Julián deja su vida humilde y su familia al reencontrarse con Valeria, su amor millonario de la infancia, que lo manipula para separarlo de Mara y sus hijos Luca y Elena. Tras mudarse a la mansión, los conflictos, los secretos y los acosos en la escuela rompen la armonía. Mara se va con los niños, y Julián queda atrapado entre dos vidas hasta que el dolor de perderlos lo obliga a elegir. Al final, se aleja de Valeria, reconstruye su familia con honestidad, y los hijos también sanan y construyen relaciones sanas y respetuosas.
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Se unieron con una mezcla de ternura y desesperación, como si ambos estuvieran intentando demostrar algo que las palabras no podían decir. Julián la aferraba con fuerza, como si ella fuera el ancla que lo mantenía a flote en medio de una tormenta que él mismo había provocado. Ella lo guiaba, le susurraba al oído lo mucho que lo amaba, lo hacía sentir deseado, poderoso, necesario en ese momento en que se sentía fracasado como esposo y como padre.
—Eres mío —le decía, mientras lo recorría con besos que lo dejaban sin aire—. Solo mío. Nadie más puede darte lo que yo te doy. Nadie más te conoce como yo. Se voltio poniéndose en cuanto.. Adelante se que quieres .. Julián solo lléname por completo.. Quiero que me tomes como antes cómo si quisieras romperme por dentro .
Julián no lo pensó mucho la penetró de una sola estocada tan profundo que hizo que Valeria diera un grito con lágrimas en los ojos. Julián la besó con desesperación y dulzura, sus lenguas se enredanban con pasión, él sin dejar de penetrarla con dureza, con movimientos rápidos, le gustaba cuando pedía más y gritaba su nombre. Cambiaron de posiciónes muchas veces, se besaban, la acariciaba tan fuerte que su piel blanca y suave se notaba su caricia y mordiscos. Estubieron toda la noche sin parar, los dos se complementaban tan bien que Julián se olvidó completamente de Mara.
A la mañana siguiente, despertó con ella abrazada a su pecho, con la luz del sol entrando por las cortinas y dándole en la cara. Se quedó mirándola un momento, con el corazón en la garganta, sintiendo de golpe el peso de lo que había pasado. Se apartó despacio, con cuidado de no despertarla, se vistió en silencio, sintiendo la ropa extraña sobre la piel.
—Tengo que buscarlos —dijo, sin mirarla, mientras se abotonaba la camisa con manos que le temblaban.
Valeria se incorporó, envolviéndose en la sábana, dejando ver solo sus hombros y su cabello desordenado.
—¿Ahora? —dijo, con voz herida, como si le hubiera dado un golpe—. Después de… después de todo lo que pasó entre nosotros. ¿Después de que te di todo lo que necesitabas?
—Esto no cambia nada, Valeria —le dijo él, aunque no estaba seguro de creérselo, aunque sus propias palabras le sonaban huecas—. Tengo que hablar con Mara. Tengo que explicarle, tengo que pedirle perdón. Tengo que arreglar lo que rompí.
—Ve entonces —le dijo ella, con una sonrisa que no llegó a sus ojos, una sonrisa que se le escapó un poco demasiado fría—. Pero recuerda cómo te tratan. Recuerda quién te valora de verdad. Recuerda quién se quedó cuando todos se fueron.
Julián se paró a su lado, indeciso, con la mano en el pomo de la puerta. Ella se acercó y lo besó. Julián dudó poco a poco corresponde al beso, y sin querer, sin poder evitarlo, la llevó de nuevo a la cama. Una y otra vez se encontraron atrapados entre las sábanas, con dureza y pasión, como si el tiempo se hubiera detenido y solo existieran ellos dos. Julián se sentía con culpa por su mujer, una culpa que le apretaba el estómago, pero no podía evitar lo que sentía en ese momento, esa atracción que nunca se había ido del todo. Sentía fuego, pasión, cómo si volviera a ser el adolescente que fué cuando la quería solo para él, cuando una caricia de ella bastaba para cambiarle el mundo. Se dio cuenta de que no la había superado del todo, de que esos sentimientos nunca se habían ido, solo se habían escondido bajo las responsabilidades, bajo la vida que había construido con Mara. Y ese descubrimiento lo aterraba tanto como lo excitaba, porque sabía que ahora, no importaba qué camino tomara, alguien iba a salir lastimado. Y esa persona probablemente era él.