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Un Matrimonio Imperial

Un Matrimonio Imperial

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Todo empezó en la crueldad: el hombre que amo se casa con mi mejor amiga, y yo debo presenciarlo todo, humillada, en primera fila.

Para dejar de ser su juguete, suelto la mentira que me salva y me venga:
—Estoy comprometida con Denney Callahan.

Se burlan… hasta que él aparece, me rodea la cintura con posesión feroz, me pega a su cuerpo y declara:
—Es mi prometida. Créanlo.

La mentira se vuelve verdad. Y el juego dulce, vengativo y oscuro ha comenzado.

NOVELA EXTENSA...

Advertencia: Novela +21

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Capítulo 16: Sombras en el cristal

El tiempo dentro del reservado dejó de medirse en minutos y pasó a pesarse en latidos.

Lana caminaba de un extremo a otro sobre la alfombra gruesa y oscura, sus pasos silenciosos, inquietos, repitiendo el mismo recorrido una y otra vez como si así pudiera acortar la distancia entre lo que sabía y lo que temía. Se detenía junto a la puerta de roble, pegaba la oreja y escuchaba fragmentos de voces bajas, frases cortas, el roce de suelas sobre el mármol, pero nada que pudiera ensamblar en un sentido claro. Volvía al ventanal, miraba las luces que se encendían y se apagaban allá abajo, las siluetas que se movían con prisa y desaparecían entre las sombras, y sentía cómo la venda que había cubierto sus ojos desde el principio se desprendía por fin, dejándola ver demasiado y a la vez casi nada.

Ya no pensaba en Nash. Ya no le importaba si descubrían la mentira del compromiso, ni si la alta sociedad susurraba a sus espaldas, ni si Savannah se reía o se enfurecía. Todo eso parecía pertenecer a otra vida, a un juego de niños comparado con lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Lo que la mantenía despierta y temblorosa era la comprensión lenta y devastadora de que el verdadero peligro no estaba en el hombre que la había traicionado en el pasado, sino en aquel al que le había entregado la mano, el techo y su confianza por conveniencia. La mentira que creyó su escudo se había convertido en su celda, y la llave estaba en manos de alguien cuyo rostro real apenas empezaba a vislumbrar.

La cerradura giró. El sonido metálico, seco y preciso, la hizo dar un respingo. La puerta se abrió y él entró.

Denney no venía despeinado, ni con la ropa rota, ni con manchas visibles de ningún tipo de lucha. Sin embargo, algo en él había cambiado de forma irrevocable. Había una vibración densa, oscura, casi salvaje que lo envolvía como una capa invisible; la mirada más profunda, más sombría, como si hubiera estado en un lugar donde la luz no llegaba y se hubiera llevado la oscuridad consigo. Sus movimientos eran rápidos, tensos, cargados de una energía contenida que erizó la piel de Lana desde la nuca hasta las muñecas.

No dijo su nombre. No preguntó si estaba bien. Dio dos zancadas hacia ella y, antes de que pudiera hablar, la tomó de la cintura con ambas manos y la pegó a su cuerpo con una fuerza brusca, posesiva, que la dejó sin aliento. No era un abrazo. Era un apresamiento: la apretó contra sí con tal firmeza que pudo sentir la rigidez de su pecho, el latido acelerado y duro bajo la camisa, la presión de sus dedos hundiéndose ligeramente en la tela de su vestido, como si necesitara comprobar con tacto que ella seguía ahí, intacta, suya, bajo su control absoluto. Lana se quedó rígida, las manos apoyadas en su pecho sin saber si empujarlo o aferrarse a él, sintiendo a la vez el refugio y la prisión.

—Nos vamos. Ahora —dijo él, la voz rasposa, grave, sin dejar espacio a dudas.

Ella se apartó un milímetro, buscándole los ojos, pero él sostenía la mirada fija en la puerta, como si cualquier demora pudiera desencadenar algo que no deseaba que ella viera.

—¿Qué pasó allá afuera, Denney? —preguntó, la garganta seca—. ¿A quién enviaste lejos? ¿Por qué todos te miran como si fueras…?

—Camina —ordenó él, rodeándole la cintura con el brazo y manteniéndola pegada a su costado como si fuera un grillete. La guió hacia el pasillo trasero sin aflojar el agarre ni un instante.

Recorrieron pasillos amplios y desiertos, iluminados por lámparas de luz tenue que proyectaban sombras largas sobre las paredes de piedra. En cada esquina había un hombre de traje oscuro, inmóvil, vigilante, que asentía al verlos pasar y se mantenía en su puesto. Nadie hablaba. Nadie los miraba directamente, pero todos estaban pendientes de cada movimiento. El aire olía a cera fría y tensión acumulada.

Al llegar al estacionamiento privado, la camioneta blindada estaba encendida, las luces encendidas, el motor en marcha. Denney abrió la puerta trasera con una mano y, sin soltarla de ella, la empujó suavemente hacia dentro, con una prisa que rozaba lo brusco, casi la hizo tropezar sobre el escalón. Subió inmediatamente después, cerró la puerta de un golpe seco que resonó en todo el vehículo, y en ese instante el coche arrancó con un impulso violento, lanzándolos hacia atrás.

Lana se recostó contra el asiento de cuero oscuro, el cabello revuelto, la respiración entrecortada, el corazón golpeándole las costillas con fuerza. El susto se mezclaba con la indignación, el miedo con la rebeldía, y no se quedó callada. En cuanto el vehículo tomó velocidad y se estabilizó sobre la carretera, se incorporó, giró hacia él y lo enfrentó en la penumbra.

—No soy una niña a la que puedes encerrar en un cuarto y luego meter a empujones en un auto, Callahan —dijo, la voz temblorosa pero firme, y lo tomó del brazo con los dedos apretados para obligarlo a mirarla—. No me trates como si fuera una pertenencia sin voz. ¿Qué carajos está pasando? ¿Con quién hablaban esos hombres? ¿Por qué Nash estaba pálido como un muerto? ¡Exijo saber en qué me has metido!

Denney permaneció de perfil, mirando por la ventana donde la noche ya se había cerrado por completo, reflejando su rostro impasible y a la vez sombrío. Tenía las manos entrelazadas sobre las rodillas, la mandíbula apretada hasta blanquearle la piel. No se giró de inmediato.

—No exiges nada, Lana —respondió, y su voz era gélida, carente de cualquier calidez—. Hay preguntas que si se contestan, no te dejan volver atrás. Y tú no estás lista para la respuesta.

—¡Pruébame! —insistió ella, apretando el brazo con más fuerza, sin soltarlo—. Dijiste que éramos socios. Dijiste que estábamos en esto juntos. ¿Dónde quedó eso?

Entonces él se giró despacio. La miró a los ojos, y la intensidad de su mirada la dejó sin aliento: oscura, inmensa, sin un rastro de la ternura o la duda que alguna vez creyó ver.

—Éramos socios para engañar a un imbécil en una boda —dijo, cada palabra cortante como cristal roto—. Eso era un juego. Esto… —hizo un gesto vago, abarcando la noche, el coche, todo lo que los rodeaba— es mi mundo. No es para ti. No es para nadie que no haya nacido en él o que no se haya forzado a sobrevivir en él. Así que mantén la boca cerrada, no hagas preguntas que no quieres que se respondan, y no vuelvas a buscar respuestas en la oscuridad, porque no te va a gustar lo que vas a encontrar.

Lana retrocedió, soltándolo, sintiendo como si le hubiera dado un golpe físico.

—¿Tienes miedo de que lo sepa o tienes miedo de que te vea como lo que eres? —susurró, sin apartar la mirada.

Denney no respondió. Se giró de nuevo hacia la ventana, y su silencio fue más elocuente que cualquier confesión.

El resto del trayecto transcurrió en un silencio pesado, denso, que parecía llenar cada rincón del vehículo. Lana se recostó contra la puerta, manteniendo la espalda recta, la mirada fija en el perfil de él recortado contra la luz de los faros que pasaban. Le dolía el pecho. Le dolía haber confiado a ciegas, haber creído que la protección que le ofrecía era solo eso: protección, no control, no jaula. Pasó un dedo suavemente por el diamante de su anillo, que brillaba con destellos fríos bajo la luz intermitente de la autopista. Ya no era un símbolo de venganza ni de orgullo recuperado. Era una marca, clara e indeleble: la señal de que pertenecía a alguien que operaba en límites que ella ni siquiera sabía que existían.

Pensó en la salida. Pensó en huir. Pero sabía que no había a dónde ir. Nash seguía acechando, el mundo entero la identificaba como la prometida de Callahan, y ahora comprendía con una claridad aterradora que la puerta por la que había entrado se había cerrado definitivamente a sus espaldas. No era invitada. Era prisionera. Y él no tenía intención de soltarla.

Cuando el coche finalmente se detuvo frente al edificio y la puerta se abrió, Denney bajó primero y le tendió la mano, pero ella no la tomó. Salió por su propio pie, erguida, aunque las piernas le temblaban, y caminó a su lado hacia la entrada sin tocarlo.

En el ascensor, el reflejo de ambos en el espejo los mostraba separados por un abismo invisible: ella con el vestido impecable y la mirada rota, él con la compostura intacta y la sombra de algo terrible asomando tras los ojos.

—Esta noche no salgas de tu habitación —dijo él cuando las puertas se abrieron en el piso del penthouse, sin mirarla directamente—. No importa lo que escuches.

—¿Y si te necesito? —preguntó ella, con voz baja, antes de que se alejara.

Denney se detuvo un instante, pero no se giró.

—Si me necesitas, estaré —respondió, y su tono no era de promesa, sino de advertencia—. Pero no busques lo que oculto, Lana. No me obligues a ser el monstruo que temes.

Se fue a su estudio y cerró la puerta. Lana se quedó sola en el amplio salón, rodeada de lujo que de pronto le pareció frío y vacío. Caminó despacio hacia su habitación, se sentó en el borde de la cama y se quitó el anillo. Lo sostuvo entre los dedos, observando cómo la luz lo hacía brillar con una belleza cruel.

La venganza contra Nash había sido un juego comparado con esto. Había firmado un pacto sin leer la letra pequeña, y ahora sabía que la tinta era invisible hasta que ya era demasiado tarde para borrarla. Se recostó, abrazándose a sí misma, y escuchó el viento golpear los ventanales. En algún lugar de la casa, una puerta se cerró con suavidad. Y supo que la noche apenas comenzaba.

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JOGXANDY BELLO
jejeje critica constructiva, fue a humillar a otros y se humillo ella misma, solo no se doblega contra él protahonista pero si se humilla contra los demas, sobretodo con sus enemigos, no estoy entendiendo la logica de la narraccion. Espero que el cambio realmente sea significativo
A.B.G.L: Si resulta algo exasperante, pero es que ahora quiero darles ese toque humano, donde hay margen de error y así, espero que te vaya gustando...👏
total 1 replies
JOGXANDY BELLO
Que horror eso que es la primera aparicion y ya pierde los modales, no creo que este dando la imagen de chica super poderosa jejeje
A.B.G.L: hola, gracias por tu primer comentario, la verdad es que estoy queriendo que la evolución de los personajes fluyan natural y algo calmado, pero mas adelante ella cambiará un poco, gracias por tu apoyo...
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