Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5
Día de una nueva visita del duque llegó más rápido de lo que Madeline habría deseado.
Como de costumbre, las doncellas comenzaron a prepararla desde temprano. Vestidos, joyas, peinados y accesorios aparecieron sobre la cama mientras las jóvenes discutían cuál sería la mejor forma de resaltar su belleza.
Madeline observó el espectáculo durante unos segundos antes de suspirar.
—Algo sencillo será suficiente.
Las doncellas se quedaron inmóviles.
—¿Señorita?
—No hace falta tanto esfuerzo.
Las jóvenes intercambiaron miradas confundidas.
Normalmente, cada vez que el duque iba a visitarla, Madeline dedicaba horas enteras a prepararse. Siempre buscaba el vestido más elegante, el peinado más elaborado y los adornos más llamativos.
Sin embargo, esta vez parecía completamente indiferente.
Al final, terminó usando un vestido sencillo pero refinado, acompañado únicamente por algunos accesorios discretos.
Una vez estuvo lista, llamó a una de las doncellas.
—Cuando llegue el duque, acompáñelo al jardín. Lo recibiré allí.
—Sí, señorita.
El jardín lucía especialmente hermoso aquella mañana.
Las flores estaban en plena floración y una suave brisa movía las ramas de los árboles.
Madeline ya se encontraba sentada bajo una glorieta cuando vio aparecer la figura de Elías.
El duque caminó hacia ella con su habitual expresión seria.
Tan seria que comenzaba a preguntarse si era capaz de sonreír.
—Duque Elías.
Madeline realizó un elegante saludo.
—Lady Madeline.
Elías respondió con un leve asentimiento antes de tomar asiento frente a ella.
Durante unos segundos reinó el silencio.
—Hoy hace un día maravilloso, ¿no le parece?
—Mm.
Madeline parpadeó.
—Esperemos que durante la Gran Cacería de Otoño también tengamos buen clima.
—Mm.
La joven sostuvo la taza de té entre las manos.
Luego volvió a mirarlo.
—Disculpe, duque, pero... ¿acaso solo sabe decir "mm" o es que algún ratón se comió su lengua?
Elías giró la cabeza para observarla.
Por primera vez desde que llegó, una emoción diferente apareció en su rostro.
Sorpresa.
Era la primera vez que Madeline le hablaba de aquella manera.
—¿Qué quiere que le diga?
La pregunta tomó a Madeline por sorpresa.
Después de unos segundos, dejó escapar un pequeño suspiro.
—No lo sé. Cuénteme algo sobre usted. No quiero que cada visita termine convertida en un incómodo silencio.
Elías permaneció callado unos instantes.
Parecía estar pensando seriamente la respuesta.
Finalmente habló.
—No hay mucho que contar.
—¿Nada?
—Entreno. Trabajo. Reviso documentos. Vuelvo a entrenar.
Madeline lo observó fijamente.
—Qué vida tan emocionante.
Elías ignoró el evidente sarcasmo.
—Es suficiente para mí.
La joven apoyó la barbilla sobre una mano.
—¿Tiene alguna afición?
—Entrenar con la espada.
—Ya veo.
Su mirada descendió involuntariamente hacia los brazos del duque.
Incluso bajo las mangas de su traje era evidente que mantenía una excelente condición física.
Eso explicaba muchas cosas.
—Por eso siempre está tan en forma.
Elías no respondió.
Madeline comenzaba a sospechar que aquel hombre era físicamente incapaz de sentirse avergonzado.
Después de unos segundos, una nueva pregunta apareció en su mente.
—¿Le gustaría tener hijos?
Esta vez sí obtuvo una reacción.
Elías frunció ligeramente el ceño.
—¿Hijos?
—Sí.
El duque pareció meditar la respuesta.
—Creo que serían una distracción.
Madeline casi se atragantó con el té.
—¿Una distracción?
—Sí.
—Qué forma tan romántica de verlo.
Elías ignoró nuevamente el sarcasmo.
—Nunca he pensado demasiado en ello.
La joven permaneció unos segundos en silencio.
Luego preguntó con voz más suave:
—¿Ni siquiera si tuviera una mujer a la que amara?
Esta vez los ojos de Elías se encontraron con los suyos.
Directamente.
Sin apartarse.
—No amo a ninguna mujer.
La respuesta fue firme.
Clara.
Y completamente sincera.
Madeline pudo verlo en su mirada.
No estaba mintiendo.
Ni ocultando algo.
Simplemente era la verdad.
Después de eso ya no hizo más preguntas.
Elías permaneció un rato más en el jardín antes de ponerse de pie.
—Debo marcharme.
Madeline levantó la vista de su taza de té.
—Entiendo.
—La próxima semana no podré venir.
Ella arqueó ligeramente una ceja.
—¿Está muy ocupado?
—Debo adelantar trabajo antes de la Gran Cacería de Otoño.
—Ya veo.
Madeline simplemente asintió.
No preguntó más.
No intentó convencerlo de quedarse.
Ni pareció decepcionada por su ausencia.
Aquello provocó una extraña sensación en Elías.
Aunque no supo exactamente por qué.
Tras una breve despedida, abandonó la mansión Fairchild.
Madeline observó el carruaje alejarse desde la glorieta.
Luego dio un sorbo a su té.
—Bueno... eso fue menos agotador de lo que esperaba.
Al llegar a la residencia Ashford, Elías atravesó la entrada principal mientras se quitaba los guantes.
Los sirvientes se apartaron de inmediato para dejarle paso.
Como siempre.
Como ocurría cada día.
Subió directamente a su despacho.
Una vez dentro, dejó el saco sobre una silla y se acercó a la ventana.
Desde allí podía verse gran parte de la capital.
Las calles estaban llenas de carruajes y comerciantes que aún aprovechaban las últimas horas de luz.
Unos golpes resonaron en la puerta.
—Adelante.
El asistente personal del duque entró poco después.
Orión era un hombre de cabello oscuro y porte refinado. Llevaba años trabajando junto a Elías y probablemente era una de las pocas personas capaces de mantener una conversación con él sin sentirse intimidado.
—Duque, ya ha regresado.
Elías asintió.
—Mm.
Orión ocultó un suspiro.
A veces estaba convencido de que su señor podría sobrevivir semanas enteras pronunciando únicamente monosílabos.
—¿Cómo se encontraba su prometida?
—Bien.
—Ya veo...
Orión guardó silencio unos segundos.
—Lady Fairchild es una joven muy educada y agradable.
Elías no respondió.
Su mirada continuó fija en la ventana.
Orión ya estaba acostumbrado.
—Además es hermosa.
Nada.
—Y bastante paciente.
Seguía sin obtener reacción.
—Personalmente, creo que cualquier hombre sería afortunado de tener una prometida como ella.
Por fin consiguió algo.
Elías giró ligeramente la cabeza.
—¿Has terminado?
Orión sonrió.
—Solo estaba conversando.
—Entonces has terminado.
El asistente soltó una pequeña risa.
A veces se preguntaba cómo era posible que un hombre tan inteligente pudiera ser tan torpe en ciertos asuntos.
Mientras observaba a su señor regresar la atención hacia los documentos sobre el escritorio, una idea cruzó por su mente.
Quizá el verdadero problema no era que Elías no entendiera a las mujeres.
Quizá simplemente nunca se había molestado en intentarlo.
Y, por alguna razón, tenía la sensación de que aquello podría traerle muchos problemas en el futuro.
•
•
•
•
es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada