Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
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Y las cosas se calientan mucho...
Donatella
Llegamos al palacio de él y en la caseta ya nos esperaban, entramos, el señor Leonardo bajó y
—Ayúdame a abrir la puerta, toma la tarjeta llave —dijo Leonardo.
—¡Wow! Qué elegante, pero decepcionante, creí que la casa del señor se abría con su comando de voz, imagínese, sería increíble.
—Podría, pero si logran usar mi voz, mis hijos quedarían desprotegidos —dijo Leonardo.
—Disculpe, pero usted es muy desconfiado, ¿y qué calor es este? —dijo Donatella, pasando la tarjeta y abriendo la puerta.
—El calor es normal, ¡es efecto de la droga! Que yo tomé y tú, de entrometida, tomaste también —dijo Leonardo.
—Ni puedo negar, tiene toda la razón, tenía que tomarme esa cosa, cómo fui... —dijo Donatella.
Él sonrió.
—No eres muy normal, Donatella —dijo Leonardo.
—¿Yo? Y usted, que tiene síndrome de que quieren matarlo, ni sé cómo se llama eso —dijo Donatella.
—No tengo síndrome de nada, pronto vas a entender por qué soy tan cuidadoso —dijo Leonardo, quitándose la camisa y sentándose en el sofá.
Donatella
Ay, ay, ay... tiene abdominales definidos, muchos músculos, es guapo, estoy en sequía y para mejorarlo me drogué sin saberlo, ¡y con la droga del fuego!
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó Leonardo.
—¿Qué? ¡No! No, estaba mirándolo a usted, no me venga con eso... ¿Quiere algo más? Necesito irme a casa —dijo Donatella.
—Hmm, parecía que me estabas mirando y
—Por favor, señor Leonardo, eso es acoso, y... y... estoy ardiendo en llamas, ya está a salvo, me voy a mi casa —dijo Donatella, un poco perdida y haciéndose viento.
—¡Espera! Tráeme un poco de agua, debes saber dónde queda la cocina, sé que tomaste café con Renata —dijo Leonardo.
Donatella puso los ojos en blanco y antes de ir
—Discúlpeme, voy a tener que quitarme este abrigo o me voy a desmayar de calor —dijo Donatella.
Leonardo tenía la cabeza echada hacia atrás en el sofá, apenas hizo un gesto de aprobación, pero no miró, tenía los ojos cerrados.
Donatella
Lindo, guapo, paranoico, grosero y wow qué calor, misericordia qué es esto, droga del inferno, cosa caliente...*
Aprovecho, tomo un poco de agua, me mojo, parece que me voy a derretir... y le llevo al mandón.
—Aquí tiene, señor Leonardo —dijo Donatella, entregándole el agua.
Él tomó, le devolvió el vaso y la miró.
—¿Siempre duermes así? —preguntó él.
Donatella
¡Caramba, me olvidé! ¡Estoy en pijama! Rayos, mil veces rayos y literalmente fue una droga la que me hizo olvidarme de eso. Qué le voy a hacer, no tengo adónde huir.
—Sí, ¿cuál es el problema? ¿Me va a decir que no usa pijama? —dijo Donatella.
—No, duermo solo en calzoncillos —dijo Leonardo, quitándose los pantalones.
Donatella
¡Ay! ¡Uf! Me freg, ¡epa, qué salud...!*
—Opa, oiga, no, usted está en la sala y no en su cuarto, mejor vaya a su cuarto y yo a mi casa, me fui —dijo Donatella, saliendo, pero antes de que se fuera, él la jaló.
—Calma, vamos a resolver nuestros problemas, mañana ninguno de los dos va a recordar —dijo Leonardo.
—¡Usted es un pervertido! De ninguna manera, mi problema lo voy a resolver debajo de la ducha helada y debería hacer lo mismo —dijo Donatella.
—Tienes razón, esta m*erda que me dieron me está volviendo loco, mejor sal de aquí, antes de que la razón desaparezca —dijo Leonardo, soltándole la mano.
—¡Ya me voy! —Ella se agachó para recoger el abrigo que se había caído al piso y como estaba sin sostén, y con un pijama de tiritas finas con encaje, terminó mostrando sin querer un poco más que la blusa...
—Eso ya es demasiado, Donatella —dijo Leonardo.
Cuando ella se levantó, él la jaló, haciendo que cayera en su regazo y comenzó a acariciar su cuerpo.
Ambos se miraron.
Donatella
Tenía mucha calentura, el infeliz es guapo, me dio un jalón que uf, me erizó todo, me miró como si fuera a devorarme y me importa un carjo que sea mi jefe, que me vaya a echar, ya no puedo más y él tampoco...*
Lo beso y ¿él se niega?...
—No beso, no hago eso —dijo Leonardo.
—Pero yo sí beso y me gusta —dijo Donatella, besándolo.
Leonardo
Me importa un carjo, me gustó su beso y ¿saben qué?, estoy enloqueciendo de tanta calentura y ella está muy buena.*
—Para no gustarle besar, besa bien, señor Leonardo —dijo Donatella.
—Te voy a mostrar qué más sé hacer muy bien —dijo Leonardo.
Donatella
Él me acuesta en el sofá, me arranca todo el pijama, ¡sí! ¡Lo arranca! Si no estuviera subiendo por las paredes iba a ver...
Baja los besos por mi cuerpo que está delirando de calentura. Se detiene en mis senos donde pasa la lengua, succiona... estoy a punto de acabar solo con esas caricias de él.
Va bajando hasta llegar a mi intimidad donde comienza a pasar la lengua y sabe exactamente el punto justo, ¿qué es esto? No aguanto, tanta calentura que me deshago de placer...
Él vuelve y quiero más besos, él corresponde y esta vez soy yo quien va a jugar un poco con él y con el muchachote que está duro y es enorme.
Invierto el juego y me recuesto sobre él, aprovecho, beso, bajo por el cuello, paso muchas veces la mano por esos abdominales, uf, delicia, beso y le quito la ropa interior, salta su amigo y ¡guau! Del tamaño perfecto, delicia, todavía estoy muy caliente y caigo con la boca en él.
Leonardo
¿Qué locura es esta mujer, qué mujer es esta? Tengo una calentura incontrolable, sé que es de la droga que me dieron, pero ella es demasiado buena y necesito penetrarla antes de que...
Donatella
Ambos estábamos locos, muy locos, esa tal droga es fuego puro. Él me jala, se da vuelta y me penetra con todo, frenéticamente, hmmm, delicioso, termino poniendo mis pies en sus hombros y en pocos segundos los dos estamos gritando de placer, acabamos juntos...
Terminamos rodando del sofá y caímos en el piso, en una alfombra enorme y suave, nos quedamos tratando de calmarnos... en pocos minutos nos estamos agarrando nuevamente...