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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:7.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CHOQUE DE TITANES

​El Rolls-Royce se detuvo frente a los portones de hierro forjado de la finca San Román. La propiedad era una demostración de opulencia arquitectónica: muros de piedra pulida, jardines infinitos y una seguridad que rivalizaba con la de un enclave militar. Los San Román no solo tenían dinero; tenían un control absoluto sobre la industria de la construcción, las graveras y el entretenimiento de lujo en el país.

​Víctor bajó primero y le ofreció la mano a su hermana. Verónica rechazó el apoyo con un gesto sutil y se puso de pie por sí misma. Su vestido sastre negro y su mirada impasible transmitían un mensaje claro: ya no era la mujer vulnerada que había bajado rodando por una escalera.

​Los portones dobles de la residencia principal se abrieron para revelar a la familia San Román.

​Al frente estaban Celestino San Román y su esposa, Esperanza Yépez de San Román, acompañados por su hija Fabiola. Esperanza lucía perlas gruesas al cuello y una sonrisa refinada pero evaluadora, mientras que Fabiola observaba a Verónica con una mezcla de curiosidad y cautela. Sin embargo, toda la presencia de la familia quedaba eclipsada por el hombre que permanecía al fondo, de pie junto a las amplias escalinatas de mármol.

​Isaías San Román Yépez.

​Con un metro noventa de estatura, portaba una elegancia peligrosa. Vestía un traje confeccionado a la medida que acentuaba un torso muscular y esculpido. Su rostro era de una simetría perfecta, pero tan frío y severo que parecía esculpido en mármol blanco. No había un solo rastro de calidez en sus ojos oscuros, y su postura era la de un monarca acostumbrado a que los hombres se arrodillaran a su paso.

​—Bienvenida a nuestra casa, Verónica —dijo Celestino, dando un paso adelante con los brazos abiertos—. Donato nos advirtió que vendrías lista para el negocio.

​—Gracias por recibirnos, Señor San Román, Doña Esperanza —respondió Verónica, inclinando la cabeza con cortesía protocolaria, ignorando deliberadamente la figura imponente de Isaías.

​—Es un placer, querida —añadió Esperanza, escudriñándola con la mirada—. Supimos de tu... inconveniente. Nos alegra ver que te has recuperado con tanta entereza.

​—Ese 'inconveniente' ya quedó enterrado —intervino Víctor con voz rasposa—. Mi hermana vino a cerrar el acuerdo que nuestros padres pactaron.

​Isaías caminó despacio hacia ellos. Cada paso resonaba con un peso deliberado en el suelo de piedra. Se detuvo a menos de un metro de Verónica. La diferencia de altura era evidente, pero ella mantuvo la barbilla en alto, sosteniéndole la mirada helada sin parpadear.

​—Así que tú eres la heredera perdida que jugaba a ser ama de casa —dijo Isaías. Su voz era un barítono profundo, dominante y carente de toda cortesía. No sonrió. Ni siquiera parpadeó—. Escuché que pasaste cinco años escondida detrás de un insignificante dueño de inmobiliaria.

​Fabiola lanzó una mirada de advertencia a su hermano, pero Isaías ni se inmutó.

​—Y yo escuché que eres un hombre al que le gusta que todo el mundo le pida permiso para respirar —replicó Verónica de inmediato, con una voz tan afilada que cortó el aire de la terraza—. Lamento informarte que no vine a pedirte nada, y mucho menos a rendirte pleitesía.

​Víctor esbozó una pequeña sonrisa de lado. Esperanza y Celestino intercambiaron una rápida mirada. Nadie le hablaba a Isaías San Román de esa manera. Jamás.

​Isaías entrecerró los ojos, evaluando la audacia de la mujer frente a él.

​—Este matrimonio es una alianza comercial —sentenció él, cruzándose de brazos—. Mi conglomerado aportará las constructoras y las graveras para tus proyectos turísticos. Tú aportarás el respaldo bancario de tus padres y la gestión legal. Pero deja algo claro desde hoy: en mi mundo, yo tomo las decisiones. No me interesan los dramas ni las rabietas de una mujer que busca despecho.

​Verónica dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos hasta que casi pudo sentir la tensión física que emanaba de él.

​—Escúchame bien San Román —dijo ella en un susurro firme y cargado de peligro—. Si acepté este matrimonio fue por cumplir las reglas de mi padre, no porque necesite a un hombre que me proteja o que piense por mí. Tengo una maestría en Economía y Finanzas con honores. Manejaré la parte legal del imperio Comellas y la mitad de tus empresas legales si así lo exige el contrato. Pero si crees que voy a ser la esposa abnegada que se queda callada mientras tú te crees el rey del mundo estás muy equivocado.

​Isaías guardó silencio durante tres segundos interminables. La tensión en la terraza era tan densa que podía cortarse con un cuchillo. De pronto la comisura de sus labios se elevó apenas un milímetro, en un ademán que apenas podía considerarse una sonrisa.

​—Tienes agallas, Verónica —dijo él, con voz baja y peligrosa—. Eso me gusta. Las mujeres sumisas me aburren. Pero ya veremos cuánto te dura esa altanería cuando los Benítez sientan la verdadera presión.

​—De ellos me encargo yo a su debido tiempo —respondió Verónica dando media vuelta hacia la mesa de cristal del jardín donde ya reposaban los documentos del contrato prenupcial y el acta de matrimonio civil—. Traigan los papeles. Firmemos esto de una vez.

​Celestino San Román soltó una carcajada profunda, rompiendo la tensión del momento.

​—Definitivamente esta muchacha es una Comellas —comentó Celestino a Víctor—. Hacía años que no veía a nadie poner a mi hijo en su lugar en su propia casa.

​Mientras Verónica tomaba la pluma de fuente para estampar su verdadera firma por primera vez en cinco años, sintió la mirada de Isaías clavada en su espalda. Sabía que casarse con un hombre dominante, frío y poderoso era un juego peligroso. Pero ya no tenía nada que perder. La mujer ingenua había quedado sepultada; ahora junto al imperio San Román y la fuerza de su propia familia, Verónica estaba lista para iniciar el jaque mate contra Reinaldo Benítez.

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Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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