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El Candidato De Las Cuatro De La Tarde

El Candidato De Las Cuatro De La Tarde

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Hijo/a genio / Aventura / Completas
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis
Ella no derramó una sola lágrima el día que el padre de su bebé la abandonó asegurando que el embarazo era un engaño; en lugar de rogar, le puso delante un documento de renuncia irrevocable de paternidad y lo borró de su mapa. Cuatro años después, su vida tiene la precisión de un reloj: administra un exclusivo centro ecuestre de cría y exportación de caballos de pura sangre hacia Turquía y cría en solitario a James, un niño de cuatro años con la agudeza mental de un diplomático veterano.
Convencidas de que su amiga necesita volver a vivir, su círculo íntimo —con la entusiasta complicidad tecnológica de James— crea un perfil en The Vault, una red clandestina y de acceso cifrado donde magnates de bajo perfil y figuras de alto poder buscan parejas estables sin perder tiempo en citas vacías.
El perfil llama la atención de un hombre acostumbrado a mover hilos internacionales, quien decide enviar un mensaje formal para pactar un encuentro rápido.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Jurisdicción en la pista de baile

El entarimado rústico montado entre los robles centenarios crujía bajo el ritmo ágil de dos guitarras criollas, un contrabajo y un acordeón que los músicos del pueblo tocaban con un compás festivo y pegadizo.

Sobre las tablas, Marcus avanzaba como si estuviera calculando vectores de colisión en una simulación de tráfico marítimo.

Llevaba la chaqueta del traje colgada del respaldo de una silla y las mangas de la camisa de seda blanca remangadas hasta la mitad del antebrazo, revelando un reloj cronógrafo suizo de titanio que marcaba las pulsaciones de un hombre al borde de un colapso cardíaco o de una rendición incondicional.

Carla no le dio ni medio segundo de tregua procesal.

Con una mano firme enlazada a la de él y la otra apoyada en su hombro con una confianza insolente, la abogada marcaba el paso con sus tacones de aguja sobre la madera, girando con una soltura que hacía que la seda color ciruela de su vestido ondulara como fuego líquido en torno a sus piernas:

—Menos rigidez lumbar, doctorcito —le sopló Carla al oído, rozándole el lóbulo con una risa burlona—. Esto no es una vista preliminar ante la corte suprema, no tienes que pedirle permiso al juez para mover la cadera.

Marcus apretó la mandíbula, pero sus dedos no soltaron la cintura de ella. Su agarre era firme, sorprendentemente posesivo para un hombre que se pasaba la vida detrás de un escritorio de cristal:

—Estoy evaluando la integridad del entarimado, colega. Estas tablas de pino tienen una flexión de casi dos centímetros en el centro y su vestido representa un claro riesgo de distracción para el tráfico peatonal.

—¿Te distraigo, Marcus? —preguntó ella, clavándole sus ojos verdes con una chispa tan descarada que al abogado se le entrecortó la respiración.

—Es una interferencia visual inadmisible —respondió él, bajando la voz hasta un tono seco y peligroso, atrayéndola apenas una fracción de centímetro más cerca de su pecho—. Pero no pienso declararme en rebeldía.

A diez metros, sentados en el banco corrido del porche con una copa de vino compartida, Julian y Valeria contemplaban el duelo con una fascinación absoluta.

Julian tenía un brazo cruzado sobre los hombros de Valeria, atrayéndola contra su costado con esa posesividad tranquila que ya era su estado natural. Sus ojos grises brillaban con una diversión genuina:

—Llevo ocho años trabajando con Marcus, Valeria. Lo he visto negociar con piratas somalíes en el puerto de Mombasa y desarmar a fiscales federales sin pestañear. Jamás, en toda su vida, lo vi sudar como lo está haciendo ahora frente a tu socia.

Valeria apoyó la cabeza en el hombro de Julian, soltando una risa limpia mientras daba un sorbo a su vino:

—Carla almuerza abogados tibios antes de las once de la mañana, Vance. Si tu mano derecha cree que va a salir de esta pista con los papeles en orden, no tiene idea de con quién firmó el contrato de baile.

En ese instante, una figura menuda cruzó el perímetro iluminado por las guirnaldas de luces cálidas.

James avanzaba a paso marcial con su chaqué gris y la brújula dorada descansando sobre el chaleco. Llevaba en una mano un vaso de jugo de naranja y en la otra su libreta de espiral abierta. Se detuvo justo al borde de la madera, a dos pasos de la pareja en litigio, sacó el lápiz bicolor y carraspeó con la autoridad de un oficial de aduana en un puerto internacional:

—Inspección de trayectoria de baile —anunció el niño con voz clara, haciéndose escuchar sobre el rasgueo del acordeón—. El señor de las gafas está mejorando la tracción en las curvas, pero sigue pisando el dobladillo del vestido de Carla. Eso es una falta grave a la propiedad textil.

Marcus frenó en seco, con la respiración ligeramente agitada y el rostro encendido. Miró al pequeño inspector con una mezcla de indignación y súplica:

—El terreno tiene una ligera inclinación hacia el oeste, señor Mendoza Vance. Es un fallo topográfico ajeno a mi pericia motora.

Carla estalló en carcajadas, inclinándose para darle un beso sonoro en la mejilla a James:

—¡Bien dicho, inspector! Este hombre necesita tres meses de pasantía en el campo para aprender a pisar sin tropezar.

James anotó una cruz azul en la hoja, mirando a Marcus con seriedad absoluta:

—Se le concede una prórroga de cinco minutos para corregir el compás. Pero si se vuelve a torcer la corbata, queda inhabilitado para el postre de crema.

El niño giró sobre sus talones y regresó a la mesa de don Mario a buscar otra empanada, dejando tras de sí un silencio cargado de electricidad entre los dos adultos.

La música del conjunto cambió de golpe.

El ritmo campesino rápido dio paso a una melodía lenta, pausada, interpretada por una sola guitarra acústica que desgranaba notas melancólicas y profundas bajo el cielo estrellado de San Gabriel.

Marcus no soltó la mano de Carla.

Lentamente, sin pedir permiso pero sin la rigidez de los primeros compases, deslizó su palma abierta hasta el centro exacto de la espalda de ella, atrayéndola hacia su cuerpo con una determinación que dejó a la abogada sin réplica por primera vez en toda la tarde.

Carla entrecerró los ojos, sorprendida por la calidez firme del abogado corporativo, y apoyó su mano libre en la solapa de su camisa abierta. Sus respiraciones se mezclaron en la penumbra dorada de las bombillas:

—Vaya... parece que el doctorcito tiene recursos que no venían en el expediente.

Marcus bajó la vista hacia la boca carmín de ella, sosteniéndole la mirada con una intensidad que no admitía apelaciones:

—Tengo un archivo completo de argumentos de fondo, Carla. Y mañana por la mañana pienso pedir una audiencia privada en tu despacho para discutir los términos de la apelación.

—Mi despacho no abre los domingos, Marcus —susurró ella, con una sonrisa tentadora que le rozó la barbilla.

—Haré una excepción de guardia judicial —sentenció él, girando con ella en un movimiento suave, limpio y perfecto que hizo crujir la madera vieja con la cadencia de una tregua sellada en secreto.

Desde el porche, Julian bajó la mirada hacia Valeria.

Sus dedos se deslizaron por la trenza de flores silvestres de ella, acariciándole la nuca con esa ternura honda que solo le pertenecía a ella. La música suave flotaba sobre las colinas, el aroma a tierra húmeda y pan caliente llenaba la noche, y en la mesa del banquete, su hijo reía con don Mario mientras calculaba cuántas monedas de veinticinco se necesitaban para comprar un remolcador de verdad.

—Parece que perdiste a tu abogado principal, señor Vance —murmuró Valeria, sonriendo contra su cuello.

Julian envolvió su cintura, besándole los labios con una devoción pausada, dulce y definitiva:

—No perdí nada, señora Vance. Esta noche ganamos todos... y por fin tenemos la tripulación completa para navegar en paz.

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Cliente anónimo
😆😄😄😄😄se avecina los problemas para estos tres y más para james 🫣
Cliente anónimo
😆😆😆😆😆se. Está complicando todo estos dos
Cliente anónimo
😄😄😄😄😄 muy divertido 😆 morí de risa
Cliente anónimo
😃
Cliente anónimo
😄que entrevista primero el niño y después la mamá 👩🏻
Cliente anónimo
Huele a problema con estos tres 🫣
Vanesa Daniela Arbona
Me encanto hermosa realmente hermosa
Cecilia Braccone
Fantástico!!!!!
Mi reconocimiento a la autora por su impecable narrativa, utilizando un lenguaje divertido, sofisticado y elegante que nos llevó por una historia atravesada de amor y respeto.


Excelente, María Laura!!!
Cliente anónimo
Muy tierna historia y muy distinta. Felicitaciones
Leticia Contreras
facinante historia de principio a fin ampliamente recomendada te atrapa de principio a fin
Leticia Contreras
Hermosa historia autora muchas gracias por tomarce el tiempo para escribir y deleitarnos con sus historias bendiciones 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
este pequen̈o save lo que habla un juez implacable 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
James bien protector con su princesa hace muy bien en protejerla de los malandros 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
que tranquilidad se respira con estas familias 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰♥️ y se respira puro amor del bueno
Leticia Contreras
muy estricto el pequen̈o juez pero muy acertado me gusta mucho James 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
a James nada se le escapa es un pequen̈o muy listo 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
creo que Pia ya encontro su media naranja en Mateo van a formar una linda parejita 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
Marcos al lado de su jefe cual deve 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰 una lealtad y un amigo verdadero
Leticia Contreras
James todo un guardian con su hermanita es un amor este pequen̈o 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
que ternurita James y Elena al fin juntos todos bien emocionados con su llegada 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
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