NovelToon NovelToon
Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La fiesta de compromiso versión Thiago

Thiago

Desde donde estaba podía verla.

Y ese era el problema.

Luna Bianchi estaba a diez metros de distancia de mí, rodeada de personas, conversaciones y música, pero yo solamente podía verla a ella.

Siempre podía verla a ella.

Llevaba un vestido color crema, uno que mi madre había escogido para ella. El vestido era hermoso, aunque sabía perfectamente que Luna no quería llevarlo.

Conocía esa mirada.

La conocía demasiado bien.

Tenía una copa en la mano, pero ni siquiera había probado una gota. Sus dedos rodeaban el cristal con fuerza mientras observaba a todos con una expresión que intentaba parecer tranquila.

Pero yo sabía la verdad.

Aquellos ojos verdes, normalmente llenos de vida, estaban diciéndome exactamente lo mismo que me habían dicho durante los últimos meses.

Thiago Del Monte, voy a acabar contigo cuando todos se vayan.

Casi podía escuchar su voz.

Y, para ser sincero, una pequeña sonrisa apareció en mis labios.

Porque esa era Luna.

Mi Luna.

Aunque ella odiara que pensara así.

Llevaba aproximadamente media hora observándola desde lejos, intentando convencerme de que no debía acercarme.

No todavía.

Porque si me acercaba, probablemente me odiaría.

Y si no me acercaba, también me odiaría.

Así que estaba condenado de cualquier manera.

—¿Qué haces ahí parado? —preguntó uno de mis tíos mientras se acercaba.

—Nada.

—Llevas media hora mirando a Luna.

Lo miré.

—¿Tanto se nota?

Mi tío soltó una carcajada.

—Muchacho, podrías estar en medio de un incendio y seguirías mirando a esa mujer.

No respondí.

Porque tenía razón.

Entonces sentí una palmada en el hombro.

—Felicidades, campeón. Por fin.

Sonreí.

—Gracias.

¿Pero qué podía decirle realmente?

¿Que llevaba desde los trece años enamorado de ella?

¿Que todo comenzó mucho antes de que siquiera entendiera qué significaba estar enamorado?

¿Que el día en que cumplió doce años había cambiado algo dentro de mí?

¿Que todavía podía recordar perfectamente aquella tarde?

Luna saliendo de la casa con su traje de baño azul, el cabello mojado, riéndose mientras gritaba:

“¡Thi, mira! ¡Me tiré del trampolín!”

Yo tenía trece años.

Y recuerdo haberme quedado mirándola demasiado tiempo.

Recuerdo el corazón latiéndome demasiado rápido.

Recuerdo que mis manos estaban sudando.

Recuerdo que, cuando otro chico se acercó y le dijo que estaba bonita, tuve unas ganas enormes de empujarlo a la piscina.

Y recuerdo haber pensado algo que en aquel momento no comprendí completamente.

Estoy enamorado de ella.

Desde ese día nunca pude dejar de verla de la misma manera.

Aunque ella siguiera llamándome Thi.

Aunque siguiera abrazándome.

Aunque siguiéramos peleando por tonterías.

Aunque siguiera tratándome como su mejor amigo.

Yo ya no podía verla solamente así.

Para mí, Luna se había convertido en algo más.

Mucho más.

—¿Estás escuchando? —preguntó mi tío.

Parpadeé.

—Sí.

—Te estaba diciendo que finalmente conseguiste lo que querías.

Miré hacia Luna.

—Sí.

Lo conseguí.

Pero había una parte de esa frase que nadie conocía.

El anillo que llevaba en su mano no había aparecido de la nada.

Lo había comprado ocho meses antes.

Ocho meses.

Lo guardé durante todo ese tiempo.

Lo llevaba conmigo algunas veces.

Otras lo dejaba escondido en una caja dentro de mi habitación.

Lo sacaba.

Lo miraba.

Imaginaba cómo se vería en su mano.

Y volvía a guardarlo.

Hasta que llegó su cumpleaños.

Hasta que decidí que ya no iba a esperar.

Y entonces me arrodillé frente a ella.

Todos habían aplaudido.

Todos habían sonreído.

Todos habían pensado que estaban presenciando una propuesta romántica.

Solamente Luna sabía que no había sido una pregunta.

Había sido una decisión.

Mi decisión.

Y ella había entendido desde el primer segundo que decir que no no era realmente una opción.

Sé perfectamente lo que hice.

Sé que la amenacé.

Sé que la obligué.

Sé que la estoy perdiendo mientras intento mantenerla conmigo.

Y aun así no pude detenerme.

Porque la idea de verla con Nicolás me estaba destruyendo.

No podía soportarlo.

No podía imaginarla despertando junto a otro hombre.

No podía imaginar sus ojos mirándolo como alguna vez me miraron a mí.

No podía imaginar que otro hombre recibiera sus sonrisas, sus abrazos, sus secretos.

Así que hice lo único que se me ocurrió.

La até a mí.

Aunque sabía que ella me odiaría por hacerlo.

—¿No vas a ir con tu prometida? —preguntó mi tío.

Miré nuevamente hacia ella.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque está pensando en lanzarme a la piscina.

Mi tío soltó una carcajada.

—¿Tan mal están las cosas?

—Peor.

Me reí.

Porque ¿qué más podía hacer?

Podía contarle la verdad.

Podía decirle que llevaba años enamorado de esa mujer.

Que había esperado demasiado.

Que había cometido el error de creer que algún día ella descubriría sola mis sentimientos.

Que después había aparecido Nicolás.

Y que cuando vi la manera en que Luna lo miraba, comprendí que había esperado demasiado.

Aquella mirada que ella le daba a él era la mirada que siempre había querido recibir.

Y me dio miedo.

Mucho miedo.

Miedo de perderla.

Miedo de que finalmente eligiera a alguien.

Miedo de descubrir que yo había sido solamente su mejor amigo mientras otro hombre ocupaba el lugar que yo siempre había deseado.

Así que hice algo imperdonable.

La obligué a quedarse conmigo.

Pero aunque todos pensaran que había ganado, yo sabía que no era tan sencillo.

Porque una cosa era conseguir que Luna estuviera a mi lado.

Y otra muy diferente era conseguir que quisiera quedarse.

Y eso era lo que todavía no tenía.

Me acerqué finalmente a ella.

Cuando estuve a su lado, coloqué una mano en su cintura.

—¿Todo bien?

Me miró.

No.

Definitivamente no estaba todo bien.

—No tengo ganas de hablar.

—Esa es mi chica.

Le acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja.

Ella apartó mi mano inmediatamente.

—Luna…

—¿Te acuerdas cuando éramos mejores amigos?

La pregunta me golpeó.

Porque sí.

Me acordaba.

Me acordaba de todo.

De nuestras tardes jugando.

De nuestras peleas.

De las veces que ella se quedaba dormida en mi hombro.

De las veces que me llamaba cuando tenía miedo.

De cuando me decía que yo era su lugar seguro.

Su lugar seguro.

Y ahora yo era la razón por la que quería escapar.

—¿Te acuerdas cuando me prometiste que nunca ibas a ser como ellos? —continuó—. ¿Cuando me dijiste que nunca jugarías con mis sentimientos?

Tragué saliva.

—Sí.

—Eras mi mejor amigo y mi hermano. Tú eras mi lugar seguro. ¿En qué momento decidiste cambiar nuestra amistad por algo donde no hay amor hacia ti de mi parte?

Hermano.

Odiaba esa palabra.

La odiaba cada vez que salía de su preciosa boca.

Porque yo nunca había querido ser su hermano.

Nunca.

Yo quería ser el hombre que ella eligiera.

El hombre al que buscara cuando estuviera feliz.

El hombre al que abrazara cuando tuviera miedo.

El hombre con quien quisiera construir una familia.

—Yo no lo decidí —respondí—. Simplemente sucedió.

Ella negó con la cabeza.

—Sí lo decidiste.

—Te vi crecer.

—Y yo te vi crecer a ti.

—Te vi llorar por hombres que no te merecían.

—Y eras mi amigo.

—Lo sé.

—Entonces debiste quedarte como mi amigo.

No supe qué responder.

Porque tenía razón.

Pero aun así no me arrepentía de haberle confesado lo que sentía.

Me arrepentía de haber esperado tantos años.

—Te vi y... —respiré profundamente— no pude evitarlo.

Ella me miró con rabia.

—¿Y por eso decidiste obligarme a casarme contigo?

—Sé que me pasé de idiota.

—Eso es poco.

—Lo sé.

—No te quiero.

Cerré los ojos durante un segundo.

Dolía.

Cada vez que lo decía, dolía.

Pero prefería ese dolor a imaginar una vida sin ella.

—Pero tú tampoco querrías andar con alguien que ni siquiera es digno de pisar el suelo que tú ya pisaste.

—Pero yo no me quiero casar contigo.

La miré directamente.

—Todavía.

Ella soltó una risa sin humor.

—Eres insoportable.

—Y tú me has dicho varias veces que me odias.

Me acerqué a su oído.

—Pero si me odiaras como dices, no me habrías dejado ponerte ese anillo.

—No tenía otra opción.

Aquella respuesta me dejó en silencio.

Porque era verdad.

No tenía otra opción.

Yo se la había quitado.

Y aunque una parte de mí intentaba justificarlo diciendo que lo hacía por amor, otra parte sabía que no era suficiente.

Amar a alguien no te daba derecho a decidir por esa persona.

Pero yo había decidido hacerlo de todos modos.

Porque tenía miedo.

Y el miedo podía convertir incluso al hombre que alguna vez fue su mejor amigo en alguien que ella ya no reconocía.

Antes de que pudiera decir algo más, escuché la voz de mi padre.

—Familia y amigos, gracias por acompañarnos esta noche para celebrar el compromiso de mi hijo y Luna. Dos jovencitos que crecieron juntos...

Todos comenzaron a acercarse al escenario.

—¡De mejores amigos a almas gemelas! —terminó mi padre.

Los aplausos llenaron el jardín.

Miré a Luna.

Ella parecía querer desaparecer.

Mi padre continuó hablando.

Después fue el turno de Gabriel, el padre de Luna.

—Estoy feliz por mi princesa. Cuando Thiago me pidió la mano de mi hija, me sentí tranquilo. Es un buen muchacho, digno de mi princesa.

Bajé la mirada durante un instante.

Si él supiera todo lo que había hecho para llegar hasta aquí.

Entonces Gabriel sonrió.

—Thiago, princesa, queremos que digan unas palabras.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Subí al escenario.

Luna caminó a mi lado.

Cuando llegamos al centro, la miré.

Por un segundo olvidé que había cientos de personas observándonos.

Solo estaba ella.

Luna.

La niña del vestido rojo.

La niña de las dos coletas mal hechas.

La niña que se escondía debajo de las mesas porque se aburría de las reuniones de nuestros padres.

Mi mejor amiga.

Mi primer amor.

Mi obsesión.

Mi futura esposa.

Tomé el micrófono.

—No estaba preparado para esto —comencé—, pero cuando conocí a esta hermosa chica con un vestido rojo y dos coletas mal hechas, supe que ella era única.

Algunos invitados rieron.

Yo sonreí.

—En aquel momento no sabía qué significaba querer a alguien de esa manera. Solo sabía que quería estar cerca de ella. Quería jugar con ella. Quería verla sonreír.

Miré a Luna.

—Y pasaron los años.

Mi voz se volvió más seria.

—Nunca pensé que terminaría enamorándome de ella. Pero sucedió.

Eso era verdad.

Completamente verdad.

—Cuando finalmente aceptó ser mi novia, seis meses después comprendí que ya no quería verla solamente como mi novia.

Hice una pausa.

—Quería que fuera mi prometida.

Miré el anillo en su mano.

—Después quise que fuera mi esposa.

Los invitados sonrieron.

—Y algún día quiero que sea la madre de mis hijos.

La última parte provocó aplausos.

Luna permaneció en silencio.

Yo sabía que algunas partes de mi discurso eran verdad.

Y otras eran mentira.

Porque no podía decirles a todos que Luna no había aceptado libremente.

No podía decirles que la sonrisa que llevaba aquella noche era falsa.

No podía contarles que, probablemente, mientras todos brindaban por nosotros, ella estaba planeando cómo escapar de mí.

Pero la mayor parte de mis palabras sí era verdad.

Yo la amaba.

La había amado durante once años.

Y estaba dispuesto a soportar su odio si eso significaba que ella seguía a mi lado.

Quizá era egoísta.

Quizá era imperdonable.

Pero esa era mi verdad.

Todos nos miraron.

Pero yo solamente la miré a ella.

Observé el anillo en su mano.

El anillo que no quería.

El vestido que ella no había escogido.

La fiesta que probablemente odiaba.

Y aun así, para mí, Luna Bianchi seguía siendo la mujer más hermosa que había visto en toda mi vida.

No importaba que me mirara con odio.

No importaba que quisiera arrancarse aquel anillo.

No importaba que todavía amara a otro.

Estaba ahí.

Conmigo.

Frente a todos.

Cuando nos entregaron las copas, levanté la mía.

Luna hizo lo mismo.

—Por las almas gemelas —dijeron algunos invitados.

Ella sonrió.

Yo sabía que era una sonrisa falsa.

Pero aun así me pareció hermosa.

Chocamos nuestras copas.

Clin.

Y por primera vez en toda la noche, dejé de pensar en su odio.

Porque después de once años, finalmente estaba exactamente donde siempre había querido estar.

Frente a todos.

A su lado.

Como su prometido.

Como el hombre que algún día sería su esposo.

La miré una última vez antes de beber.

Sabía que ella no me amaba.

Sabía que estaba ahí a la fuerza.

Sabía que nuestra amistad estaba prácticamente destruida.

Pero también sabía algo más.

No quería perderla.

Aunque para conservarla tuviera que enfrentar cada día su odio.

Aunque tuviera que esperar años.

Aunque tuviera que escuchar mil veces que no me amaba.

Prefería que me odiara a verla lejos de mí.

Porque para mí, aquella noche no era solamente una fiesta de compromiso.

Era la culminación de once años esperando.

Once años callando.

Once años amándola en silencio.

Y aunque sabía que había conseguido aquel lugar de la peor manera posible, no podía negar lo que sentía.

Por primera vez, Luna Bianchi era oficialmente mi prometida.

Y aunque ella todavía no lo supiera...

yo pensaba luchar hasta el último día para que algún día dejara de verme como su peor error y volviera a verme como aquel niño que una vez llamó su lugar seguro.

Aunque en el fondo sabía que quizá había sido yo mismo quien había destruido ese lugar para siempre.

1
Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play