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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

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CAPÍTULO 9: EL PSIQUIATRA EQUIVOCADO

Valentina llegó a la consulta del doctor Fuentes sin avisar. No pidió cita. No llamó por teléfono. Simplemente apareció en la puerta a las nueve de la mañana, con el sobre de las pruebas en el bolsillo y la grabación del reloj inteligente lista para ser reproducida.

La recepcionista intentó detenerla.

—Lo siento, señora, el doctor tiene agenda completa...

—Dígale que es Valentina —respondió ella, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. La paciente que su amigo Nicolás le envió. Estoy segura de que querrá verme.

La recepcionista dudó un segundo, pero algo en la mirada de Valentina la hizo levantar el teléfono. Un minuto después, la puerta del consultorio se abrió y el doctor Fuentes apareció en el umbral, con su bata blanca impecable y sus ojos de contable.

—Valentina —dijo, y su voz era una mezcla de sorpresa y preocupación—. No teníamos cita.

—Lo sé —respondió ella, entrando sin permiso—. Pero esto no puede esperar.

El doctor la siguió hasta el sillón de cuero beige y cerró la puerta con cuidado. Se sentó frente a ella, con las manos sobre el escritorio, en una postura de autoridad profesional.

—¿Qué ocurre? —preguntó—. ¿Ha tenido otro episodio?

Valentina sonrió. Era una sonrisa fría, calculada, que no tenía nada que ver con la mujer frágil que había actuado en su consulta días atrás.

—No, doctor. Al contrario. Estoy más lúcida que nunca.

El doctor Fuentes entrecerró los ojos. Algo en él cambió. La máscara del profesional compasivo se resquebrajó por un instante, y Valentina vio el miedo asomando detrás.

—No entiendo...

—Claro que entiende —interrumpió Valentina—. Usted sabe perfectamente que nuestras sesiones eran una farsa. Que Nicolás le pidió que me diagnosticara una enfermedad mental para poder internarme. Que usted aceptó a cambio de dinero o favores políticos.

El doctor Fuentes palideció. Sus dedos, los dedos de pianista que Valentina había observado en su primera visita, comenzaron a tamborilear sobre el escritorio.

—Eso es una acusación grave —dijo—. No tengo por qué escucharla.

—Tiene que escucharla —respondió Valentina, sacando el teléfono del bolsillo—. Porque tengo grabaciones de nuestras sesiones. Tengo el correo donde Nicolás le pide que acelere el diagnóstico. Y tengo una copia del informe psiquiátrico que usted ya preparó, donde recomienda mi internamiento involuntario.

Colocó el teléfono sobre la mesa y reprodujo un fragmento de la grabación. La voz del doctor Fuentes sonó clara en el consultorio: "¿Sabe, Valentina? Nicolás me ha contado que últimamente tiene algunos momentos de... confusión..."

El doctor Fuentes se quedó inmóvil. Su rostro era una máscara de horror mal disimulado.

—Eso fue una sesión terapéutica —dijo, pero su voz ya no era firme—. Tenía el deber de evaluarla.

—¿Y esto? —dijo Valentina, mostrando el correo impreso que Mateo había extraído del ordenador de Nicolás—. ¿También era parte de su deber?

El doctor leyó el correo. En él, Nicolás le agradecía su "colaboración profesional" y le confirmaba que el informe de internamiento sería entregado al juez en dos semanas.

El silencio se alargó como una herida abierta.

—¿Qué quiere? —preguntó al fin el doctor, y su voz era un susurro derrotado.

—Quiero que firme un documento —dijo Valentina, sacando del bolso un papel que había preparado la noche anterior—. Un documento donde confiesa que Nicolás le pidió que falsificara mi diagnóstico. Que usted aceptó. Y que ahora se retracta.

El doctor Fuentes tomó el papel con manos temblorosas. Leyó el contenido en silencio, y Valentina vio cómo su rostro pasaba del miedo a la resignación.

—Si firmo esto, mi carrera se acaba.

—Si no lo firma, su carrera se acaba igual —respondió Valentina—. Pero además, irá a la cárcel por conspiración y fraude. La elección es suya.

El doctor Fuentes levantó la mirada y la sostuvo durante un largo momento. Había perdido. Lo sabía. Lo había sabido desde el momento en que Valentina entró por la puerta con esa mirada de acero.

Tomó un bolígrafo y firmó el documento. Su letra era temblorosa, apenas reconocible.

—¿Qué va a hacer con esto? —preguntó.

—Guardarlo —respondió Valentina, recogiendo el papel—. Por si acaso. Si usted cumple su parte del trato, nadie sabrá nunca que firmó esto.

—¿Mi parte del trato?

—Testificar, si llega el caso, que Nicolás y Camila intentaron manipular un diagnóstico psiquiátrico. Nada más.

El doctor asintió lentamente. Ya no era el hombre seguro de sí mismo que Valentina había conocido en su primera visita. Era un hombre derrotado, sentado en su propio consultorio, con los dedos de pianista apoyados sobre la mesa como si ya no supieran qué hacer.

Valentina se levantó y guardó el documento en su bolso, junto al sobre de las pruebas y el USB negro. Tres armas. Tres pruebas. Un triunfo más en su colección silenciosa.

—Que tenga buen día, doctor —dijo, y su voz era la de una mujer que ya no pedía permiso para nada.

Salió del consultorio con la misma seguridad con que había entrado. En la sala de espera, una mujer mayor la miró con curiosidad, pero Valentina no se detuvo. Cruzó la puerta y salió a la calle, donde el sol de la mañana brillaba con una intensidad que le pareció un presagio.

Caminó sin rumbo durante un rato, sintiendo el peso de los documentos en su bolso. El doctor Fuentes había firmado. Nicolás y Camila estaban acorralados. Las pruebas estaban en su poder. Todo avanzaba según lo planeado.

Pero había algo que la inquietaba. Una sensación de que la batalla no había terminado. Un presentimiento de que Nicolás, el hombre que había construido su vida sobre mentiras, no se rendiría tan fácilmente.

Se detuvo en medio de la acera y sacó el teléfono. Marcó el número de Mateo.

—¿Todo bien? —preguntó él al contestar.

—El doctor firmó —dijo Valentina—. Tengo todo lo que necesito.

—¿Y ahora?

Valentina miró hacia el horizonte, hacia los edificios que se alzaban contra el cielo como promesas de un futuro incierto.

—Ahora —respondió—, esperamos.

—¿Cuánto tiempo?

—El tiempo que ellos tarden en cometer el siguiente error. Y lo harán. Los animales acorralados siempre muerden.

Colgó y guardó el teléfono. Luego siguió caminando, con el bolso apretado contra el pecho y la certeza de que la guerra apenas comenzaba.

Esa noche, en el cuaderno secreto, escribió:

"Paso 8 completado. Doctor Fuentes firma la confesión. Tengo tres pruebas sólidas: grabaciones, correos y confesión firmada. Nicolás y Camila están acorralados. Pero no subestimo su capacidad de reacción. Debo acelerar el plan de escape. La isla espera."

Y al final, añadió una línea que no había escrito antes:

"Ya no tengo miedo de ellos. Tengo miedo de mí misma. De lo que soy capaz de hacer."

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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