Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..
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EP 8: -¿Mas Problemas?
Saliendo un poco de la cafetería, mi vida en la universidad era bastante normal.
Mi horario es de 17:30 a 22:30. Cuatro carreras en una. Llego corriendo desde Noir Coffee, todavía con olor a café en las manos, con el pelo atado, con los libros mojados por la lluvia.
Luke estudia conmigo. Estamos en la misma carrera, Literatura Moderna y Estudios Culturales. Él se sienta dos filas adelante, pero siempre termina sentándose a mi lado. Me pasa sus apuntes cuando me quedo dormida porque vengo de trabajar desde las 6 de la mañana.
Cuando no estamos en clase, vamos al buffet de la universidad. Comemos juntos. Él pide currywurst con papas, yo pido lo más barato del menú, una sopa que cuesta 2 euros. Él siempre intenta pagarme la comida y yo siempre le digo que no. No quiero deberle nada a nadie.
Y cuando no estoy con Luke, estoy con Nessa e Irene.
Nessa es alemana, de Berlín, pelo corto teñido de azul, con tatuajes. Irene es española, de Valencia, vino de intercambio como yo y se quedó. Las tres estamos en la misma carrera, las tres estamos quebradas, las tres odiamos al mismo profesor de Teoría Literaria.
Con ellas la universidad era normal. Nos reíamos. Hablábamos de exámenes, de chicos, de que no teníamos dinero para salir el fin de semana. Nada raro.
Era un respiro. Por cuatro horas al día podía ser solo Maeve.
Ese día era jueves. Un jueves largo. Tuvimos doble clase de Literatura Contemporánea y el profesor nos obligó a salir 20 minutos tarde, a las 22:50. Estaba cansada. Muerta. Con dolor de pies por estar parada todo el día en la cafetería y con dolor de cabeza por leer tanto.
Luke me dijo:
- ¿Quieres que te acompañe?
- No, hoy no. Voy a la tienda a comprar algo para cenar. Mañana entro a las 6 AM. Quiero llegar y dormir.
- ¿Segura? Es tarde.
- Segura.
Nos despedimos con un beso rápido. Nessa e Irene ya se habían ido. Me quedé sola caminando por el campus oscuro, con mi mochila pesada.
A las 22:45 pasé por la tienda que está a dos cuadras de la universidad. Quedaba abierto hasta las 23. Es pequeño, con luz blanca fea, y siempre huele a producto de limpieza.
Entré. Necesitaba algo para cenar en mi departamento. Algo rápido. Mañana tenía que abrir Noir Coffee a las 6 AM y si no dormía, me iba a desmayar.
Cuando entré, había un grupo en la parte de las bebidas. Dos chicos y dos chicas. Deben haber tenido mi edad, 23, 24. Estaban riéndose muy fuerte, con mochilas de la universidad también. Hablaban de una fiesta.
- ...tenemos que comprar vodka y Red Bull, y también cervezas - decía una chica rubia con una campera brillante.
- Y tequila - decía otro chico.
Se reían, se empujaban, se sacaban fotos para Instagram.
Y yo, al lado de ellos, parecía una anciana de 80 años. Con mi mochila vieja, mi abrigo negro con un agujero en el bolsillo, comprando pan de molde barato, un huevo, y una manzana que estaba de oferta porque estaba golpeada. Provisiones para estar sola en mi departamento de 15 metros cuadrados mirando el techo porque al otro día tenía que trabajar.
Me sentí patética. De verdad.
Seguí caminando por el pasillo, buscando una soda. Quería una Sprite. Estaba en el estante de arriba, muy alto. Yo mido 1.60 y con la mochila no llegaba.
Me estiré. Nada. Me puse en puntas de pie. Nada.
- ¿Quieres que te ayude? - escuché una voz detrás mío.
Me di vuelta.
Era uno de los chicos del grupito. El más alto. Debe haber medido como 1.85. Cabello castaño claro, ojos verdes, piel pálida. Bastante guapo, de esos que saben que son guapos.
Me sonrió. Pero no fue una sonrisa coqueta, dulce como la de Luke. Fue una sonrisa... egocéntrica. Como si me estuviera haciendo un favor enorme. Como si yo debería estar agradecida de que un chico como él me hablara.
Sin esperar que le respondiera, estiró su brazo largo y tomó la Sprite del estante. Me la dio.
- Toma - dijo -. Soy Tyler.
Lo dijo como si yo debería conocerlo. Como si su nombre significara algo.
- Gracias - le dije, agarrando la botella -. Soy Maeve.
- Maeve - repitió, mirándome de arriba a abajo. No como me miraba Isaac, que era oscuro y obsesivo. Sino como si me estuviera evaluando. Como si estuviera decidiendo si valía la pena.
- ¿Vas a la Uni también? Nunca te había visto - dijo.
- Sí, Literatura.
- Yo en Derecho. Último año.
Sonrió de nuevo. Esa sonrisa de "soy de Derecho, último año, soy importante".
Antes de que pudiera decir algo más, una de las chicas del grupo, la rubia de la campera brillante, vino y lo tomó del brazo. Fuerte. Posesiva.
- Tyler, vamos, que se hace tarde y tenemos que comprar el hielo - dijo, pero no lo miraba a él. Me miraba a mí.
Me miró de arriba a abajo. Mi abrigo viejo, mis zapatillas baratas mojadas, mi botella de Sprite barata. Con asco.
Tyler se dejó llevar, pero antes me miró de nuevo.
- Nos vemos luego Maeve - dijo, guiñándome un ojo.
Se fueron los cuatro riéndose hacia la caja, con sus botellas de vodka y Red Bull.
Yo me quedé sola en el pasillo de las sodas, con mi Sprite en la mano, con mi pan de molde barato y mi manzana golpeada.
Y pensé, mientras los veía pagar en la caja con risas y empujones:
"Genial. Justo lo que me faltaba. Más problemas. Como si no tuviera demasiado con Luke poniéndose celoso de Isaac."
Metí la Sprite en mi bolsa y fui a pagar.