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Las Veredas Del Alma

Las Veredas Del Alma

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance / Amor eterno
Popularitas:166
Nilai: 5
nombre de autor: marig

Tres amigos de la infancia. Un amor en secreto que finalmente se anima a nacer. Y un resentimiento silencioso dispuesto a destruirlo todo. Camila brilla con luz propia, Bruno es el chico de pocas palabras que daría la vida por ella, y Milena es la sombra que espera el momento exacto para actuar. Lo que empieza como un romance de escuela secundaria terminará atrapado en una red de manipulación, celos y una trampa mortal en lo profundo. Descubrí hasta dónde se puede llegar cuando la envidia se disfraza de amistad.

NovelToon tiene autorización de marig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El veneno de la duda

El lunes por la mañana, el camino al Colegio Comercial sumó una nueva integrante. Sabrina caminaba al lado de Bruno, preguntándole por los profesores y los talleres, rozándole el hombro "sin querer" cada vez que cruzaban una esquina de tierra. Camila iba un poco más adelante hablando con Milena, pero por primera vez en dos años, una extraña sensación de incomodidad le picó en la nuca.

En los recreos, Sabrina demostró no tener vergüenza. Se sentaba en el buffet con el grupo de cuarto, pero siempre buscaba quedar al lado de Bruno.

-Che, Bruno, ¿vos que sabés de motos? Mi viejo me quiere comprar una para andar por las bardas y no tengo idea de marcas. ¿No me acompañás a ver una el miércoles a la salida? -le preguntó Sabrina, inclinándose sobre la mesa, dejando que su perfume invasivo inundara el espacio.

Bruno, que estaba comiendo un alfajor, la miró un poco confundido.

-Eh... y, algo sé por mi viejo. Pero el miércoles entreno en el club del barrio.

-Dale, no seas malo, son diez minutos acá en el centro. Me hacés un favorazo -insistió ella, tocándole el antebrazo con suavidad.

Camila, que estaba anotando unas cosas de la cooperativa, levantó la vista al toque. Vio la mano de Sabrina en el brazo de su novio y sintió una puntada caliente en el estómago. Bruno no retiró el brazo de mala onda porque no le dio importancia, pero a Camila no le gustó nada la soltura de la chica nueva.

Camila guardó el cuaderno con un golpe un poco más fuerte de lo normal. Milena, que vigilaba cada pestañeo de su amiga, atacó al instante con su voz de ángel guardián.

-Viste cómo es mi prima, Cami... es re Susanita, re suelta -le susurró Milena al oído, barriendo la mesa con la mirada-. En Allen era igual, se lleva mejor con los varones que con las pibas. No lo hace de mala, es media bruta para manejarse. No te lo tomés a mal, eh.

-No, todo bien. No pasa nada -mintió Camila, tragando saliva.

Pero el plan de las primas recién estaba arrancando. El miércoles por la tarde, a la salida de la escuela, Camila tuvo que quedarse a una reunión obligatoria de delegados con los directores. Bruno le avisó que la esperaba en la plaza del centro para tomar el colectivo juntos hacia el barrio.

Cuando Camila terminó la reunión, casi una hora después, caminó apurada bajo el frío de la tarde hacia la plaza. Al llegar a la esquina, se frenó en seco.

Sentados en uno de los bancos de cemento, debajo de un árbol seco, estaban Bruno y Sabrina. Pero no estaban charlando normales. Sabrina se estaba riendo a carcajadas, tirada hacia atrás, y tenía puesta la campera azul de Bruno sobre los hombros. Bruno estaba en buzo, mirándola con una sonrisa de costado, esa misma sonrisa que Camila creía que era solo para ella.

A Camila se le cayó el mundo encima. La seguridad que había construido en esos dos años de noviazgo impecable se agrietó en un segundo.

Lo que Camila no sabía era que, cinco minutos antes, Sabrina se había tirado un chorro de agua fría del termo en el cuello a propósito para fingir que se congelaba, obligando a Bruno a pasarle la campera por pura caballerosidad de barrio. Y el chiste del que se reía era una pavada sobre el preceptor que Sabrina había exagerado solo para que los vieran cómplices desde lejos.

Desde la parada de colectivos del otro lado de la plaza, oculta detrás de un kiosco, Milena miraba la escena con el celular en la mano. Vio la cara de espanto de Camila al descubrir a su novio con otra y sintió que los dos años de actuación habían valido cada maldito segundo. El veneno ya estaba corriendo por las venas de la delegada.

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