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Nunca fui tu esposa

Nunca fui tu esposa

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles / Riqueza en una noche / Mujer despreciada / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:109
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Su matrimonio era falso. La traición, no.
Durante dos años, Camila Rivas lo dio todo por Daniel: sostuvo su empresa, soportó los desprecios de su familia y crió al niño que habían «adoptado» porque, según él, ella no podía tener hijos.
Hasta que descubre que su acta de matrimonio es falsa.
Daniel lleva cinco años casado con otra mujer. Y el niño que Camila ha cuidado como suyo es hijo de los dos.
Nunca fue su esposa. Fue la coartada perfecta para esconder a su verdadera familia.
Ese mismo día, una llamada lo cambia todo: Camila acaba de heredar más de cien mil millones de pesos.
—Soltera. Sin hijos. La herencia es solo mía.
Daniel está convencido de que volverá. Una mujer sola, sin dinero ni familia, no puede vivir sin él.
Pero mientras espera que regrese a suplicarle, el país entero descubre a la prometida de Gabriel Alcázar, uno de los hombres más poderosos de México.
Es Camila.
Dueña de una fortuna. Con la cabeza en alto. Junto a un hombre que no está dispuesto a dejarla en segundo lugar.
Lo suyo debía ser una alianza por conveniencia. Pero cada promesa cumplida, cada roce y cada mirada hacen más difícil mantener el corazón al margen.
Y cuando Daniel comprende lo que perdió, ya hay otro hombre sosteniendo la mano que él soltó.
Esta vez, quien va a suplicar no será ella.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24. El equipo de Camila renunció

Victoria soltó una risa fría al escucharla.

Unos días en la casa y Beatriz ya se creía la madre del niño. La dueña de todo.

La puerta se cerró con un golpe.

Daniel quiso seguirla, pero su madre lo sujetó.

—¡Déjala ir! ¿Ya no te importa nada? ¿El patrimonio, la empresa, el nombre de esta familia?

La sangre le hervía.

Pero aquellas palabras lo devolvieron a la realidad. Si corría detrás de Beatriz, podía perder todo lo que llevaba años construyendo.

Respiró hondo y se volvió. Había recuperado el control del rostro.

—Ya te dije que no es lo que piensas. Si su presencia causa tantos problemas, es mejor que se vaya.

Volvió a explicar la razón por la que estaba allí, esta vez sin discutir.

Victoria lo escuchó sin terminar de creerle.

—Voy a estar pendiente de ti. Puedes estar con cualquier otra mujer. Con Beatriz, no.

—Entendido.

—¿Y Camila? Los empleados dicen que se mudó.

También aquello la irritaba.

¿Qué derecho tenía a enojarse? Si no se hubiera marchado sin decir nada, dejando la casa y la empresa sobre los hombros de Daniel, Beatriz no habría encontrado cómo meterse.

—Tú también tienes responsabilidad en lo de Cami. Voy a resolverlo yo.

No iba a permitirle intervenir otra vez.

Victoria apretó los dientes.

—Nos usa a Paula y a mí como excusa para ver quién puede más. No vas a dejar que se nos suba a la cabeza. ¡Ya no la consientas!

Siguió hablando sin darle espacio.

—Si quiere irse, que se vaya. Tarde o temprano tendrá que volver a rogarte.

Daniel no podía discutir después de lo de Beatriz. Tuvo que escucharla hasta que agotó su rabia.

Victoria se quedó casi hasta medianoche. Solo se fue cuando Ernesto la llamó.

Antes de salir le advirtió una vez más que no volviera a ver a Beatriz.

Daniel la llamó apenas su madre cruzó la puerta.

Ella no contestó.

Probó con Julieta. Tampoco.

Al final hizo que Nicolás llamara desde su teléfono.

Beatriz atendió. En cuanto escuchó la voz de Daniel, empezó a llorar sin poder respirar.

La poca razón que le quedaba a él desapareció.

Fue a buscarla de inmediato.

Beatriz había encontrado una habitación en un hotel cerca del bar Q. No tenía otro lugar adonde ir. Había roto con sus padres por tener un hijo con Daniel.

Julieta estaba con ella y lo recibió furiosa.

—¡Te pasaste! Ella lo apostó todo por ti. Cuando sus padres supieron que seguía contigo, la dejaron sin la casa y el dinero que le habían dado. ¡Y ella no cedió! ¿Ahora tú la echas porque te lo exige tu madre?

Parecía capaz de golpearlo.

Beatriz la detuvo antes de que siguiera.

Tenía el rostro lleno de lágrimas, pero no iba a permitir que hablaran mal de Daniel.

Julieta la miró, desesperada por aquella devoción, y se fue.

A él se le hizo un nudo en el pecho.

Había sido un egoísta. Solo le pedía a Beatriz que aguantara sin pensar en lo que le costaba.

—Perdóname.

La abrazó. No tenía nada más que ofrecerle en aquel momento.

Los fracasos de los últimos días habían llegado a cansarlo incluso de su relación. Pero el ataque de Victoria le devolvió el recuerdo de diez años de promesas y sentimientos.

Habían resistido demasiado para rendirse ahora.

Beatriz lloró en silencio contra su pecho.

Sabía que lo único que todavía podía asegurarle un futuro era el amor de Daniel.

Aunque fuera por Nicolás, tenía que ganar.

***

A primera hora del día siguiente, Daniel buscó una vivienda cerca de la empresa. No quería que Beatriz siguiera sufriendo.

Alquiló un departamento amplio y lujoso y pasó la mañana ayudándola a mudarse.

Ella quería ver a su hijo. No podían llamar más la atención. Tendría que esperar unos días para que Daniel se lo llevara.

La tranquilidad les duró poco.

Por la tarde llamó Recursos Humanos.

Las cinco integrantes del equipo de Camila habían presentado su renuncia. El ambiente en la empresa estaba revuelto. Hasta varios responsables de otros departamentos habían pedido días libres.

Daniel y Beatriz regresaron de inmediato.

Las jóvenes estaban recogiendo sus pertenencias.

—¿Qué significa esto? ¿Renunciar todas juntas? ¿Quién les dijo que pueden irse sin presentar los trámites?

Beatriz se adelantó para enfrentarlas.

La muchacha de la computadora rota levantó los ojos con frialdad.

—Ya presentamos todo según el procedimiento. Puede tomarse su tiempo para aprobarlo. Mientras tanto, pedimos nuestras vacaciones pendientes.

—Cuando trabajábamos con Camila casi nunca tomábamos descanso —añadió otra, sonriendo—. Nos quedan muchos días acumulados.

El desafío estaba en el tono, tranquilo y perfectamente educado.

Beatriz se puso lívida.

¿Se habían vuelto locas? Les había dicho unas cuantas cosas y ahora se iban todas.

¿Camila había formado un equipo tan desequilibrado como ella?

—Vengan a mi oficina.

La voz de Daniel llegó desde atrás.

Se fue sin esperar.

Normalmente, aquellas renuncias no necesitarían su intervención. Pero después de tantos problemas no podía perder también a las mejores colaboradoras de Camila.

Beatriz quiso amenazarlas una vez más.

Ninguna la miró. Siguieron a Daniel.

Él fue directo al asunto cuando cerró la puerta.

—¿Camila les pidió que se fueran?

No encontraba otra explicación.

En aquella empresa, sobre todo en Proyectos, la gente iba y venía. El equipo de Camila era distinto.

Las cinco habían empezado con ella como practicantes. Aprendieron rápido, trabajaban sin quejarse y le tenían una lealtad absoluta.

Daniel las había oído bromear con que, mientras Camila siguiera allí, no se irían ni aunque les ofrecieran un sueldo mayor.

—No tiene nada que ver con ella. Queremos renunciar nosotras.

Una de las jóvenes sostuvo su mirada.

—Agradecemos las oportunidades de estos años, señor Ferrer, pero...

Intercambiaron miradas y callaron.

—¿Pero qué?

—Sin Camila tenemos mucha presión. Nos cuesta orientar los proyectos. Y después está la señorita Salcedo.

La joven de la computadora rota apretó los dientes y contó todo.

No solo las atacaba. Cada vez que las insultaba, también tenía que mencionar a Camila.

Ni siquiera estaba en la oficina. ¿Por qué seguía culpándola de todo?

La culpa que Daniel sentía por Beatriz se esfumó.

¿A esas alturas todavía se dedicaba a competir con Camila?

—Quédense. Ella volverá pronto. Han trabajado bien. Si necesitan descansar, tomen un par de días, pero ahora tenemos que unirnos para sacar adelante la empresa.

Les ofreció un aumento.

Por mucho que insistiera, las cinco lo rechazaron con educación.

La conversación duró más de una hora. Daniel acabó aceptando que no lograría retenerlas.

Y volvió a culpar a Camila.

Podían decir lo que quisieran de Beatriz. Eran su equipo. Aquella renuncia tenía que estar relacionada con ella.

Recordó lo que había dicho su madre.

Camila volvería a pedirle ayuda. Cuando lo hiciera, tendría que arreglar el desastre que estaba creando.

La puerta se abrió por fin.

Beatriz vio salir a las jóvenes sin una sola mirada atrás y quiso entrar a explicarse.

El asistente la detuvo.

—El señor Ferrer tiene una reunión. Pidió que nadie lo interrumpa.

Ella volvió a su escritorio y le escribió.

Daniel respondió al terminar la jornada. Tenía cosas que hacer esa noche. Debía volver sola a su departamento y, para evitar problemas, era mejor que se vieran y hablaran menos durante unos días.

Beatriz estaba segura de que las cinco habían hablado mal de ella.

Y detrás de todo tenía que estar Camila.

La maldijo una y otra vez.

Cuando pudiera reclamar públicamente su lugar como esposa, se encargaría de hacerla pagar.

***

A la mañana siguiente, Gabriel acababa de salir de una reunión internacional.

Había terminado media hora antes de lo previsto. Todavía no era hora de comer.

Andrés lo siguió con la agenda de la tarde. Tenía citas de negocios y actividades importantes hasta las diez de la noche.

Gabriel apenas había empezado a revisarla cuando sonó su teléfono.

«Abuela».

Se detuvo un instante y contestó.

Al entrar en su oficina, Andrés y los demás se retiraron.

—Mi niño —dijo su abuela, encantada—, me contaron que ya conociste a la señorita Rivas. ¿Cómo van las cosas?

Gabriel no supo qué responder.

En su grupo, y prácticamente en cualquier lugar del mundo, casi nadie se atrevía a insistirle con el matrimonio.

Sus abuelos eran la excepción.

El otro no tardó en sumarse a la llamada.

—¿Cuándo vas a traernos a la futura esposa? Dicen que es muy bonita y muy capaz. Queremos conocerla.

—Acabamos de conocernos. Todavía no es el momento.

Gabriel se sentó, con una incipiente presión en las sienes.

Su tono frío no redujo el entusiasmo de ninguno de los dos.

—¿Cómo que acaban de conocerse? ¡Ya hicimos la cuenta! ¡Ha pasado más de una semana!

—¿Y cuándo va a ser el momento?

Él apretó los labios.

Podía conservar la calma ante cualquier cosa.

Menos ante aquellos dos.

—Ya veremos. Ella necesita tiempo para tomar confianza. Podemos ir despacio. Quizá después del compromiso encuentre una ocasión.

—¿Porque ella no tenga prisa tampoco vas a tenerla tú? ¡En el amor hay que poner de su parte!

—Tu abuela tiene razón. ¿A quién se le ocurre tomarse una relación con tanta calma?

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