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Lo Que La Culpa No Restaura

Lo Que La Culpa No Restaura

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Romance
Popularitas:293
Nilai: 5
nombre de autor: yangmi_pushia

Cuando U-jin partió al extranjero para convertirse en una abogada impecable y Jeong decidió quedarse a construir desde cero su sueño entre harinas y hornos, ambas creyeron que el tiempo se encargaría de diluir lo que sentían. Durante años, sus vidas transcurrieron en universos paralelos: U-jin conquistando el exigente mundo de las leyes con elegancia y determinación; Jeong convirtiendo su pequeña pasión en la cafetería y repostería más aclamada de la ciudad, mientras intentaba descifrar un vacío en su corazón que ningún éxito lograba llenar.

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Pesan tús palabras

El trayecto hacia la costa fue un espacio de silencio en el que Jeong ordenó sus pensamientos. Al llegar al imponente hotel de la bahía donde se celebraba la convención corporativa, la repostera esperó con paciencia en el vestíbulo. Vestía una chaqueta de corte impecable y sostenía en sus manos la pequeña caja de repostería que había preparado con tanta devoción.

Al caer la tarde, las puertas del salón principal se abrieron. U-jin apareció entre la multitud de abogados y ejecutivos, luciendo un elegante traje sastre pero con una palidez que delataba semanas de cansancio. Mientras caminaba conversando con un grupo de socios, su mirada cruzó el vestíbulo y se congeló al instante.

Allí, erguida entre la multitud, estaba Jeong.

Un frío helado le recorrió la espalda a U-jin. El pánico a que sus colegas notaran la presencia de Jeong o hicieran alguna pregunta incómoda la hizo reaccionar por instinto. Despidiéndose torpemente de sus superiores con una excusa improvisada, caminó con prisa hacia la repostera, tomándola del brazo para guiarla de inmediato hacia una terraza apartada cerca de los jardines, lejos de las miradas del bufete.

Afortunadamente, ningún colega las notó. El peligro de ser descubiertas pasó de largo, pero la tensión en el ambiente se volvió asfixiante.

—¿Qué haces aquí, Jeong? —preguntó U-jin en voz baja, ajustándose el saco y mirando frenéticamente a su alrededor con una mezcla de angustia y frialdad defensiva—. Te dije que no tenía tiempo. No deberías haber venido.

Jeong la observó en silencio, manteniendo la compostura y esa presencia sobria y protectora que la caracterizaba. Despacio, le extendió la caja de postre.

—Tu abuela me dijo dónde estabas —respondió Jeong con su voz grave y pausada—. No vine a causarte problemas ni a arruinar tu evento. Solo vine porque sé que no estás bien, U-jin. Te estás escondiendo detrás de ese trabajo y estás dejando que el miedo te consuma.

U-jin apretó los labios, sintiendo cómo el remordimiento le quemaba las entrañas. La sola presencia de Jeong, tan noble, serena y dispuesta a cruzar kilómetros por ella, hacía que las horribles palabras que pronunció en aquella cena sonaran aún más crueles e imperdonables en su memoria. La culpa la aplastaba; sentía que no merecía ni un solo gesto de amabilidad por parte de la repostera.

—No me conoces, Jeong —mintió U-jin, dando un paso atrás y rechazando la caja con una rigidez dolorosa—. Nadie me está obligando a nada. Este es el mundo al que pertenezco y las decisiones que tomo son para proteger mi vida profesional. No necesito que vengas a salvarme ni a traer de regreso el pasado.

Jeong bajó la mano con el postre, sintiendo una punzada de tristeza al ver el muro inexpugnable que U-jin insistía en levantar. La abogada ni siquiera podía sostenerle la mirada por más de tres segundos, traicionada por el leve temblor de sus manos.

—No busco salvarte, U-jin. Solo quería asegurarme de que fuera tu voz real la que tomara esa decisión, y no el miedo —dijo Jeong con una amargura contenida pero respetuosa—. No te molestaré más durante tu viaje.

Jeong dio media vuelta y caminó hacia la salida de los jardines, dejando la caja de repostería sobre una mesa de teca. U-jin se quedó sola en la terraza. Con el pulso acelerado y las lágrimas agolpándose en sus ojos, contempló el empaque abandonado. La distancia entre ellas no se había acortado; al contrario, el remordimiento y la vergüenza de su propia cobardía la dejaron más hundida en la soledad que nunca.

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Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
yangmi: Hola 🤭, gracias por estar leyendo ☺️
total 1 replies
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