Tras los frío ojos del príncipe Jack hay un fuego que intenta controlar, ¿un diario robado y el amor de una joven dama sera suficiente para derribar las murallas del príncipe?
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La bestia bajo la armadurs
La luz de la vela oscilaba suavemente, proyectando sombras danzantes sobre las paredes de la habitación de Jessica. Afuera, la lluvia azotaba los ventanales con una violencia rítmica, pero dentro del aposento, el único sonido que importaba era el roce de las páginas desgastadas del diario contra los dedos temblorosos de la joven duquesa.
Jessica se acomodó en el sillón de lectura, ajustando su bata de seda sobre los hombros, y pasó a las páginas escritas semanas atrás. Cuanto más leía, más se desmoronaba la figura rígida e inalcanzable del segundo príncipe de Valenvoir.
En las entradas anteriores a su llegada a la corte, Jack relataba con detalle la crudeza de su entrenamiento en los bastiones del norte. Desde los doce años, los generales de su padre lo habían sometido a marchas bajo la nieve, duelos a espada real donde el margen de error se pagaba con sangre, y lecciones de táctica militar basadas en la más pura falta de piedad. "Un verdadero comandante no siente compasión. Las emociones son grietas en el escudo por donde el enemigo introduce la daga", había escrito Jack a los diecisiete años. Le habían enseñado a sofocar cualquier atisbo de ternura, a moldear su espíritu como si fuera hierro forjado.
Sin embargo, al llegar a las entradas escritas tras la aparición de Jessica en palacio, el tono anguloso y sobrio del diario cambiaba drásticamente, volviéndose volátil, casi febril.
"2 de Noviembre.
Hoy volvió a aparecer en el patio de carruajes. Llevaba un vestido de terciopelo verde esmeralda y el cabello parcialmente recogido en trenzas que dejaban al descubierto la curvatura de su cuello. Jamás he visto una criatura que combine una dulzura tan genuina con una presencia tan peligrosamente sensual.
Cuando sus ojos se cruzaron con los míos, sentí un choque de corriente recorrer mi espina dorsal. Se acercó con esa postura firme, inclinándose con la gracia propia de una duquesa, pero sus ojos despedían una calidez que amenazaba con incinerar todo mi autocontrol.
Me obligué a responderle con la rudeza de un bárbaro. Le dije que entorpecía el paso de los suministros y la traté con un desprecio fingido que me quemó la garganta por dentro. La vi apretar las manos contra la falda, resistiendo el golpe verbal. Tuve que dar la vuelta e irme de inmediato antes de cometer una locura.
Mi entrenamiento como caballero me exige compostura, caballerosidad y mesura. Pero cuando la tengo cerca, cada enseñanza militar se desvanece. Ver la suavidad de su piel, el movimiento tentador de sus labios al pronunciar mi nombre... despierta en mí los instintos más primitivos y salvajes. Deseos ardientes de acorralarla contra la pared, tomar su rostro entre mis manos y poseerla sin piedad hasta que no le quede aliento para nadie más. Es un pensamiento impuro, indigno de un príncipe y de un caballero del reino. Ella es una dama de alta cuna, pura y noble, y yo soy un monstruo moldeado para la guerra. Debo ser duro con ella. Debo tratarla con la peor de las frialdades para que me odie y se rinda, porque si se queda... temo no ser capaz de contener a la bestia que llevo dentro."
Jessica contuvo la respiración, sintiendo cómo una marea de calor le subía por el pecho hasta las mejillas. Tocó el papel con la yema de los dedos, donde la tinta se notaba más marcada, como si Jack hubiera presionado la pluma con una fuerza desmedida al redactar aquellas líneas.
El frío y distante Príncipe Jack, aquel que la miraba como si fuera una molestia insignificante, pasaba las noches atormentado por el deseo abrasador de poseerla. La frialdad no era rechazo; era la cadena con la que intentaba frenar su propia pasión.