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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE QUE NUNCA MURIÓ

—Alejandro está vivo.

Las palabras de Isabel quedaron suspendidas en la habitación.

Adrián no reaccionó inmediatamente.

Era como si su mente se negara a aceptar aquello que acababa de escuchar.

Su padre.

El hombre al que había llorado.

El hombre cuya desaparición había marcado su vida.

Estaba vivo.

—¿Dónde? —preguntó finalmente.

Isabel bajó la mirada.

—No lo sé.

Adrián apretó los puños.

—Acabas de decir que lo viste.

—Lo vi hace años.

—Entonces dime dónde.

—No puedo.

—¿Por qué?

Isabel levantó los ojos.

—Porque me pidió que nunca dijera dónde estaba.

Adrián soltó una risa amarga.

—Todos conocían a mi padre excepto yo.

Valeria se acercó.

—Adrián...

Él se apartó.

—No.

Ella se detuvo.

—Necesito entenderlo.

Nicolás tomó la palabra.

—Alejandro desapareció para protegerte.

Adrián lo miró.

—¿A mí?

—A ti y a Valeria.

—¿Por qué?

Nicolás señaló los documentos.

—Porque Mauricio descubrió que Alejandro estaba infiltrado.

Adrián volvió a mirar la fotografía.

Mauricio Ferrer.

El hombre del anillo.

El antiguo esposo de Isabel.

El hombre que había estado presente en la vida de todos ellos mucho antes de que Valeria comprendiera lo que estaba sucediendo.

—¿Y qué pasó con Alejandro después de aquella noche? —preguntó.

Isabel respiró profundamente.

—Se escondió.

—¿Solo?

—No.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Con quién?

Isabel la miró.

—Con tu padre.

Adrián abrió los ojos.

—¿Julián estaba vivo después del accidente?

—Durante un tiempo.

Valeria sintió que el corazón se le detenía.

—Pero mi padre murió aquella noche.

Isabel negó.

—Eso fue lo que hicieron creer.

El silencio fue absoluto.

Valeria sintió que las piernas le fallaban.

Adrián la sostuvo antes de que cayera.

—¿Qué estás diciendo?

Isabel tomó aire.

—Julián sobrevivió al disparo.

Valeria levantó la mirada.

—¿Cuánto tiempo?

—Once días.

Una lágrima recorrió el rostro de Valeria.

—Once días...

—Estuvo escondido con Alejandro.

—¿Y luego?

Isabel bajó la voz.

—Lo encontraron.

Valeria cerró los ojos.

Ahora entendía por qué tantos recuerdos estaban fragmentados.

Por qué aquella noche siempre había sentido que faltaba algo.

Su padre no había muerto inmediatamente.

Había sobrevivido.

Había tenido once días más.

Once días en los que pudo haberle dicho la verdad.

Pero no lo hizo.

—¿Por qué nadie me lo dijo?

Isabel respondió:

—Porque tú eras la razón por la que lo estaban buscando.

Nicolás agregó:

—Y porque Julián sabía que si te encontraban, utilizarían tus recuerdos para llegar al resto.

Valeria miró el libro.

—¿Qué vio mi padre?

Isabel se acercó al escritorio.

Sacó una carpeta escondida bajo unas tablas.

—Esto.

Dentro había una fotografía.

Un edificio.

Grande.

Antiguo.

En la entrada aparecía un número.

42.

Valeria frunció el ceño.

—¿Esto es 17-42-7?

Isabel asintió.

—La dirección era una trampa.

—¿Trampa?

—17 era el número del registro.

—42, el edificio.

—¿Y 7?

Isabel miró hacia el libro.

—La habitación.

Valeria comprendió.

No era una dirección.

Era un código.

17 — 42 — 7.

Registro.

Edificio.

Habitación.

Adrián observó la fotografía.

—¿Qué hay en ese edificio?

Isabel respondió:

—El archivo central de la organización.

Nicolás negó.

—Pensé que había sido destruido.

—Eso quieren que todos crean.

Valeria sintió que una extraña determinación reemplazaba el miedo.

—Entonces ahí está la última parte del libro.

Isabel la miró.

—No.

—¿Entonces qué?

—La verdad sobre todos nosotros.

Antes de que alguien pudiera responder, un ruido metálico resonó en el túnel.

Adrián levantó el arma.

—Están entrando.

Nicolás corrió hacia la puerta.

—¡Tenemos que salir!

—¿Por dónde?

—Hay otra salida.

Isabel negó.

—No.

Todos la miraron.

—¿Qué pasa?

—Si salimos por ahí, iremos directamente hacia ellos.

Adrián comprendió.

—Entonces no vamos a salir.

Valeria lo miró.

—¿Qué quieres decir?

Adrián cerró la puerta de la habitación siete.

—Vamos a dejar que entren.

Nicolás lo observó.

—¿Estás loco?

—No.

Adrián miró a Valeria.

—Estoy cansado de huir.

Ella sostuvo su mirada.

—¿Qué tienes pensado?

—Encontrar quién los está enviando.

Isabel se acercó.

—Adrián, no sabes con quién estás jugando.

—Precisamente.

Se escucharon pasos acercándose.

Uno.

Dos.

Tres.

Valeria se acercó a Adrián.

—No te separes de mí.

Él la miró.

—No pensaba hacerlo.

—Lo digo en serio.

Adrián acarició su mejilla.

—Yo también.

Sus rostros quedaron muy cerca.

Durante un instante, el peligro desapareció.

Valeria lo besó.

Fue un beso breve, pero intenso.

Como una promesa.

Cuando se separaron, Adrián apoyó su frente contra la de ella.

—Pase lo que pase...

—No —susurró Valeria—. No digas eso.

Él sonrió.

—Entonces no diré nada.

La puerta comenzó a abrirse.

Adrián se apartó.

El primer hombre entró.

Después otro.

Y otro.

Todos vestidos de negro.

Pero ninguno llevaba el anillo.

Adrián levantó el arma.

—¿Quién los envió?

Silencio.

Uno de ellos sonrió.

—No necesitas saberlo.

Adrián dio un paso.

—Sí necesito.

El hombre miró a Valeria.

—Ella es la única que importa.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

El hombre respondió:

—Porque su padre escondió algo dentro de ella.

Nicolás palideció.

—No...

Valeria lo miró.

—¿Qué significa eso?

El hombre sonrió.

—Tu padre no escondió solamente la clave en tu memoria.

Valeria dejó de respirar.

—¿Entonces qué escondió?

El hombre levantó lentamente la mano.

En su dedo había un anillo.

Pero no era negro.

Era plateado.

Con el mismo símbolo.

—Una identidad.

Isabel gritó:

—¡Valeria, corre!

Y en ese instante, las luces se apagaron.

1
Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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