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Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Juego de roles / Completas
Popularitas:148k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Cap 13: El enemigo de mi enemigo

Un mes después de mi boda cancelada, tuve que ver a Sebastián Girón otra vez.

No fue elección mía. La Cámara de Comercio de Santa Aurelia organizaba su cena anual de fin de trimestre, un evento obligatorio para cualquier empresa del sector farmacéutico con aspiraciones de existir el año siguiente. Grupo Valdés era patrocinador principal. El Instituto de Montero tenía un espacio de exhibición. Y Sebastián Girón, contra toda lógica y dignidad, también estaba ahí.

Lo vi antes de que él me viera. Estaba junto a la barra, con un traje que le quedaba grande, había perdido peso, y esa mirada de perro abandonado que los hombres ponen cuando quieren dar lástima sin pedirla.

Paz no estaba con él. Pero la ausencia de Paz era casi más visible que su presencia: todo el mundo en la sala sabía quién era, qué hizo y por qué Sebastián Girón se presentó solo a un evento social por primera vez en tres años.

—Se ve terrible —dijo Montero a mi lado, mirando en la misma dirección. No con crueldad, sino con la observación clínica de alguien que constata un hecho.

—No me importa cómo se ve.

—No dije que te importara. Solo señalé un dato.

Caminamos juntos hacia el área de exhibición del instituto. Montero llevaba un traje negro sin corbata, la única concesión a la informalidad que le había visto hacer, y caminaba con esa economía de movimientos que lo hacía parecer más grande de lo que era. A nuestro alrededor, la gente se apartaba sin darse cuenta, como peces abriendo paso a un tiburón.

Yo llevaba un vestido azul oscuro, sobrio, profesional, sin la declaración de guerra que fue el rojo de la boda. Esta noche no necesitaba armas. Solo necesitaba estar ahí y dejar que mi presencia hiciera el trabajo.

Y funcionó. A los diez minutos, tres directores de laboratorio se acercaron a saludarme. A los veinte, un inversor de Puerto Dorado me pidió una reunión para hablar de posibles alianzas con Grupo Valdés. A la media hora, un periodista del suplemento de negocios me preguntó si podía hacerme una entrevista para la edición del domingo.

Yo era noticia. No por la boda, o no solo por la boda. Era noticia porque la hija de Ricardo Valdés estaba trabajando con Damián Montero, y eso significaba que algo importante estaba por salir del instituto.

Sebastián me vio a las nueve. Lo supe por el reflejo en la copa de vino que estaba sosteniendo: vi cómo su cara cambiaba al localizarme al otro lado del salón. Vaciló. Se alisó la corbata. Empezó a caminar hacia mí.

Lo dejé acercarse hasta cinco metros. Después, como si lo hubiera calculado con la precisión de una reacción química, Montero dio un paso a su izquierda y se interpuso entre nosotros sin parecer que lo hacía a propósito.

—Señor Girón —dijo Montero con el tono de alguien que identifica una mancha en el piso—. La doctora Valdés tiene la agenda completa esta noche. Si necesita comunicarse con ella, puede escribir a la oficina legal del instituto. Atendemos consultas de lunes a viernes, de nueve a cinco.

Sebastián se quedó inmóvil. Abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir. Parecía un pez fuera del agua.

—Yo solo quería...

—Entendido. Lunes a viernes, nueve a cinco. Buenas noches.

Montero se volvió hacia mí como si Sebastián hubiera dejado de existir. Me ofreció una copa de agua con la naturalidad de un camarero de cinco estrellas.

—Gracias —dije.

—Es agua, Valdés. No hace falta agradecer.

Pero ambos sabíamos que no le estaba agradeciendo por el agua.

Sebastián no intentó acercarse de nuevo. Se quedó el resto de la noche en un rincón de la barra, bebiendo solo, mirándome de vez en cuando con esa expresión de hombre que recién entiende lo que perdió cuando ya no puede recuperarlo.

Lo ignoré. No con esfuerzo, sino con la facilidad que da el desinterés auténtico. Sebastián Girón era un capítulo cerrado. Un expediente archivado. El hombre que me mintió durante tres años ahora era un tipo triste en una barra bebiendo vino barato mientras yo discutía resultados de investigación con el científico más brillante del país.

Cuando nos fuimos, juntos, en el auto del instituto, porque Montero insistió en que era «más eficiente» compartir el transporte, Sebastián seguía en la barra. Solo.

Lo que no vi esa noche fue lo que pasó después.

Lo supe días más tarde, por el informe de Bravo y por las llamadas cruzadas que Rodrigo interceptó. Pero puedo reconstruirlo:

Sebastián volvió a su departamento a las once de la noche. El lugar olía a comida recalentada y a pañales, Paz, con seis meses de embarazo, lo esperaba en el sofá con la televisión encendida y una expresión que mezclaba aburrimiento con resentimiento.

—¿Dónde estabas?

—En la cena de la Cámara.

—¿Conseguiste algo?

—No.

—¿Viste a Alegra?

Silencio. El tipo de silencio que confirma lo que la otra persona ya sospecha.

Paz se levantó del sofá con la dificultad de una mujer en su sexto mes.

—Sebas, llevamos tres meses viviendo en este departamento de cuarenta metros cuadrados. No tenemos ahorros. Tu empresa está en quiebra. Mi familia no me habla desde la boda. Y tú sigues yendo a eventos donde ella está, esperando que te mire, en vez de buscar una solución.

—¿Y cuál es tu solución, Paz? ¿Vender la ropa de diseñador que te compré con dinero que no tengo?

La pelea escaló. Gritos. Platos. El vecino golpeando la pared. El tipo de escena que se repite cada noche en un departamento donde dos personas están atrapadas juntas sin amor, sin dinero y sin salida.

Y en algún momento de esa noche, cuando Sebastián se quedó dormido en el sofá, Paz agarró su teléfono y marcó un número.

—Necesito hablar contigo —dijo en voz baja—. Tengo información sobre Alegra Valdés. Sobre su familia. Algo que puede destruirla. Pero necesito que me ayudes a salir de aquí.

Al otro lado de la línea, una voz respondió con calma:

—¿Qué tipo de información?

—Su padre tiene una amante. Y una hija secreta. Y yo tengo pruebas.

Silencio. Tres segundos.

—Bien.

La voz era femenina. Familiar. Tenía el tono de alguien que lleva semanas esperando exactamente esta llamada.

Paz no sabía quién era. No sabía que al otro lado de esa línea, la persona que acababa de decir «bien» estaba sentada en un departamento que yo misma le conseguí, tomando té en una taza que yo misma le regalé.

Violeta Cortés colgó el teléfono. Miró el techo del departamento seguro, el que Alegra Valdés, su «mejor amiga», había conseguido para protegerla de un novio violento que no existía. Se permitió una sonrisa.

Las piezas estaban cayendo en su lugar. La información sobre Ricardo Valdés era exactamente lo que necesitaba. No para destruir a Alegra, al menos no todavía. Sino para tener algo que ofrecerle a la persona que realmente estaba detrás de todo esto. La persona que Vi conocía solo como «J» y que, por razones que todavía no entendía del todo, quería acceso a los secretos de la familia Valdés.

Afuera, la noche de Santa Aurelia brillaba indiferente. Los secretos de unos eran las armas de otros. Y en esta ciudad, todo el mundo estaba armado.

Continuará...

1
Rosanna Valdez Gutierrez
Autora recuerda que al inicio decían que tenían una relación antes de casarse y que el mismo año en que se casó retomó su relación manteniendo la mentira por 30 años
Rosanna Valdez Gutierrez
La historia está super interesante, pero querida autora, sería recomendable que revise las fechas y los años de los personajes, ya que Rubí tiene 3 edades diferentes y eso afecta la cronología de como sucedieron los hechos, no es a modo de crítica destructiva, es para que la historia tenga la milla extra de la excelencia.
Alba Dany Marroquin
por que pregunto la hipnotista por Rubi si esa chica es hermana de.ella no de el?
Alba Dany Marroquin
Rubi ? la de 18 años enfermera hija de su padre con la amante? ME CONFUNDES
Alba Dany Marroquin
como pasó Rubí de 18 años y enfermera a una niña.de.8 años???
Alicia Rodríguez
escritora que pena seguir insistiendo en las edades de los hijos de Nieves ya que dice que hace veinte años que se casó entonces Roberto que es el hijo mayor tendría unos 19años
Marilu Garcia
estimada aurora posiblemente este escribiendo 2 novelas a la vez de ahí la confusión en las edades 😑😑😑
Sylvia Iusin Borensztejn
Escribiste muy bien y tenes que ser más coherente con los personajes, si es epidemioooho no es abogado
si la hermana tiene 23 años no tiene 8.
Capaz que alguien lo puede leer antes de que lo publiques para ver estas contradicciones.
Gracias pir escribir
PD Si alguien muere en una epidemia el cadáver se trata como contaminado, no se expone a personas a ese cadáver.
Alicia Rodríguez
la historia esta muy interesante pero lo que no entiendo son las edades de cada uno de los hijos ya que tienen veinte años de casados y no mas aleria tiene más de veinte y la niña de la otra mujer nació dos años después del matrimonio entonces cuántos años tienen los hijos del matrimonio si son mayores que Alegra
Sylvia Iusin Borensztejn
rdzdz9dd7d7
Nancy Castro Castillo
demasiados vacíos, cambio en los personajes, en las edades, en los parentescos, en las profesiones
María de jesus Zepeda: así es bonita historia pero demasiadas notas cambiadas que al momento de leer cambian los datos , pero bonita historia..
total 1 replies
Nancy Castro Castillo
a qué horas Hugo llegó a los 63, y ahora los hijos del general resultaron nietos, pues con ese montón de años que le puso, 85
Nancy Castro Castillo
No Dios que locura, ahora Rodrigo resultó ser sobrino de la mamá, antes era hijo de Nieves.
Nancy Castro Castillo
ahora dizque Ignacio y Gabriel son hijos de Paloma, Ignacio era la mano derecha de Damián y Gabriel hermano de Alegra, que locura con la escritora, será que la cápsula le borro a ella los recuerdos 🤭🤭🤭
Nancy Castro Castillo
cuáles tres hijos de Paloma, acaso no era solo Damián?
Alicia Rodríguez
quien será j que tendrá que ver con la familia de Alegra?
Nancy Castro Castillo
ahora dizque la herida de Damián es en la mano porque golpeó una mesa, y antes era en la espalda porque alguien lo hirió
Adriana Elvi Hadeler
Es inconsistente primero dormían en habitaciones separadas después ya habían compartido la cama 🥴😵‍💫
Adriana Elvi Hadeler
muchísimas lagunas se alarga con detalles y frases físicas o químicas y partes importantes como los 8 años de Rubí que primero la iba a hacer trabajar en la empresa y después se achicó, la muerte de Paloma, . . . 🙁🤨🧐🤯. . . relato sumamente insistente en muchos aspectos
Ya me aburrió
nalisima
Irene Aranda
los primeros 80-90 capitulos muy bien, despues se le ha ido la olla a la autora, cambia personajes, hace que mueran mucho tiempo atras y luego vuelven a estar vivos, les cambia la profesion y ahora hasta de familia
conforme sigo leyendo cada vez es peor, cada vez mas cambios, dejo de leerla, no la pienso ni acabar, esta "autora" no se merece que le de mas tiempo, es una verguenza la poca profesionalidad que ha demostrado y la nula dedicacion a su trabajo, por no hablar del respeto hacia los lectores
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