Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?
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Capítulo 14: El Pasado Regresa.
Capítulo 14: El pasado regresa
Tres días después de la inauguración, recibí un sobre. No tenía remitente pero reconocí la letra de Rebeca. Mis manos temblaron al abrirlo, dentro había una carta nada más. No había amenazas ni fotos. Tampoco pruebas falsas, solo palabras.
"Camila:
Vi la inauguración de tu fundación en las noticias. Estabas hermosa. Te veías segura y feliz. Eso fue lo que más me dolió porque yo no puedo ser feliz. No sé cómo lograrlo. Lo intenté y no pude. Tal vez porque nunca aprendí, y dejé que el odio me consumiera por dentro, y ya no queda nada más.
Pero quiero que sepas algo: no te guardo rencor. No siento odio por ti. Solo siento tristeza por lo que pudimos ser y no fuimos. Nostalgia por las hermanas que pudimos ser y no somos. No voy a volver. No voy a molestarte. Solo quería que supieras que existo. Que respiro. Que pienso en ti.
Cuídate.
Rebeca."
Leí la carta tres veces. La primera, con desconfianza. Tal vez era una trampa. La segunda vez con tristeza. Tal vez realmente estaba arrepentida. La tercera con paz. Tal vez era hora de perdonar. Sebastián entró en la habitación.
—¿Qué tienes ahí?
—Una carta de Rebeca.
Casi al instante, los músculos de su mandíbula se tensaron.
—¿Qué quiere ahora?
—Nada. Solo decirme que vio la inauguración de la fundación, y que está orgullosa de mí.
—¿Y tú le creíste?
—No lo sé, pero quiero creerle.
—Camila...
—Sé que me dirás que es peligrosa. Que no confíe en ella porque esto puede ser una trampa.
—Sí... eso mismo era lo que iba a decir.
—Pero mira esto.
Le mostré la carta. Él la leyó en silencio y su expresión cambió. El rostro de Sebastián pasó de la desconfianza a la duda.
—Parece sincera —admitió.
—A eso me refería cuando dije que tal vez, llegó la hora de perdonar.
—¿Qué piensas hacer?
—Escribirle.
—¿Estás segura?
—No, pero necesito intentarlo. Por ella y por mí. Por todo lo que pudimos haber sido.
—Si piensas hacer eso te apoyo. Siempre estaré de tu lado hagas lo que hagas.
—Gracias.
Esa noche, escribí mi respuesta.
"Rebeca:
Leí tu carta varias veces. Al principio no quería creerte, pero después quise hacerlo. Al final decidí que no importa si es verdad o no. Lo que importa es que yo he decidido perdonarte. No por ti, sino por mí. Porque el rencor pesa demasiado. Porque no quiero que Nico crezca viendo a una madre amargada por el pasado.
Me voy a olvidar de las mentiras; del secuestro que fui víctima. Incluso me esfuerzo por olvidar que intentaste quitarme a mi hijo. No te perdono por lo que hiciste, porque ya el daño está hecho y eso no se puede remediar. Te perdono por lo que eres: mi hermana.
Pero no quiero volver a verte. No quiero volver a saber de ti. Esta es nuestra despedida.
Cuídate. Trata de rehacer tu vida, y encuentra la paz que yo encontré.
Camila."
Doblé la carta, la metí en un sobre, y le puse la dirección de la última casa donde vivió Rebeca. Al día siguiente, la eché al correo. Caminé de regreso a casa con una mezcla de alivio y tristeza. Había cerrado una puerta. Pero sabía que tal vez algún día, Rebeca encontraría la forma de abrir otra.
Una semana después, recibí otro sobre pero este no era de Rebeca. Era de Sofía, la mujer que me había pedido ayuda en la inauguración.
"Señora Montes:
Gracias por todo. Gracias por darme una oportunidad. Gracias por devolverme la esperanza. Mi hijo mayor entró en la universidad gracias a la beca que su fundación le dio. Mi hija pequeña ya no llora por las noches. Yo... yo conseguí trabajo en la propia fundación, como secretaria. No sé cómo pagarle todo lo que ha hecho por nosotros. Solo puedo decirle: gracias.
Atentamente,
Sofía."
Sonreí. Esa era la verdadera recompensa. No era el dinero, ni el poder. Incluso tampoco la fama. Pero ayudar a otros, cambiarles sus vidas y devolverle la esperanza, era lo que me hacía feliz. Esa noche Sebastián llegó tarde a casa.
—¿Todo bien? —pregunté.
—Sí. Tuve una reunión con los abogados.
—¿Con los abogados? ¿Para qué?
—Para dejar todo en regla. Mi testamento, la herencia de Nico. La donación de mis bienes a la fundación.
—¿Donación de tus bienes?
—Si me pasa algo, quiero que todo sea para la fundación. Para que siga ayudando a personas como tú ayudaste a Sofía.
—Sebastián...
—No quiero que se pierdan ni mi dinero, ni mi legado. ¡Mucho menos mi familia!
—No te va a pasar nada.
—Nadie sabe lo que pasará mañana. Por eso hay que prepararse.
Lo abracé.
—Eres un buen hombre, Sebastián Montes.
—Tú me cambiaste la vida. Todo lo bueno que estoy haciendo, te lo debo a ti.
—En eso te equivocas porque tú siempre fuiste así. Solo necesitabas que alguien te lo recordara.
Nos besamos. Miré por la ventana y vi la luna brillando en el cielo. En ese momento tuve la sensación de que me había librado de los malos recuerdos. Y sobre todas las cosas, tuve la sensación de que el pasado ya no me perseguía. Que lo había dejado atrás para siempre.
- La carta de Rebeca..
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