Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir
NovelToon tiene autorización de evely azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
9 Que sea el destino quien marque mi camino
Inez se quedo inmovilizada por el impacto de dos heridas profundas en su corazón, causadas por quien alguna vez fue el amor de su vida y con quien había construido un hogar estable. Pero todo eso ya pertenecía al pasado: hoy solo había recibido palabras de rechazo, había sido echada a la calle sin compasión y, por si fuera poco, amenazada con el divorcio por parte de ese hombre que ya le había confesado que ya no la amaba… una verdad que dolía casi más que el propio abandono.
Sacó toda la violencia que llevaba acumulada dentro, buscando desquitarse con la primera persona que tenía cerca. Cerró los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, se giró bruscamente hacia Doris, interrumpió de golpe lo que esta estaba haciendo y le gritó con la voz cargada de rabia y rencor:
—¡Basta ya!
La tomó del brazo con rudeza, mirándola de forma desafiante, generando un miedo profundo en su empleada. Le arrancó de las manos el extintor que esta sostenía, y el objeto cayó con violencia sobre el jardín, destrozando los rosales y marchitando las flores con el impacto.
—¡Señora! —alcanzó a reaccionar Doris, sorprendida, aunque sin intentar defenderse ni oponerse; se quedó quieta, temblando.
—Te lo voy a repetir una sola vez: si no quieres que te ahogue con mis propias manos. Vete a preparar mis maletas ahora mismo, porque no quiero verte ni un Minuto más frente a mí.
Doris, decidida a no hacer más tensa la situación y sin intentar siquiera preguntar por qué, respondió con voz sumisa:
—Ahora mismo iré a preparar sus maletas.
Dicho esto, se apresuró a irse. Sin embargo, se giró un instante para mirar a su jefa, aterrorizada por la furia que veía reflejada en ella.
Inez se dio cuenta de esa mirada y le gritó, pisando el suelo con fuerza:
—¡Vete ahora mismo, o vas a ver de lo que soy capaz cuando estoy realmente furiosa! —le advirtió, con un tono firme y dominante, como quien exige obediencia absoluta y sin discusión.
Al quedarse finalmente sola, la ira empezó a mezclarse con la cruda realidad. Miró hacia el cielo, cerró los ojos por un momento y murmuró con la voz totalmente rota por el llanto:
—Es increíble… lo he perdido todo. ya no tengo salida..
—Tu ira solo crece más cuando gritas y dañas a los demás —le dice Lenny con calma y sabiduría. Él es su psiquiatra, y se acerca despacio hacia ella; desde lejos ha escuchado y visto toda esa escena de violencia que acaba de ocurrir.
Ella se da vuelta de golpe para mirarlo, llena de rabia.
—¿Y tú qué sabes? Mírame bien: ¿acaso no me mentiste? Lo he perdido todo, y ahora recién te apareces —le suelta, furiosa—. Justo ahora que lo he arruinado todo por un ataque que no pude controlar. Ya no te necesito. Vete de mi vista. Voy a demandarte, porque solo me sacaste dinero y no vi ningún resultado —le dice Inez con voz fría, sin un rastro de emoción aparente, aunque por dentro está destrozada y se le entrecorta la voz entre las lágrimas que se niega a soltar.
—¿Quieres echarme? ¿Demandarme? Hazlo. Pero sabes bien que así no vas a sanar. Solo te hundirás más en tu propia soledad y desesperación
—responde él con tranquilidad, sin alterarse—.
Entiendo perfectamente: crees que no logré lo que esperabas, y piensas que solo me aproveché de ti. Escúchame bien: soy psiquiatra, no puedo cambiar las circunstancias ni arreglar tu vida por ti.
Mi trabajo es ayudarte a cambiar la forma en que sobrevives y te enfrentas a lo que te pasa. El resto, la decisión y el esfuerzo, eso depende solo de ti.
Mientras habla, se acerca un poco más y empieza a quitarse la corbata despacio, frente a ella.
—Vamos a hablar como personas, sin títulos. Por esta vez, no soy tu psiquiatra.
Soy yo mismo, y te voy a hablar con total franqueza: lo que hiciste hoy fue muy peligroso. No pasó a mayores porque solo fueron paraguas lo que quemaste, pero si te descuidas, esto fue solo el aviso.
El próximo ataque será peor, más destructivo, y así irá pasando una y otra vez hasta que termines destruyéndote a ti misma por completo. Tienes que ser consciente de esto: ahora mismo eres un peligro para ti misma. Necesitas un tratamiento más profundo y más intensivo.
—Por tu bien y por el de todos los que te rodean, deberías internarte en una de mis residencias. Allí te tratarán de forma adecuada, y todo será pensado para protegerte. Si no lo haces, ya no habrá vuelta atrás para lo que se viene, y créeme: lo que te espera es puro sufrimiento —le explica Lenny, mirándola fijamente, con seriedad, las manos metidas en los bolsillos y hablando con total honestidad; no la obliga, solo le advierte con la verdad.
—¿Crees que voy a volver a caer en lo mismo que tú me propones? —responde Inez con tono irónico, manteniendo el rostro duro y sin mostrar ninguna emoción, aunque por dentro se está desmoronando—. Al final, siento que no tengo otra salida, ¿verdad? He estado años y años en terapia contigo, he cumplido cada regla, he seguido todo lo que me dijiste… y al final, nada cambió.
Pero te lo digo claro: basta. Se acabó.
No te voy a necesitar más. Viviré a mi manera: sin tratamientos, sin médicos, sin nadie que me diga qué hacer —lo suelta con una decisión absoluta, voz fría y cortante, firme por fuera aunque el dolor le apriete el pecho por dentro.
Lenny se queda un momento en silencio, reflexionando, sin insistir ni presionarla.
—Está bien. Es tu elección, y la respeto. Yo solo te doy mi consejo, como parte de mi trabajo y de todo lo que hemos construido juntos —le dice con calma y sinceridad. Y sin agregar nada más, se retira en silencio.
Inez se queda sola, inmóvil y seria. Mira al frente con determinación, ocultando todo lo que sufre. Murmura bajito, solo para sí misma:
—Que sea el destino quien marque mi camino.