Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 9
Esa noche no pude dormir, pero curiosamente no fue por miedo.
Fue por ansiedad.
Mi mente no dejaba de organizar posibilidades, escenarios y recuerdos mientras permanecía sentada frente al enorme ventanal de mi habitación observando las luces de la ciudad. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido y, aun así, sentía que por primera vez en mi vida realmente estaba despertando, porque antes solo existía alrededor de otros.
Ahora estaba pensando por mí misma, moviéndome por mí misma y sinceramente… era aterrador, pero también increíble.
Tomé lentamente la copa de agua sobre la mesa mientras intentaba recordar cada interacción que tuve con Dante en mi vida pasada. No fueron muchas. De hecho, la mayoría fueron simples encuentros casuales durante reuniones empresariales importantes, pero había algo en él imposible de ignorar.
Dante tenía presencia.
No necesitaba levantar la voz ni esforzarse para llamar la atención. Bastaba con que entrara a una habitación para que todos comenzaran a medir cuidadosamente sus palabras.
Incluso Alexander y eso decía muchísimo.
Recuerdo perfectamente una reunión específica, meses antes de mi muerte. Alexander estaba desesperado intentando cerrar un acuerdo relacionado con exportaciones internacionales y Dante rechazó la propuesta frente a todos sin siquiera molestarse en fingir cortesía.
“Los negocios desesperados suelen esconder demasiada basura detrás.”
Todavía recuerdo cómo el rostro de Alexander se endureció después de escuchar aquello y Dante simplemente se levantó y se fue, sin miedo, sin presión, sin necesidad de agradarle a nadie, qué diferente era de mí en aquel entonces.
Suspiré lentamente mientras apoyaba la cabeza contra el respaldo de la silla. La verdad era que Dante me intimidaba incluso ahora, no físicamente, sino emocionalmente, porque él siempre parecía ver demasiado.
Incluso en mi vida pasada sentía que cada vez que me observaba podía notar perfectamente lo miserable que era mi relación con Alexander y odiaba eso. Odiaba sentirme expuesta frente a alguien que apenas me conocía. Pero ahora… Ahora tal vez necesitaba precisamente a alguien capaz de ver la verdad sin adornos.
El sonido de mi teléfono interrumpió mis pensamientos, fruncí ligeramente el ceño al ver el nombre en pantalla.
Alexander.
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
Incluso después de todo, mi reacción física seguía ahí. Esa desagradable mezcla de ansiedad y anticipación que él entrenó dentro de mí durante años, pero esta vez no confundí esa sensación con amor, era costumbre, control emocional, manipulación.
Respiré profundo antes de responder.
—¿Sí?
Hubo unos segundos de silencio y después escuché su voz.
—Escuché que discutiste con tus padres.
Qué rápido se enteró, claro, porque mi vida siempre fue prácticamente un reporte empresarial para él, me recosté lentamente contra la silla.
—Las noticias viajan rápido.
Alexander soltó una pequeña risa baja.
—Cuando haces un espectáculo en medio del desayuno familiar, sí.
Ahí estaba, la minimización, siempre reduciendo mis emociones a exageraciones vergonzosas, pero esta vez no sentí culpa.
Solo fastidio.
—¿Llamaste para burlarte o tienes algo importante que decir?
El silencio duró apenas un segundo y honestamente… creo que eso lo sorprendió, porque la antigua Mía jamás le hablaba así.
Nunca.
—¿Qué ocurre contigo hoy? —preguntó finalmente.
Cerré lentamente los ojos, qué fascinante era escuchar la confusión en su voz, porque por primera vez estaba perdiendo control sobre mí.
—Nada —respondí con calma—. Tal vez simplemente estoy cansada.
Él soltó un pequeño suspiro.
—¿Otra vez empezaremos con esto?
“Esto.”
Como si mis emociones fueran una rutina molesta, mis dedos se tensaron alrededor de la copa y aunque seguía doliendo escuchar su indiferencia, ya no sentía necesidad de mendigar afecto.
Qué liberador era eso.
—¿Con qué exactamente? —pregunté tranquilamente.
—Con tus inseguridades.
Por supuesto... Todo siempre era culpa mía.
Si él me ignoraba, yo era insegura, si me sentía mal, exageraba, si sospechaba algo, estaba siendo paranoica.
Dios... De verdad me destruyó psicológicamente durante años. Y lo peor era que lo hizo tan lentamente que ni siquiera lo noté, pero ahora sí, ahora podía ver cada manipulación perfectamente clara.
Sonreí apenas.
—Curioso.
—¿Qué cosa?
—Que siempre encuentres una forma de convertir mis sentimientos en defectos.
Alexander guardó silencio unos segundos y después habló con una voz más fría.
—Mía, no tengo paciencia para dramas esta noche.
Y esa frase… Esa maldita frase… En otra vida habría hecho que me disculpara inmediatamente, habría intentado arreglar las cosas, habría llorado después de colgar, pero no ahora. Porque finalmente entendí algo importante...
Las personas que realmente te aman no te hacen sentir difícil de querer cada vez que expresas dolor.
Mi voz salió más tranquila de lo que esperaba.
—Entonces cuelga.
Silencio, completo silencio. Y... Tenía que ser sincera… fue delicioso, porque sabía perfectamente que lo desconcerté.
Alexander estaba acostumbrado a que yo soportara todo con tal de conservarlo, pero ya no.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó lentamente.
Me levanté de la silla mientras caminaba hacia el ventanal.
—Escuchaste bien. Si hablar conmigo te resulta tan insoportable, puedes colgar.
Sentí su molestia incluso a través del teléfono y por primera vez en mi vida… no me intimidó.
—Mía, estás actuando como una niña.
Solté una pequeña risa.
—No. Simplemente dejé de actuar como alguien desesperada por agradarte.
Otra vez silencio y esta vez duró más, mucho más. Hasta que finalmente habló con una voz peligrosamente calmada.
—¿Alguien te llenó la cabeza de tonterías?
Ahí estaba, porque hombres como él jamás creen que una mujer pueda despertar sola, siempre asumen que alguien más la influenció, porque aceptar que dejaste de amarlos voluntariamente hiere demasiado su ego.
—No —respondí mirándome en el reflejo del cristal—. Solo aprendí a escucharme a mí misma.
Él soltó un suspiro irritado.
—Mañana hablaré contigo personalmente.
Mi sonrisa desapareció apenas escuché eso, porque aunque ahora era más fuerte… todavía conocía perfectamente a Alexander y sabía algo importante...
Los hombres controladores se vuelven peligrosos cuando sienten que están perdiendo poder.
Necesitaba moverme rápido, muy rápido.
—No necesito una supervisión emocional, Alexander.
—No te estoy preguntando.
Mis ojos se enfriaron inmediatamente, ahí estaba el verdadero él, autoritario, convencido de que podía decidir sobre mí, pero esta vez no iba a obedecer.
—Pues empieza a hacerlo —respondí fríamente—. Porque ya no voy a dejar que hables conmigo como si fueras dueño de mi vida.
Y antes de que pudiera responder… Colgué.
Mi corazón latía rápido, muy rápido, no por arrepentimiento, por adrenalina, porque jamás le había hablado así.
Nunca.
Y aunque una parte de mí seguía temblando por dentro… otra parte estaba orgullosa, terriblemente orgullosa.
El teléfono volvió a sonar inmediatamente, lo ignoré, volvió a sonar y otra vez.
Hasta que finalmente la pantalla se apagó, solté lentamente el aire contenido mientras cerraba los ojos, definitivamente no le gustó perder control.
Perfecto, porque apenas estaba comenzando.
A la mañana siguiente desperté temprano. Mucho más temprano de lo habitual. Mi mente seguía trabajando sin descanso mientras me preparaba frente al espejo. Esta vez elegí un traje elegante color marfil en lugar de los vestidos delicados que mi madre adoraba verme usar, necesitaba sentirme poderosa y curiosamente… lo hacía.
Clara entró a la habitación mientras terminaba de acomodar mi cabello.
—Conseguí la información que pidió.
Levanté inmediatamente la mirada, ella se acercó entregándome una carpeta negra.
—Dante Morelli tendrá una reunión privada esta tarde en el Hotel Imperial con algunos inversionistas internacionales.
Tomé la carpeta lentamente y sentí algo extraño recorrerme.
Nervios.
Porque sabía perfectamente que, después de hoy... Mi vida iba a cambiar completamente.