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Soy La Presa De Tres Alfas

Soy La Presa De Tres Alfas

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»

El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.

Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.

Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.

La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8: BAJO EL CIELO DE TITANIO

BAJO EL CIELO DE TITANIO

El aire de la superficie no trajo alivio; trajo una helada punzada de neón, humedad y humo sintético.

Cuando la enorme compuerta de la zona industrial terminó de ceder bajo los códigos prioritarios de Pura Sangre que Kaelen y Eren introdujeron en la consola, la niebla verde del cianuro biológico apenas rozaba los talones del grupo. Salimos a un callejón oscuro en La Periferia de Arcadia, el cinturón marginal de la megaciudad donde las luces de neón comerciales parpadeaban sobre el asfalto mojado.

Nix y lo que quedaba de los Marcados se detuvieron bajo el marco de una estructura de concreto.

—Hasta aquí llega nuestro camino, Sujeto Cero —dijo Nix, cubriéndose la cicatriz del cuello con la capucha mientras la lluvia ácida comenzaba a caer en finas gotas sobre su rostro—. Nos internaremos en el Distrito Tres. El Consejo no suele patrullar abajo, pero en La Periferia hay cazadores de recompensas que matarían a su propia madre por un par de créditos.

Nix se acercó un paso a mí y me deslizó un pequeño chip de rastreo encriptado en el bolsillo del abrigo.

—Si sobrevives a esta noche... busca la frecuencia tres. Y abre los ojos, Lian. Esos tres Alfas no disparan contra el Consejo por amor a tu libertad; están peleando entre ellos para ver cuál de las tres casas se queda con la patente de tu linaje.

Sin esperar respuesta, Nix hizo una seña a su gente y el grupo de rebeldes se disipó entre las sombras de los edificios como si jamás hubieran existido.

Nos quedamos solos los cuatro en medio de la llovizna.

—Tenemos que movernos —ordenó Kaelen, ajustándose el cuello del abrigo mientras sus ojos ámbar escaneaban las azoteas en busca de francotiradores—. A dos calles hay un refugio clandestino de la red médica de Valen. Nadie hace preguntas allí si se paga en efectivo.

El refugio resultó ser una habitación estrecha en la planta alta de un antiguo hostal comercial. Paredes de concreto desnudo, una sola ventana con persianas metálicas que filtraba la luz azul y roja de los letreros de la calle, y una sola cama matrimonial en el centro.

En cuanto la puerta se cerró con un cerrojo electromagnético, el peso de los últimos dos días cayó de golpe sobre mi cuerpo.

Caminé hacia el pequeño baño de la habitación y me apoyé con ambas manos sobre el lavabo de porcelana. Me miré al espejo: las pálidas sombras bajo mis ojos violetas revelaban el desgaste, pero mi mirada seguía estando intacta. Sin embargo, al exhalar, un temblor helado me recorrió la columna vertebral. Un calor repentino, denso y punzante comenzó a emanar del centro de mi nuca.

No era celo. Tampoco era la fiebre del laboratorio.

Era el síndrome de abstinencia biológica. Al estar lejos del compuesto sintético que me inyectaban a diario, mi glándula estaba intentando autorregularse, expulsando pulsos involuntarios de un aroma a miel y azahar de sangre extraordinariamente concentrado.

La puerta del baño se abrió de golpe.

Valen entró primero, con el maletín médico en la mano y el rostro lleno de angustia. Detrás de él, Eren y Kaelen ocuparon el marco de la puerta, atrayéndose de inmediato por la ráfaga de aroma que inundó el espacio reducido.

—Lian... tu pulso está acelerado —dijo Valen, dando un paso adelante y sacando una jeringa con estabilizador neutro—. Tu glándula está sufriendo un choque bioquímico al no recibir los estabilizadores sintéticos del laboratorio. Tienes que dejarme aplicarte esto.

—Aléjate con esa aguja, Valen —siseé, apretando los bordes del lavabo mientras la respiración se me cortaba.

Eren se abrió paso a empujones, apartando a Valen con el hombro. Su aroma a cuero y tabaco chocó frontalmente con el mío, denso y cargado de un instinto territorial que casi podía palparse en el aire. Se agachó frente a mí, tomándome con fuerza por las muñecas para pegarme a su pecho.

—Mira cómo estás... —murmuró Eren con la voz rasposa, apretando el agarre sin hacerme daño, pero sin dejarme espacio para escapar—. Tu cuerpo está pidiendo a gritos algo que te calme. Deja de hacerte el fuerte por un maldito segundo.

—¡Suéltalo, Eren! —intervino Kaelen, dando un paso al frente con la mirada echando chispas y la mano en el mango de su arma—. Estás dejando que tu instinto de Pura Sangre tome el control. Si lo presionas ahora, vas a provocar una sobrecarga en su sistema.

—¿Y tú qué vas a hacer, Kaelen? ¿Vas a darle un discurso político mientras tiembla? —retó Eren, encarando al Alfa mayor sin soltar mis muñecas—. Él no necesita tus tácticas. Necesita que alguien lo sostenga antes de que se rompa.

—¡Ninguno de los dos lo está ayudando! —gritó Valen, intentando meterse entre ambos.

La tensión en el baño alcanzó un punto de ebullición. Los tres Alfas, encerrados en un espacio de tres metros cuadrados, estaban al borde de despedazarse entre sí mientras mi aroma llenaba sus pulmones, nublando su juicio y encendiendo una disputa de posesión feroz.

Reuní la última fuerza que me quedaba en las piernas y empujé a Eren hacia atrás con el pecho, liberando mis muñecas de su agarre. El impacto lo tomó por sorpresa y dio dos pasos hacia la pared del baño.

—¡Suficiente! —alcé la voz, con una frialdad tan cortante que el eco retumbó contra los azulejos húmedos.

Los tres se congelaron, mirándome.

Me erguí cuan largo era, apoyándome en el marco de la puerta para no tambalearme, pero sosteniéndoles la mirada uno a uno con el orgullo intacto.

—No soy un paciente al que tengan que sedar, Valen. No soy una presa que tengas que reclamar para calmar tu instinto, Eren. Y no soy un aliado que necesite tus órdenes, Kaelen —dije, sintiendo cómo mi aroma vibraba en el aire con una intensidad dominante—. Si mi cuerpo está cambiando, es porque por primera vez se está limpiando de las porquerías de Arcadia.

Di un paso fuera del baño, obligándolos a retroceder hacia la habitación principal.

—Si van a matarse entre ustedes para decidir quién me controla, háganlo afuera, en la lluvia —sentencié, señalando la puerta blindada del hostal—. Pero dentro de esta habitación, el único que decide quién se acerca y quién se aleja... soy yo.

Eren apretó los puños, pero no dio un paso más. Kaelen me observó en silencio, esbozando una sonrisa tenue llena de respeto tenso. Valen guardó la jeringa lentamente en su maletín, asintiendo en silencio.

El Consejo nos buscaba en las alturas de la ciudad, pero en esta pequeña habitación de La Periferia, la verdadera batalla por la jerarquía acababa de establecer sus reglas.

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Victor Cueto
excelente trama, sigueee
Victor Cueto
me encanta
BL Autor 🌈
(Sujeto Cero)
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."
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