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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:701
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 — La Caída

Los días pasaron.

Y la presencia de Selena se volvió cada vez más constante.

Ayla intentaba ignorarla.

Intentaba creer que todo estaba solo en su cabeza.

Pero era difícil.

Los cinco herederos parecían girar alrededor de la nueva omega.

Kael la acompañaba durante las comidas.

Darius insistía en entrenarla.

Rowan pasaba horas conversando con ella en la biblioteca.

Lucien se ocupaba de cualquier pequeña herida que apareciera.

Finn prácticamente no se apartaba de su lado.

Era extraño.

Muy extraño.

Aun así, Ayla seguía tratando a Selena con amabilidad.

Lo que ella no sabía era que la otra chica ya había elegido su blanco.

Esa mañana, la arena de la manada estaba llena.

Los lobos jóvenes participaban en un entrenamiento colectivo.

Kael supervisaba los grupos.

Como futuro Alfa, esa responsabilidad ya formaba parte de su rutina.

Ayla entrenaba con espada de madera contra algunos guerreros más jóvenes.

Su desempeño llamaba la atención.

Era rápida.

Precisa.

Los cinco herederos habían pasado años exigiéndole lo mejor de sí.

—Has mejorado —comentó Lucien.

—Ustedes nunca me dieron opción.

Lucien esbozó una sonrisa.

Por un segundo, todo pareció normal.

Como antes.

Pero entonces Selena entró en la arena.

Los cinco miraron en la misma dirección.

Ayla lo notó.

Y su corazón se hundió un poco más.

Selena llevaba una bandeja con botellas de agua.

—Traje bebidas para todos.

Varios guerreros se lo agradecieron.

La joven caminó por el campo repartiendo las botellas mientras recibía elogios y sonrisas.

Ayla volvió al entrenamiento.

No quería pensar en eso.

No quería que le importara.

Cuando la actividad terminó, caminó hacia el soporte donde se guardaban las armas de entrenamiento.

Fue en ese momento que Selena apareció.

—Ayla.

La protagonista se volteó.

—¿Sí?

—Quería hablar.

Ayla asintió.

—¿Sobre qué?

Selena bajó los ojos.

—Creo que empezamos de la forma equivocada.

Ayla se sorprendió.

—Yo también lo creo.

—¿Entonces podemos ser amigas?

La petición parecía sincera.

Ayla se relajó un poco.

Tal vez había juzgado mal la situación.

Tal vez todo era en verdad un malentendido.

—Claro.

Una sonrisa apareció en el rostro de Selena.

Pero algo en esa sonrisa le provocó a Ayla un escalofrío.

Un segundo después, todo pasó rápido.

Selena soltó un grito.

Su cuerpo salió despedido hacia atrás.

Cayó al suelo con violencia.

La bandeja que llevaba voló por los aires.

Las botellas se esparcieron por la arena.

El silencio se apoderó del lugar.

Ayla se quedó paralizada.

Porque ella no había tocado a Selena.

Ni siquiera se había acercado a ella.

—¡Selena!

Finn fue el primero en correr.

Enseguida aparecieron los demás.

La joven empezó a llorar.

Las lágrimas corrían libremente por su rostro.

—Yo... yo solo quería hablar...

Su voz se quebró.

—No entiendo por qué me odia tanto...

Ayla sintió que el estómago se le hundía.

—¿Qué?

Todas las miradas se volvieron hacia ella.

—Yo no hice nada.

—¡Te vimos! —gritó Darius.

—No, no me vieron.

—¡Selena estaba parada frente a ti! —respondió Rowan.

—¡Porque vino a hablar conmigo!

Kael se acercó.

Su rostro estaba cerrado.

Frío.

—¿La empujaste?

—No.

—Ayla...

—No empujé a nadie.

Selena intentó levantarse.

Pero fingió perder el equilibrio.

Lucien la sostuvo de inmediato.

—Con cuidado.

La chica apoyó la cabeza en su hombro.

—Perdón...

—No tienes que pedir perdón —respondió Finn.

Ayla observaba aquella escena sin poder creerlo.

Todo parecía absurdo.

Era tan obvio.

Tan claramente montado.

¿Entonces por qué nadie lo notaba?

—¿De verdad creen en esto?

Su mirada recorrió a los cinco.

Ninguno respondió.

La respuesta estaba grabada en sus rostros.

Le creían.

Todos ellos.

Hasta Lucien.

Ese fue el golpe más doloroso.

—Yo jamás haría algo así.

Kael cruzó los brazos.

—¿Entonces estás diciendo que Selena mintió?

—Sí.

La palabra salió sin vacilar.

Selena empezó a llorar aún más.

—Lo sabía...

—¿Qué sabías? —preguntó Finn.

—Que ella nunca me aceptaría aquí.

Ayla cerró los ojos por un instante.

Aquello era ridículo.

Pero estaba funcionando.

Magnus siempre decía que una mentira repetida muchas veces terminaba pareciendo verdad.

Y Selena estaba construyendo su mentira a la perfección.

—Basta —dijo Kael.

Ayla volvió a encararlo.

—¿Qué?

—Vas a pedir perdón.

Ella se quedó inmóvil.

—No.

—Ayla.

—No voy a pedir perdón por algo que no hice.

Los guerreros alrededor empezaron a cuchichear.

La situación se volvía cada vez más incómoda.

Kael dio un paso al frente.

—Tu orgullo está pasando de los límites.

Aquello dolió.

Mucho más de lo que debería.

Porque durante años Kael había sido su mayor defensor.

Ahora le hablaba como si fuera una criminal.

—Sabes quién soy.

—Sé exactamente quién eres.

Su respuesta fue como una hoja afilada.

—Entonces deberías saber que no estoy mintiendo.

—Y tú deberías aprender a asumir tus errores.

El silencio cayó sobre la arena.

Ayla sintió decenas de ojos observando cada una de sus reacciones.

Su rostro ardía.

No de vergüenza.

Sino de decepción.

No respondió.

No había nada más que decir.

Se dio la vuelta y empezó a caminar.

—¡Ayla! —la llamó Lucien.

Ella siguió andando.

—¡Ayla!

Esta vez no se detuvo.

Porque finalmente estaba entendiendo una verdad dolorosa.

No importaba lo que dijera.

No importaba lo que hiciera.

Mientras Selena estuviera cerca...

Los cinco siempre elegirían creerle a ella.

Y aquello era apenas el comienzo.

Detrás de ella, escondida en los brazos de Finn, Selena observó su partida.

Y una sonrisa casi imperceptible surgió en sus labios.

El primer golpe había sido un éxito.

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