resultaba insoportable.
Cuando volví a mirar hacia donde estaba Juliet, el hombre seguía hablando con ella.
Y ella seguía sonriendo.
Por alguna razón, aquella imagen permaneció en mi cabeza durante el resto de la noche.
Aunque no entendía por qué.
Porque Juliet Montgomery no era asunto mío.
Nunca lo había sido.
Y sin embargo...
Por primera vez en mucho tiempo, comenzaba a preguntarme si realmente la conocía.
La chica que siempre estaba presente.
La que jamás pedía nada.
La que parecía alegrarse cada vez que me veía.
La que llevaba años formando parte de mi vida.
Sin que yo me detuviera a verla de verdad.
Y aunque todavía no lo sabía, aquello estaba a punto de cambiar.
Porque mientras yo comenzaba a notar su existencia, Juliet empezaba lentamente a cansarse de esperar. ❤️📖✨