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La Esclava Del Conquistador

La Esclava Del Conquistador

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La esclava del conquistador

Khadir, el conquistador más temido del continente, jamás ha perdido una guerra. Reyes se arrodillan ante él, imperios caen bajo su espada y todo aquello que desea termina perteneciéndole. Hasta que encuentra a Mila.

Capturada tras la caída de su reino, Mila es entregada como esclava al hombre que destruyó todo lo que amaba. Khadir espera quebrar su voluntad como ha hecho con miles de enemigos, pero descubre que ella es distinta. Ni las cadenas, ni las amenazas, ni el poder absoluto consiguen doblegarla.

Lo que comienza como una lucha entre amo y esclava se convierte en una peligrosa batalla de voluntades, donde cada victoria tiene un precio y cada derrota deja cicatrices imborrables.

En un mundo gobernado por la guerra, la conquista y la ambición, solo uno podrá imponerse... porque el mayor imperio jamás será una ciudad, sino el corazón del enemigo.

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El Salón del Trono

El aire del palacio era pesado, controlado, diseñado para someter. Denso con aromas de cedro y mirra, las envolvía como una mano cerrándose lentamente alrededor de una garganta —lo bastante suave para no ahogar, pero firme para recordarles quién tenía el poder. Mila lo sintió en cuanto cruzó las puertas.

Las separaron con precisión, sin violencia. Las llevaron a una cámara de mármol pálido donde la luz entraba por altos ventanales, proyectando sombras azules y doradas sobre el suelo pulido. Allí comenzó su transformación. Lavaron el polvo del camino, el sudor del miedo, la suciedad pegada a uñas y cabello. Cada rastro de lo que habían sido fue borrado con cuidado. Aceites y perfumes se filtraron en su piel —jazmín, sándalo—, tan ricos que casi la marearon. Las manos eran cuidadosas, demasiado cuidadosas. No por bondad: por precisión. Las enderezaban, las posicionaban, las examinaban. No para servir. Para ser exhibidas. Para ser elegidas.

Mila lo entendió. Algo frío y claro. No la preparaban para trabajar. La preparaban para ser elegida. Su cabello oscuro fue desenredado con precisión. Le trenzaron un mechón en el templo con una flor blanca —otra marca, para hacerla destacar. La vistieron con una tela ligera como la seda, del crema al dorado al moverse. Sencilla, sin bordados, pero el tejido mismo era el lujo. Calculada para ser vista, evaluada, valorada. No miró su reflejo. Sabía lo que verían: un lienzo en blanco para que otro pintara lo que quisiera. Nada era para ellas. Todo era para quien las mirara después.

Las alinearon como ofrendas sobre un altar. Las puertas se abrieron: un salón inmenso de columnas blancas y suelo que las duplicaba como agua. Al fondo, el trono de madera oscura y oro, elevado sobre mármol negro. Y en él, el hombre que lo poseía todo. Su presencia llenaba la sala sin moverse. El tipo de poder que no necesita alzar la voz.

Un hombre vestido con sobria elegancia habló: —Han llegado nuevas mercancías. Traídas de tierras lejanas, fruto de campañas victoriosas. Presentadas como tesoros del reino. No las miró a ellas: miraba al trono. Incluso él era solo una pieza en el juego.

El silencio se hizo más pesado. Mila sintió un escalofrío lento y afilado. No era sorpresa: era confirmación. Eran tesoros, propiedad, sin voz ni elección. Recordó su pasado.

Desde el trono, el gobernante las observaba sin prisa. Su mirada se demoraba, medía, notaba cada detalle. El miedo. Lo veía. Lo esperaba. Lo valoraba. Porque el miedo significaba obediencia. Significaba control. Su mirada pasó por ella. Sin detenerse, pero sin ignorarla. Y eso era peor. Sabía que la evaluaba: su postura inmóvil, su respiración estable, su rostro sin rastro de temor.

Sonrió —no cálido, sino de quien encuentra lo que buscaba—. —Bien. Muy bien. —Su voz fue absoluta, definitiva. Un murmullo recorrió a los sirvientes: entendían lo que eso significaba. Ser elegida para los príncipes no era un regalo: era otra jaula, con barrotes más finos pero igual de segura.

El hombre golpeó el suelo con una vara de plata. —Preparadlas. —Y anunció—: Sus Altezas Imperiales, los Príncipes del reino. —Las puertas se abrieron. Luz cegadora. Voces profundas, seguras, que reían. El estómago de Mila se contrajo.

Cayó un silencio absoluto. Y en ese instante, sintió peligro real. No el de la batalla o las cadenas. Algo peor: el tipo de peligro que sonríe, que decide, que juega. Y su corazón latía más rápido, porque una parte de ella ya sabía que uno de ellos no era extraño. Apretó las manos contra los costados. No mostraría miedo. No les daría esa satisfacción.

Los pasos resonaron en el mármol. Lentos, seguros. Conocidos. Se detuvieron frente a ellas. Los sirvientes se tensaron. Los guardias también. Incluso el hombre del trono se enderezó. Respeto instintivo. Mila lo reconoció. No el título. Al hombre. La presencia. El peligro. Y el palacio dejó de sentirse extraño.

Su voz llegó, familiar, fría, peligrosa. —¿Cuál es ella?

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BERNARDINA PASTELIN
desgraciado viejo😡😡😡
EspirituCreativo: Tranquila lectora... Y si es un viejo calculador
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔 menciona que viene del futuro
EspirituCreativo: Si lectora viene del futuro, vivió un tiempo como princesa del reino y se adapto pero no perdió su ímpetu
total 1 replies
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