NovelToon NovelToon
Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18. Después de mañana

Tres meses habían pasado sin que ocurriera nada entre James y yo.

Nada.

Y esto estaba bien ...

Él seguía cumpliendo su palabra.

Yo seguía llevando el anillo.

Y encontramos una manera de convivir con eso.

Trabajábamos.

Eso era todo.

Llegábamos temprano, discutíamos presupuestos, asistíamos a reuniones, comíamos cuando alguno recordaba que debíamos hacerlo y algunas noches seguíamos en la oficina mucho después de que todos se hubieran marchado.

Papá mejoró durante esos meses.

Primero comenzó a caminar más. Después regresaron las llamadas de trabajo que mamá intentaba prohibirle. Luego las visitas ocasionales a la empresa, siempre cortas y bajo amenaza de ser arrastrado de vuelta a casa si se excedía.

Hasta que finalmente los médicos le dieron permiso para regresar.

Mañana retomaría la presidencia.

James dejaría el cargo.

Y yo llevaba varios días intentando no pensar demasiado en lo que eso significaba.

Al ser su último día, James revisaba los últimos documentos que debía entregar a papá y yo organizaba varios informes sobre el escritorio.

Todo estaba prácticamente listo.

Cuatro meses de decisiones, cambios y problemas resumidos en carpetas perfectamente ordenadas.

—Creo que esto es lo último —dije.

James levantó la mirada.

—Falta el informe de finanzas.

—Está con Adrián.

—Entonces probablemente no volvamos a verlo.

Sonreí.

—Ha mejorado.

—Mucho.

Había algo parecido al orgullo en su voz.

No se lo diría a Adrián.

Yo tampoco.

Seguí organizando los documentos.

—Papá está emocionado.

—Lo sé.

—Mamá está aterrada.

—También lo sé.

—Dice que si intenta quedarse después de las cinco vendrá personalmente a buscarlo.

James sonrió.

—Me parece razonable.

—Tú no tendrás que lidiar con él.

—Finalmente.

Lo dijo con tanta tranquilidad que mis manos se detuvieron sobre una carpeta.

James continuó leyendo.

—¿Qué vas a hacer?-pregunté

—¿Con qué?

—Después.

Levantó los ojos.

—Después de entregar la presidencia.

—Volver a mi vida.

Era la respuesta lógica.

La que esperaba.

Aun así, algo dentro de mí se apretó.

—Claro.

Volví a los documentos.

Intenté concentrarme.

No pude.

—¿A tu rutina de antes?

James dejó el bolígrafo.

—Supongo.

Asentí.

Antes.

La palabra comenzó a molestarme.

Antes significaba reuniones familiares en las que podía verlo unos minutos.

Alguna cena.

Un evento.

Cruzarme con él en la empresa de vez en cuando.

Semanas sin verlo.

Tal vez meses.

Eso había sido normal durante cinco años.

De repente no conseguía recordar cómo lo había soportado.

—Ah.

James me observó.

—¿Ah?

—Nada.

Tomé otra carpeta.

—Preguntaba.

—Ya.

Su tono decía claramente que no me creía.

Seguí trabajando.

—Aunque primero me voy de vacaciones —añadió.

Volví a detenerme.

—¿Qué?

—Necesito descansar.

—¿Vacaciones?

James arqueó una ceja.

—Es un concepto bastante conocido.

—Sé lo que son unas vacaciones.

—No parecía.

—¿A dónde vas?

La pregunta salió demasiado rápido.

James lo notó.

—Todavía no lo decido.

—¿Cuánto tiempo?

Otra vez demasiado rápido.

James permaneció callado.

—Unas semanas.

Sentí que algo caía dentro de mí.

—¿Semanas?

—Lizzie.

—¿Cuántas?

—No sé. Tres. Tal vez cuatro.

Lo miré.

Un mes.

James podía marcharse durante un mes.

Después regresaría a su vida.

A su empresa.

A la rutina que tenía antes de que papá enfermara.

Y yo volvería a verlo de vez en cuando.

Eso era todo.

Bajé la mirada hacia los documentos.

—Está bien.

Mi voz salió extraña.

James no dijo nada.

Intenté seguir ordenando.

Las letras de la carpeta frente a mí comenzaron a verse borrosas.

Parpadeé.

No.

Qué ridículo.

Tomé otra carpeta.

Una lágrima cayó sobre el papel.

Me quedé inmóvil.

Perfecto.

La limpié rápidamente.

—Lizzie.

—No.

—Mírame.

—Estoy bien.

Otra lágrima.

Cerré los ojos.

—Dios.

Me giré, avergonzada, y me limpié el rostro con la mano.

—No sé qué me pasa.

Mentira.

Lo sabía perfectamente.

Y James también.

Escuché su silla moverse.

Sus pasos.

Se detuvo detrás de mí.

No demasiado cerca.

—Lizzie.

—No digas nada.

—No he dicho nada.

—Precisamente. Sigue así.

Escuché una pequeña exhalación que podría haber sido una risa.

Eso solo consiguió que llorara más.

—No es gracioso.

—No me estoy riendo de ti.

—Te vas de vacaciones. La gente se va de vacaciones. No sé por qué estoy llorando.

Silencio.

James sabía por qué.

Me giré.

Error.

Estaba a pocos pasos.

Lo suficientemente cerca para que pudiera ver su expresión.

La preocupación.

El cariño.

Y algo más que llevaba meses aprendiendo a reconocer incluso cuando él intentaba esconderlo.

James levantó una mano.

Por un instante pensé que tocaría mi rostro.

Sus dedos quedaron suspendidos entre nosotros.

Yo tampoco me moví.

Quería que lo hiciera.

Lo quería tanto que dolía.

Su mirada descendió hacia mi mano izquierda.

El anillo.

James bajó la mano.

Sentí otra lágrima deslizarse por mi mejilla.

—Te odio un poco —murmuré.

Una sonrisa triste apareció en su rostro.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

—Creo que sí.

Me limpié la cara.

—Cuatro meses.

James esperó.

—Llevamos cuatro meses viéndonos prácticamente todos los días.

—Sí.

—Y ahora simplemente te vas.

Su expresión cambió.

—No me estoy yendo para siempre.

—Ya sé.

—Entonces ¿qué te asusta?

Abrí la boca.

No encontré una respuesta que pudiera darle sin decir demasiado.

James la encontró por mí.

—Volver a antes.

Bajé la mirada.

Eso era exactamente.

—No quiero volver a antes.

La confesión salió tan baja que por un momento deseé que no la hubiera escuchado.

Pero James escuchaba todo.

—Lizzie...

Negué con la cabeza.

—No estoy hablando de... eso.

Los dos sabíamos qué era eso.

—Solo...

Respiré.

—Me gusta tenerte cerca.

James cerró los ojos un instante.

Aquello pareció afectarlo más que mis lágrimas.

Cuando volvió a abrirlos, había algo dolorosamente contenido en su expresión.

—A mí también me gusta estar cerca de ti.

Mi respiración se quebró.

Ninguno se movió.

Solo había unos pasos entre nosotros.

Podía recorrerlos.

Él también.

No lo hicimos.

—Podrías no irte —dije.

James me miró.

Me arrepentí inmediatamente.

—Olvídalo.

—No.

—James...

—Podría no irme.

El corazón me dio un golpe.

—Pero necesito hacerlo.

No entendí.

Debió verlo.

—¿Por qué?

James tardó en responder.

—Porque esto tampoco puede convertirse en nuestra normalidad.

Miré el anillo.

Entendí.

Durante cuatro meses habíamos fingido que aquello funcionaba.

Que trabajar juntos todos los días era sencillo.

Que podíamos estar cerca sin cruzar ninguna línea.

Y técnicamente era cierto.

No habíamos hecho nada.

Pero aquello no significaba que no estuviera ocurriendo algo.

—¿Te vas por mí?

—Me voy porque necesito vacaciones.

Lo miré mal.

James suspiró.

—Y quizá porque necesito recordar cómo era mi vida antes de verte todos los días.

Eso dolió.

—Ah.

—No era un insulto.

—Pues sonó bastante parecido.

James sonrió apenas.

Yo no pude.

Se acercó un paso.

Solo uno.

Su mano volvió a levantarse.

Esta vez llegó casi hasta mi mejilla.

Casi.

Pero no me tocó.

Cerré los ojos.

Durante un segundo deseé no llevar el anillo.

El pensamiento me asustó tanto que volví a abrirlos.

James ya había bajado la mano.

—No llores porque me voy unas semanas.

—No me digas qué hacer.

—Eso también voy a extrañarlo.

Solté una risa entre las lágrimas.

James sonrió.

Y ahí estaba otra vez.

Aquella facilidad.

Aquello que había aparecido entre nosotros durante los últimos meses sin que ninguno lo invitara.

Me limpié las últimas lágrimas.

—¿Me vas a decir dónde estarás?

—Cuando lo sepa.

—¿Vas a contestar el teléfono?

—Depende.

—James.

—Sí, Lizzie. Voy a contestarte.

Eso me tranquilizó más de lo que debería.

Volví hacia el escritorio.

Necesitaba recuperar un poco de dignidad.

James regresó a su silla.

La distancia volvió a instalarse entre nosotros.

Segura.

Correcta.

Necesaria.

Pero ya no pude concentrarme en los documentos.

Dos días después, James dejaría de ser presidente.

Poco después se marcharía.

Y cuando regresara, ya no habría ninguna razón para que nuestras vidas siguieran entrelazadas de aquella manera.

Por primera vez comprendí que quizá eso era precisamente lo que James estaba intentando arreglar.

Y yo no quería que lo arreglara.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play