Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.
NovelToon tiene autorización de jaritzy mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7: El baile de las máscaras
La invitación llegó envuelta en un sobre negro sellado con cera roja.
Matteo la dejó sobre el escritorio de Adrián sin pronunciar una palabra.
El líder de Cuervo Negro rompió el sello con un abrecartas de plata y leyó el contenido. Sus ojos grises se endurecieron al instante.
—¿Qué sucede? —preguntó Noah desde el otro lado del despacho.
Desde hacía una semana trabajaban juntos revisando documentos, rutas de transporte y posibles infiltrados. Poco a poco, la presencia del otro se había vuelto parte de la rutina.
Adrián levantó la invitación.
—La familia Moretti organiza su baile anual.
Noah frunció el ceño.
—Pensé que los Moretti se mantenían neutrales.
—Eso aparentan.
Adrián dejó el sobre sobre el escritorio.
—Pero cada año reúnen a todas las familias importantes. Es el único lugar donde enemigos pueden verse las caras sin empezar una guerra.
Noah tomó la invitación y leyó la última línea.
"Se exige asistir acompañado."
Levantó una ceja.
—¿Y quién irá contigo?
Adrián respondió con total naturalidad.
—Tú.
El silencio inundó el despacho.
—¿Perdón?
—Necesito a alguien que pueda reconocer a los miembros de la Orden Carmesí.
—¿Y no puedes llevar a Matteo?
—Matteo será responsable de la seguridad.
Noah cruzó los brazos.
—La gente sabe que soy un Salvatore.
—Precisamente por eso.
Adrián se puso de pie y caminó lentamente hasta quedar frente a él.
—Todos creerán que sigo teniéndote como prisionero. Nadie imaginará que estamos trabajando juntos.
Noah suspiró.
—Empiezo a pensar que disfrutas meterme en problemas.
Una leve sonrisa apareció en los labios de Adrián.
—Empiezo a pensar que sobrevives demasiado bien a ellos.
La noche del baile llegó.
La mansión Moretti parecía un palacio iluminado por cientos de lámparas de cristal.
Autos de lujo llegaban uno tras otro mientras hombres vestidos con elegantes trajes y mujeres cubiertas de joyas descendían entre saludos falsos y sonrisas calculadas.
Todo era lujo.
Todo era apariencia.
Todo era una mentira.
Dentro de ese salón, cualquier persona podía ordenar un asesinato con la misma tranquilidad con la que pedía una copa de vino.
Noah descendió del automóvil acomodándose la corbata negra.
Llevaba un traje azul oscuro perfectamente ajustado a su figura, resaltando su cintura delgada y sus hombros estilizados. Su cabello castaño estaba peinado hacia atrás, dejando ver por completo su rostro, mientras sus ojos verdes recorrían el lugar con cautela.
Varias personas voltearon a verlo.
No porque fuera famoso.
Sino porque era hermoso.
Unos segundos después descendió Adrián.
El silencio fue casi inmediato.
Vestía un esmoquin negro impecable. La camisa blanca contrastaba con su cabello azabache y sus ojos grises parecían aún más fríos bajo la tenue iluminación.
Su presencia imponía respeto.
No necesitaba levantar la voz.
Bastaba con caminar.
Noah notó cómo varias mujeres lo observaban.
También algunos hombres.
—Ahora entiendo por qué todos hablan de ti —murmuró.
Adrián lo miró de reojo.
—¿Celoso?
Noah soltó una pequeña risa.
—Ni en tus mejores sueños.
—Lástima.
Antes de que Noah pudiera responder, un hombre mayor se acercó para recibirlos.
—Señor De Luca.
Adrián estrechó su mano.
—Señor Moretti.
El anfitrión dirigió entonces la mirada hacia Noah.
Su expresión cambió apenas un instante.
—No esperaba ver a un Salvatore acompañándolo.
Adrián respondió antes de que Noah hablara.
—Las cosas cambian.
El hombre sonrió con educación.
Pero sus ojos reflejaban otra cosa.
Preocupación.
La música comenzó a sonar mientras decenas de parejas ocupaban el centro del salón.
Noah observaba discretamente a cada invitado.
Había rostros conocidos.
Líderes de organizaciones menores.
Empresarios corruptos.
Políticos.
Incluso jueces.
Todos mezclados bajo el mismo techo.
—Tres hombres nos observan desde la barra —susurró Noah sin mover los labios.
Adrián tomó una copa.
—Ya los vi.
—No parecen de ninguna familia.
—Lo sé.
Continuaron caminando como si nada ocurriera.
Entonces una mujer elegantemente vestida se acercó a Adrián.
—¿Me concede este baile?
Noah fingió no prestar atención.
Sin embargo, alcanzó a escuchar la respuesta.
—Lo siento.
—¿Ya tiene pareja?
Adrián giró apenas el rostro hacia Noah.
—Sí.
Noah casi se atragantó con el vino.
La mujer sonrió con cierta decepción antes de retirarse.
Cuando estuvo lo bastante lejos, Noah habló entre dientes.
—¿Qué demonios fue eso?
—Necesitaba una excusa.
—Pudiste inventar cualquier otra.
Adrián lo miró fijamente.
—Fue la primera que se me ocurrió.
Noah sintió un extraño calor subir por sus mejillas.
No le gustó.
Porque empezaba a acostumbrarse demasiado a ese hombre.
Una hora después, las luces disminuyeron de intensidad.
El anfitrión anunció el tradicional baile principal.
Las parejas comenzaron a dirigirse al centro.
Noah intentó alejarse.
Pero Adrián sujetó suavemente su muñeca.
—Ven.
—Ni hablar.
—Nos observarán si nos negamos.
—No sé bailar.
—Yo sí.
Noah suspiró resignado.
Los dos caminaron hasta el centro del salón bajo la mirada curiosa de todos los presentes.
Adrián colocó una mano en la cintura de Noah.
La otra sostuvo su mano con firmeza.
Noah sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Estaban demasiado cerca.
Podía percibir el perfume de Adrián, una mezcla elegante de madera y bergamota.
—Relájate.
—Es difícil cuando medio salón nos está mirando.
Adrián sonrió apenas.
—Entonces mírame solo a mí.
Aquellas palabras hicieron que Noah levantara la vista.
Durante unos segundos olvidó dónde estaba.
La música.
Las personas.
El peligro.
Solo existían aquellos ojos grises observándolo con una intensidad imposible de ignorar.
—Te ves diferente esta noche —murmuró Adrián.
—¿Diferente?
—Menos dispuesto a huir.
Noah sonrió.
—Quizá porque empiezo a pensar que contigo estoy más seguro que con mi propia familia.
Aquella confesión tomó por sorpresa a Adrián.
No respondió.
Pero por primera vez en muchos años sintió que alguien confiaba verdaderamente en él.
Y eso daba más miedo que cualquier enemigo.
De repente, un destello metálico cruzó el salón.
Los instintos de Adrián reaccionaron antes que su mente.
Empujó a Noah hacia un lado justo cuando una bala atravesó el enorme candelabro de cristal.
El techo estalló en miles de fragmentos.
Los invitados comenzaron a gritar.
Las luces se apagaron.
Y entre el caos, una voz desconocida susurró muy cerca de Noah.
—La Orden Carmesí nunca olvida a sus elegidos.
Continuará...